• Sebastián Blaksley

Capítulo 1.23 - La rueda del destino



Amado corazón de Cristo hecho humanidad. He venido en la alegría de la santidad que somos, para permanecer contigo en este diálogo de amor y verdad. Desde el cielo de tu realidad, allí donde todo lo puro, lo perfecto lo inefable de Dios, reside eternamente en la luz de la gloria. Donde el Haz de luz verdadera atraviesa cada ser viviente y le da vida en abundancia. Allí, donde tu y yo permanecemos por siempre dentro del abrazo del amor hermoso. Unidos en la belleza de Cristo. Viviendo en las armonías del reino divino.


Hoy vengo a traer paz a tu corazón. A decirte que te conozco desde siempre, porque vivo en el conocimiento divino. Y Aquel que es tu fuente y tu verdadera realidad te conoce desde toda la eternidad, tal como conoce a todas sus criaturas.


Hijito de la luz. ¿De qué otro modo podría ser transformado un mundo sin amor, sino trayendo a él a aquellos que, por ser amor y vivir conscientemente en lo que son, reemplazan lo deshumanizado, por lo humanizado, lo despiadado por lo amoroso, por la simple razón de ser lo que son?


Amada alma sensible. Tú que te estremeces hasta con la mas mínima brizna de viento. Tú, cuyo corazón se alegra ante el canto de las aves, y salta de júbilo ante la presencia de la belleza de una flor, o de la sonrisa afable de un hermano o hermana. Tú que sabes que; a pesar de las apariencias, todo va a andar bien, siempre. Y que lo sabes porque has venido con un conocimiento que no es del mundo. Tú, cuyo corazón es capaz de escuchar la voz del cielo y reconocer cuando la verdad hace acto de presencia, pues sabes reconocerla y seguirla. Has venido al mundo en el momento perfecto, según el designio del Creador. Sabías que no sería fácil en cierto nivel. ¿Cómo podría serlo, si la función es traer el amor a un mundo sin amor, para que sea transformado por él en la santidad del ser? Y al mismo tiempo, sabías que el éxito estaría garantizado.


Sabes que no podemos fallar. La rueda del destino eterno se ha echado a andar, y nada puede detenerla. Es la rueda del amor santo, la cual gira y gira en un movimiento sin fin. Movimiento que da vida a todo. Que recrea las cosas en la verdad y la dicha sempiterna. Y que, así como un primer movimiento creó el Universo, este segundo movimiento recrea las cosas en la eterna novedad del amor. Hace dos mil años que ha echado a rodar. Y ahora llega a su cenit. Su máximo en la algarabía de la Misericordia de Dios.


Hijito de la santidad. En verdad, en verdad te digo que en el mundo existen almas que son la encarnación pura del amor hermoso. A ellas, entre las que te encuentras tú, van dirigidas estas palabras. Ellas las encuentran, allí donde estén. No hay necesidad de que se acerquen a esta obra puesto que ella irá y les entregará estas Palabras de vida eterna. Creadas desde siempre para acompañar su caminar en la tierra, durante el tiempo de la Gran transición hacia la plenitud del amor.


Cuando se diseñó el plan de expiación, Dios sabía que existirían hijas e hijos que, por haberle dicho sí al amor por toda la eternidad, descenderían – por decirlo de algún modo – al reino del olvido de Adán. Para luego tomar la forma y realidad de un cuerpo físico, con el fin de propiciar la segunda venida de Cristo. Es decir, la co-creación del nuevo reino terrenal. Y con ello, de un nuevo cielo.


Hijo bien amado de Dios. Toda la obra que recibes y transformas en palabras con la ayuda del cielo, la cual será extendida a todos los rincones del mundo - en unión con aquellos que el designio divino ha dispuesto desde siempre para formar parte de esta empresa de colaboración-, cumple la función de ayudarlos a recordar la verdad acerca de lo que son, y con ello el propósito de su tránsito bendito en el reino terrenal.


Hijas e hijos del amor santo. Para que no quede duda alguna, os digo. El mundo necesita de vuestro amor. La tierra necesita de vuestra santidad, alegría de ser y pureza de corazón. Sin ello, ¿Cómo podéis creer que algo cambiaría? ¡Oh, bendita verdad, que simple es tu realidad! ¡Cuánta sencillez hay en tu voz! ¡Cuánto poder transformador!


Aquí tenéis la verdad acerca de lo que está sucediendo en el mundo, como parte de lo que acontece en todo el Universo físico. El miedo está cediendo ante el amor. La falsedad ante la santidad. Y la mentira ante la verdad. Y como efecto de ello, la segunda creación, se yergue cada vez más radiante en la luz de la Gloria del Padre. Y vosotros, profetas del segundo advenimiento, co-creadores de la nueva creación, pronto cantaréis jubilosamente el himno colosal del triunfo del corazón Inmaculado de María. Un canto jubiloso al amor que no tiene principio ni fin. Es decir, al amor que sois en verdad.


Ahora os recuerdo este conocimiento para que lo llevéis en lo alto de vuestra consciencia:


La alegría es el fruto del amor.

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