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Consciencia de resurrección

I. Más allá de toda elección


La resurrección es un estado de consciencia que se puede alcanzar. También lo es el miedo, o la culpabilidad. Esto no es exactamente lo mismo que decirte que el amor es un estado de consciencia alcanzable. Ampliaremos este conocimiento.


Decirte que eligieras solo el amor, y haber hecho esa elección de modo consciente, fue lo primero que necesitamos hacer para desencajarte de tu sistema de creencias y experiencias, la idea de la impotencia ante la vida.


Una vez que estuviste preparada para reivindicar tu derecho y capacidad de elección, y pusiste esta potencia al servicio de la revelación de la verdad de lo que eres, se realizó un cambio de consciencia cuya magnitud y grandeza no eres ni siquiera capaz de imaginar. Muy literalmente hablando, abandonaste para siempre al ego, y permitiste que Cristo brillara en toda su realidad como el ser que siempre has sido y que por siempre serás en verdad. Abandonaste la ignorancia y abrazaste la sabiduría. Dejaste atrás al miedo, y te lanzaste a los brazos del amor, de donde nunca más saldrás.


Tal vez una parte de tu mente dude acerca de la veracidad y grandeza de la afirmación que acabamos de hacer. Si ese fuera el caso, escucha lo que tengo para decirte por amor.

Has creído, y con ello te has encaminado en dirección a la verdad, que ha habido una suerte de elección del alma. Y que como fruto de ello, fabricó para sí misma una pseudorealidad ajena al plan de Dios, abriendo así las puertas para que se manifestasen incontables formas de miedo. Todo lo cual surgió como efecto del deseo de experimentar – e incluso crear – el opuesto al amor. De allí nació lo que llamas la dolorosa experiencia del mundo, con todos sus matices.


La experiencia de separación fue tan abrumadora y traumática para el alma, que quedó como sumergida en ella. Su mente se centró en los aspectos de la culpabilidad. Esto no es algo que debiera sorprenderte. Ya has observado la tendencia de la mente separada a “hincar sus dientes”, por decirlo de algún modo, en aquello que cree que es un problema o conflicto. Hace eso porque considera que de esa manera puede comprender, y así dominar, el aparente problema. Y dado que ha estado utilizando, desde tiempos inmemoriales, al control como un mecanismo elocuente para lidiar con el miedo, también buscó controlar los efectos de la experiencia de separación. Ha hecho esto, entendiendo las cosas a su modo y según su manera de concebir la realidad.


Utilizar la mente para dejarla “hincada” o “encajada” en los efectos de la consciencia de miedo ha sido el camino de la humanidad hasta ahora. No solo entre tú y tus hermanas y hermanos, sino en toda la creación. Hasta hace poco tiempo, podemos decir que el estado de consciencia universal no permitía mucho más que eso. No estabas lista para ir allende el miedo hacia la resurrección o recreación de la vida. Elegiste al amor. Sí. Eso es verdad. Y con ello has traído el cielo a la tierra. Pero la mente pensante necesita más que eso para reposar en paz. Esto se debe a que el conocimiento debe ser integrado a tu humanidad. Esta obra viene a ti precisamente para ello.


II. Vivir como el resucitado


Podemos decir que el propósito de esta revelación es integrar en tu humanidad la totalidad de los contenidos y realidades de la opción fundamental por el amor que has hecho. Dicho de otro modo, es la manifestación en la forma de la plena aceptación de la resurrección en tu vida, y en toda la creación.


Permíteme, hija de la sabiduría eterna, utilizar ahora un lenguaje práctico para saciar las ansias de la mente pensante. No sin antes recordarte una vez más cuánto te amo y cuán hermosa eres a los ojos de Dios y de los ángeles. ¡Oh, santas almas que han hecho la opción por el amor! Si conocierais la belleza de vuestro ser y la grandeza de lo que sois en verdad, cantaríais alegremente todos los días de vuestras vidas. Entonaríais melodiosos cánticos de alabanza y gratitud al amor de los amores, por haberos llamado a la existencia. A vosotras, y a cada aspecto de la creación santa.


Cuando la idea de la separación se unió a la voluntad del alma de que se hiciera realidad, se manifestó la consciencia totalmente miedosa o ego, y con ello se distorsionó la realidad divina en la mente y el corazón. Eso creó un estado de experiencia, aunque no de consciencia, particular, del cual ya se ha hablado mucho. Por ende, no nos extenderemos aquí.


Iremos ahora allende el conocimiento de los efectos de la separación, y sus consecuencias en el alma, en tanto experiencia. Diremos entonces lo siguiente. En el instante de la negación del ser, o separación, además de haberse manifestado la culpabilidad, o estado de consciencia del opuesto al amor, y con ello el mundo fenomenológico de los inicios y finales, nacimientos y muertes, y del dolor, también se manifestó la recreación del universo. Todo se realizó en simultáneo. Dado que ahora este conocimiento - o recuerdo de la verdad – ha despertado en tu consciencia particular, estás lista para que despliegue ante ti un continuo que te permita comprender la historia de la creación de modo sencillo.



Cuando Dios dijo “hágase”, nació su perfecta creación. Con ello, también el paraíso creado, como regalo santísimo para el alma. Luego, y este luego no es literal ya que todo fue en simultáneo, sobreviene la búsqueda del alma de separarse de Dios para conocerse a sí misma por el camino de los opuestos, o dualidad. Al unísono con ello, deviene la manifestación de la encarnación de Cristo en esa realidad dual. En unión con ello, se manifiesta la resurrección, que es la recreación de la experiencia del alma y de todas las cosas en una nueva creación perfecta, surgida de la unidad del amor divino y la voluntad humana, toda reunida en Cristo.


III. El jardín de la resurrección


El efecto de la resurrección es la existencia de un nuevo cielo y una nueva tierra en la que todo resplandece en la verdad, tal como fue concebido desde siempre en el plan de Dios, y tal como está impreso en tu corazón, puesto que anhelas vivir en unión con tu fuente, gozar para siempre de la dicha sin fin, y descansar serenamente en los brazos del amor todos los días de tu existencia. Este profundo deseo de tu corazón es un eco de la voluntad indivisa de Dios y tu ser, de permanecer eternamente y de modo consciente en al reino de los cielos, el cual fue creado en el mismísimo instante en que fuiste creada por el amor perfecto.


¿Puedes comenzar a ver la conexión que hay entre los puntos que aquí se revelan? Haberse pasado años, siglos o milenios, centrados en comprender la realidad que había surgido como efecto de la culpa, es parte del patrón del pasado. Fue necesario, como todo lo que acontece en la creación, ya que Dios no hace nada en vano, su creación santa tampoco. Aun así, lo que servía en el pasado, no necesariamente ha de servir en el presente ni en el porvenir.


No estamos viviendo en la era de la razón, sino en la del corazón. Por lo tanto, la verdad le será revelada a cada alma del modo en que ella pueda comprender. No será algo que deba intelectualizarse o alcanzarse por medio del estudio. Será como lo es en el nuevo reino terrenal. Su luz se derramará sobre cada ser de modo natural y sin esfuerzo alguno. Será una expresión viva del ser, tal como un rayo de sol lo es del sol.


Dejar atrás el hábito de focalizar tu atención en la parte, y comenzar a invertir en consciencia, es decir, prestarle atención a la totalidad, es lo que hará que vayas más allá de la unión con el Cristo en ti hacia el Yo soy divino. Y de allí, a lo innombrable, en cuya vastedad infinita habitas por siempre pura, santa, perfecta.


Lo que aquí se te está diciendo con claridad, esposa de Cristo, es que así como existe el estado de consciencia de la culpa, también existe el de la resurrección. Ese nuevo estado de consciencia es de lo que trata el nuevo cielo y la nueva tierra. Es una realidad donde eres única y plenamente consciente de la totalidad. Como tal, honras y recuerdas la luz de sabiduría por lo que es: tu fuente del saber y ser. Así mismo, la santidad de todo es aceptada como la única verdad acerca de la creación de Dios. También es reconocido el hecho de que se podía negar la verdad y que ello crearía una experiencia temporal, insubstancial y nunca real, que hace que el alma sufra en la pesadilla de la culpabilidad. Todo ello se reconoce como diversos estados que se pueden alcanzar.


Una vez que aceptas el hecho de que existen diferentes estados a los que puedes arribar, entre los que el de la ignorancia es uno de ellos, y el de la sabiduría también, solo te resta elegir conscientemente. Una vez llegado allí, sí que puedes ejercer el derecho a elegir, y la capacidad de elección puede ponerse al servicio de la verdad. Esto se debe a que solo en ese estado de conocimiento, y no antes, conoces las opciones sobre las que elegir. Y las conoces con el corazón. Es decir, con la consciencia.


Amada de la verdadera creación divina. Has recorrido el camino de la culpa, y también el del amor. Te has estado tambaleando entre el uno y el otro durante un tiempo, hasta que te decidiste por el del amor. Ahora estás lista para dar un paso más hacia la aceptación plena e irrevocable de la resurrección. Y eso harás. No estás sola en ello, sino que lo haremos juntos, como siempre.




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