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La era del corazón, recibido por Sebastián Blaksley - Parte 3 de 3

Actualizado: 13 sept 2022


La era del corazón

Recibido por Sebastián Blaksley

13 de octubre de 2021



Capítulo 22. Llena de amor

Alma bendita del padre. Hija de la luz que brilla en todo tiempo y lugar. Se te ha dicho que hablaremos de la necesidad de sanación como algo que atañe a la consciencia. Y eso haremos. Ser consciente de la necesidad de sanación es en sí la sanación. Puede que parezca existir un tiempo entre el ser consciente de ello y sus efectos sanadores, pero ello es cuestión de percepción. Digámoslo llanamente. Nadie puede sanar inconscientemente, porque la negación de la consciencia de lo que eres, es la fuente de la falta de plenitud.


Sanar es reunir en el amor. ¿Qué otra cosa puede sostener en la salud a la consciencia, y con ello al alma, sino la verdad? Quizá no creas que vivir en el amor y la verdad sea la fuente de la sanación, y la causa del sostenimiento del estado saludable de la creación, pero si observas un poco el mundo, verás que eso es así, incluso en el reino de las ilusiones.


Vivir en el amor es vivir en la verdad de lo que eres. Eso hace que permanezcas dentro del abrazo de la santidad. Quienes permanecen en él, reciben la luz de la vida en sus mentes, corazones, consciencias. Es decir en toda su humanidad. Como efecto de ello, la energía divina inunda cada aspecto de lo que es. Eso, evidentemente no puede crear otro efecto que el de permanecer en un estado que podríamos llamar “sano y salvo”.


Hija mía. Has de saber que la definición de enfermedad es algo que irá cambiando en estos tiempos que llamamos era del corazón, hasta unirse al modo de ver de Cristo al respecto. No siempre la consciencia universal del creado fue capaz de concebir la idea de que se podía estar enfermo, y tampoco la de que esa enfermedad podía ser curable. Ya hemos hablado de ello. En la nueva consciencia que está despuntando, todos comprenderán que es necesario la sanación. Este conocimiento será universal. Por esta razón es que verás cada vez más personas buscando vivir de modo saludable. Naturalmente, la manera en que eso se logra es efecto de la consciencia.


Hasta hace muy poco, se entendía que existía enfermedad cuando se manifestaba un funcionamiento anormal del cuerpo. Esa idea se amplió hacia la mente y aquello que habéis dado el nombre de psiquismo. Así es como se pasó a concebir a la enfermedad como algo que manifestaba un mal funcionamiento de algún aspecto de ese ser psico-somático al que se le dio el nombre de ser humano. Ello ha significado un avance de grandes proporciones, el cual es efecto de un estado de consciencia dado. Antes de ese tiempo, simplemente la humanidad no podía concebir algo semejante.


En la era del corazón, la humanidad dará un paso hacia adelante en la concepción global de la enfermedad. Llegará a la raíz de las cosas. Lo hará, no por deducción o a causa de un descubrimiento de la mente pensante o intelecto. Lo hará como consecuencia inevitable de un nuevo estado de consciencia. Cada cual sabrá – o mejor dicho recordará - que la salud es el estado natural del ser, y que es algo que se puede alcanzar, así como también vivir en ella. Lo sabrá por conocimiento innato. Y reconocerá que solo permaneciendo unido a la fuente del amor hermoso es como ello se realiza plenamente.


Vivir en la verdad y el amor dejará de ser algo que suena bien, y se expresa como un alto ideal, para pasar a ser la vara esencial que regirá la vida en la tierra. Una vez más, esto no sucederá como respuesta de una deducción, sino como consecuencia natural del estado de consciencia amorosa en el que la creación – y con ello la humanidad – se han adentrado.


Hemos dicho que sanar es reunir en el amor. Expandiremos este conocimiento, el cual está grabado en el corazón de todo ser viviente, incluyendo el tuyo. Toda falta de plenitud procede de un estado de consciencia de separación. Es decir, que es efecto de un grado determinado de unidad. Cuando se niega la unidad del ser con Dios y por ello con todos y todo, en Cristo, se abre las puertas a una experiencia contraría a la plenitud del amor. Naturalmente, eso se manifestará de múltiples formas, todas las cuales conllevan las mismas consecuencias: e sufrimiento.


Enfermedad, en la visión de Cristo, es todo aquello que hace sufrir. Puede ser una idea falsa, una situación, o una condición de algo. No importa, si niega de tu presente la alegría, la paz y la dicha, esta´te por seguro que e cielo lo mira como algo que requiere sanación. Puedes tener el cuerpo muy saludable, según los criterios de lo viejo, pero si no vives en la verdad no eres pleno. Por lo tanto, en la mirada de la consciencia de Cristo, se requiere la gracia vivificante de la sanación. Lo que aquí se esta revelando, y de ese modo pasando a la consciencia universal, es que la idea de la enfermedad, la cual otrora estaba reservada al cuerpo, y luego pasó a ser integrada al aspecto mental y psíquico, dará un paso más.

Incorporará a la consciencia. Una consciencia sana sostiene una mente sana y un cuerpo sano. Reemplacemos ahora la palabra consciencia por corazón. Un corazón sano irradia la fuerza vital de Cristo hacia todo lo que forma parte de la creación, incluyendo al cuerpo, la mente y el universo.


¿Pero que es una consciencia sana, qué un corazón sano? Una consciencia sana es aquella que no niega ningún aspecto del ser. En ella todo es abrazado en la luz. No deja nada de lo que eres fuera de sí misma. Esto es lo mismo que decir que un corazón saludable es aquel que ama todas las cosas con el único amor que es verdad, es decir con el amor de Dios. Hace esto, cuando renuncia sí mismo, para permanecer vacío de todo, de tal manera que solo sea llenado por Cristo. En otras palabras, tiene una sola voluntad y esa es la de Dios.


Renunciar al deseo de tener una voluntad separada de Dios es sanar, porque es renunciar a la separación fuente de todo falta de plenitud. Este conocimiento será aceptado en la humanidad como efecto de la nueva consciencia y será vivido con alegría. Podemos decir, sin temor a caer en reduccionismos, que ello será el fundamento del nuevo cielo y la nueva tierra, porque sobre ello descansan los cimientos del cielo, es decir de la vida eterna.


Alégrate de haber llegado hasta aquí. Hasta el punto en el que la consciencia particular, y con ella la universal, comienza a recordar que la salud es el estado natural de los hijos e hijas de Dios, que no existen razones para no vivir en ella, y que el amor es la fuente de toda sanación. Escucha lo que te digo a continuación, con todo el amor de mi corazón:

Renuncia a tu planes de separación. Suelta todas tus interpretaciones acerca de lo que crees que son las cosas, de lo que deseas que sean. Libérate ahora mismo del fardo que te has echado sobre los hombro, al creer que eras tú quien tenia que definir lo que eres, o lo que son los demás. Renuncia para siempre al deseo de saber algo por ti misma. Vacíate de todo. Cuanto más lo hagas, más te llenará el amor.


Ahora quizá te preguntes cómo puedes hacer algo así. Te respondo. Déjate amar. Permanece conscientemente en nuestra unión todos los días de tu vida. Desahoga tu corazón en mí. Cuéntamelo todo. Una vez que lo hayas hecho, descansa en la paz que procede de la certeza de que yo me ocupo de todo en tu vida. Permanece en silencio a menudo junto a mí, y deja que te alcance mi voz. Yo soy el amor que no tiene principio ni fin. Soy la fuente de la sanación, el origen y el destino de la vida. Soy el Cristo en ti. Quien permanece en mí, ya está en la vida eterna. Y por sobre todo, recuerda que estamos a un solo pensamiento de distancia. Con un simple te amo que me dirijas traes el cielo a la tierra.


Bendita sea la creación.


Capítulo 23. Despertadores del ser

Hijo amado. Alma bendita. Hijas e hijas de todo el mundo. Hoy vengo revestido de la gloria que me pertenece por derecho propio, y es vuestra por amor de gratuidad. Todo lo mío es tuyo, porque así yo lo he dispuesto. Soy amor perfecto. Por lo tanto, me entrego por entero. Quien me recibe, recibe la divinización de su humanidad, como regalo bendito de su sincero deseo de unión con mi divino ser.

Puede que un día hayas creído ser algo diferente a lo que en verdad eras. Esto ha sucedido como efecto del adoctrinamiento del mundo. Aún así, a pesar del intento de domar a mis hijas e hijos, la realidad mundana nunca lo ha logrado. Todo llevan dentro de si el conocimiento de lo que son en verdad. Quizá este no se pueda poner en palabras fácilmente, o no se pueda comprender en cierto momento. Sin embargo, existe una fuerza interior en vosotros que os impele a ser el que sois en verdad. Ya hemos hablado de esto. Pero lo traemos aquí para que comprendáis que el camino del mundo no es otra cosa que el de la realización de vuestra verdadera identidad en Cristo.


Sois lo que Dios ha hecho que seáis. O mejor dicho, habéis recibido de Él la magnificencia de un ser de puro amor, la belleza de la santidad, y la sabiduría de Cristo, como lo que sois en verdad. Cualquier otra cosa que asumáis, o queráis pensar acerca de vosotros mismo, es pura ilusión. Alegraos de ser conscientes del conflicto interior que existe en las almas y se manifiesta en el mundo.


Es indudable que un mundo de guerras y disputas, luchas, ataques y defensas, es uno que surge como efecto de seres que están en pugna consigo mismo. Tal como es adentro es afuera. Aún así, cuando la paz reine en los corazones de todos los seres vivientes de la tierra, el mundo dejará de ser un valle de lágrimas para pasar a ser un paraíso de risas y jolgorio. Os aseguro que esta transformación está a las puertas. Mucho antes de lo que podéis imaginar, se hará presente en la realidad consciente de la creación.


La crisis de identidad será abandonada, luego recordada como un mal sueño, una etapa de la vida del alma en la que la lucha del ego contra Dios se manifestó. No se le dará mucha importancia a esto, porque una vez superada esta, la mente no estará interesada en centrar su atención en el pasado. La consciencia de la verdadera identidad suplantará todo pensamiento ajeno a la mente de Cristo. Todo el ser – en su experiencia terrenal – será integrado al ser de puro amor que es en verdad.


Adoctrinar a mis hijas e hijos, intentando domarlos como si se tratara de seres domesticables, ha sido el camino del mundo hasta ahora. Aún así, esto no prevalecerá. Permitir ser lo que cada una y uno de ellos son en verdad, es el signo de la era del corazón. Vosotros que recibís estás palabras, llenas de luz y bondad. A vosotros os llamo muy especialmente para que hagáis de la era del corazón vuestra realidad presente. Habéis venido al mundo para propiciar junto a Mí, la segunda venida de Cristo en la consciencias individuales y colectiva. En otras palabras, para dar inicio a la era del corazón y de ese modo preparar la llegada del nuevo reino terrenal.


En lo profundo de vuestra alma, sabéis que habéis venido al reino terrenal presente con un propósito. Sabéis que nada es casualidad. Aquí está la respuesta a la pregunta acerca de cuál es la razón por la que recorremos juntos los caminos del mundo. Unidos en la luz d ella verdad, estamos dando vida a lo que no lo tenía. Amor a lo que estaba sumergido en el miedo. Verdad a aquello que estaba cubierto por una nube de amnesia nacida de las ilusiones.


Permitir que todos sean tal como son, y mostrarles el camino hacia el conocimiento del verdadero ser que son es tu función en la tierra, y también en el cielo. Lo es, no porque sea un mandamiento nuevo, sino porque tú, al igual que todo lo creado, existe para ser lo que es, tal como Dios ha dispuesto que sea. Dicho de otro modo, siendo auténticamente tú mismo, unido a Cristo tu verdadera identidad, vives de tal manera que aquellos que están listos para abandonar la crisis de identidad te encuentren y la dejen atrás. Tu sola presencia, y por tal me refiero a todo aquel que es receptor de estas palabras de vida entera, hará que se despierte en quienes así tenga que ser, el deseo de ser. Un deseo tan connatural al espíritu de cada criatura, como lo es el viento con el aire.

Alégrate de ser un despertador del ser. Espejo de santidad. Reflejo de la luz divina. Pues viviendo en la verdad, llamas a otros a que vivan en ella también. Tu vida será para muchos una vida ejemplar, tal como ha sido la mía en la tierra, cuando camine por los senderos de Palestina, Jerusalén, Nazareth y muchas otras ciudades que tu vieron el privilegio y el regalo de ver cara a cara el rostro del Dios humanado, tal como ya acontece con las que tú misma recorres por el mundo, como alma resucitada al amor, ser retornado a la verdad.


Os llamo a sentiros felices por lo que sois. Sea lo que sea que penséis ser. Os aseguro que desde vuestro centro, se extiende una luz que va más allá de lo que los sentidos físicos son capaces de percibir, y la mente pensante entender. Con su santa luminiscencia abraza toda la creación, en unión con mi divinidad.


Capítulo 24. La dulzura de María.

Hijas e hijos del mundo entero. Fuera del amor no podéis aceptaros a vosotros mismo como lo que sois en verdad, porque fuera de él no existe nada que sea real. Esta es la razón por la que en el pasado no pudisteis expresaros tal como realmente deseabais, en razón del conocimiento perfecto que tenéis de vosotros mismos. Este ataque al ser, perpetrado por los sistemas de pensamiento del mundo hasta ahora, dará paso al camino de ser. En efecto, esa senda será el signo de la era del corazón, como ya lo hemos explicado de diversas maneras. Para que esto sea posible, el mundo necesita conocer la dulzura de María. Es decir la ternura de Dios.


Se ha dicho, en unión con la verdad, que estáis viviendo en los tiempos de lo femenino. Esto se debe a que ha llegado el momento en que los corazones recibirán jubilosamente a la pureza del amor, como nunca antes había acontecido. Se ha hablado mucho de Dios. Se han expresado sentimientos y pensamientos muy sublimes en relación a su divina esencia. Todo ello ha sido un regalo de la sabiduría de Cristo para la creación. Sin embargo, hasta ahora han sido pocos los que han recorrido el camino de ser, que la ternura del amor hermoso os llama a recorrer. Os aseguro que esta senda lleva al alma directamente al cielo, de un modo tan sereno, alegre, fácil, y eficaz como ninguna otra lo ha hecho ni lo hará. Esto se debe a que allí donde mora la dulzura del amor está Cristo en toda su gloria, y Él es el cielo. Y también porque el alma canta, baila y vibra de alegría cuando vive en la ternura del amor.


Solo los poderosos pueden ser dulces y tiernos a la manera de Cristo. Esto se debe a que ellos obtienen el poder de la fuente de todo poder verdadero, es decir del amor. Al haberse fundido en él, ya no necesitan estar en pugna con nadie ni nada, puesto que saben qué son. Al saberlo, simplemente viven la vida extendiendo lo que son, descansando en el feliz reconocimiento de que esa extensión, al igual que lo que son en verdad, la realiza Dios, y no ellos. ¿Cómo podría ser de otra manera, si quienes se conocen en la verdad, saben que no existe distancia entre Dios y ellos, ya que él, y solo él, es la fuente de su ser, de su saber y de su obrar?


Alma purísima. Tú que recibes estas palabras, independientemente del modo en que esa recepción parezca acontecer en la consciencia, has de saber que existen incontables caminos espirituales. Sin embargo, el que a ti te corresponde recorrer es el de la dulzura de María. Ella será quien inunde tu corazón, tu mente y toda tu humanidad, del amor perfecto. Y también de su sabiduría eterna. A medida que te entregues más y más a Ella, la suavidad de su amor irá creando grandes maravillas en tu alma. Lo hará porque su amor lleva dentro de sí la potencia de la maternidad divinizada. En consecuencia, hará de ti un nuevo ser a cada instante. Renovará también la faz de la tierra.


Tienes una Madre divina que te ama con un amor que no tiene principio ni fin, el amor de Dios. En verdad te digo que ella es tan real como lo eres tú. Está más cerca de ti que tu propio aliento, pues allí donde estoy yo está siempre María. Sumérgete en su Inmaculado corazón y verás grandes maravillas en ti. Has tuyo este canto que los ángeles te regalan por amor.

Mi alma canta la grandeza del Señor. Y mi espíritu se alegra en la belleza de la santidad. Porque el amor de María me ha sido dado. Su pureza se extiende por toda la tierra, e inunda mi ser de magnanimidad. Su dulzura es mi refugio seguro, alcázar de mi santidad. Mi ser descansa en los brazos de su amor, y se regocija en la hermosura de su Inmaculado corazón.

Así como el amor de María trajo a Cristo en la primera venida, también lo traerá en la segunda. Por esta razón es que la humanidad irá rindiéndose cada vez más a su amor. No como un acto forzado de la voluntad, sino como efecto sereno del reconocimiento de la verdad de lo que son. El mundo se consagrará a su Inmaculado corazón. Eso hará que la consciencia universal del creado, dentro de la cual existe la humana, se embeba de la ternura del amor de Dios, y sea fecundada por el Espíritu Santo. De ello nacerá el Cristo radiante. Es decir, una humanidad cristifcada, totalmente fundida en el amor. Ser copartícipe de ello es tu función.


Quizá pienses cómo hacer algo así. ¿Cómo colaborar con María y por ello con el cielo todo en la manifestación universal de Cristo? Aquí tienes la respuesta: dejándote amar. Permitiendo que el amor de Dios te llene siempre, en una medida que nunca termina. En otras palabras, rindiéndote por entero al amor. El amor de María, siempre lleno de dulzura, te dará esa gracia, y muchas otras, porque ella es la eterna rendida al amor. Únete a ella y no podrás por menos que gozar de las delicias de la santidad.


Amada alma de Cristo, ser de mi divino ser, hija de la verdad, ríndete al amor y alcanzarás los anhelos de tu corazón. Te aseguro que verás lo que ningún ojo vio, ni oído oyó, porque verás a Dios.

Descansa en paz los brazos de María.


Regocíjate en la verdad.


Capítulo 25. Madre divina.

Alma enamorada. Belleza de Cristo. Creación santa.


Aquí estamos una vez más, sumergidos en los abismos de la verdad, abrazados en la luz del amor. Nuestra realidad es una, tal como lo son nuestros corazones, nuestras mentes, y todo nuestro ser. Hoy vengo a recordarte que, así como de la tierra surge vida, de la misma manera sucede con la Madre eterna. En otras palabras, la maternidad divina existe. Fue ella, o mejor dicho desde ella, desde donde todo ha surgido y surge. De la matriz de su ser emerge toda existencia, y realidad. Esta es la razón por la que nada puede ser fuera de ella.


Ciertamente la era del corazón es la era de la Madre. Una etapa de la consciencia universal en la que la creación retorna como nunca antes a su fuente. ¿Y qué otra cosa puede ser la fuente de todo lo creado, sino aquello que llamamos maternidad de Dios? Antes de avanzar en este diálogo de amor y santidad, recuerda amada mía, que las palabras humanas pueden representar un límite, para la mente que aún no está acostumbrada a ir más allá de ellas, hacia lo que representan.


Con este recordatorio en mente, podemos ahora afirmar con certeza que, al hablar de la Madre divina, estamos hablando del aspecto de la divinidad que crea todas las cosas y las sostiene en la existencia. Decir fuente creadora, poder de la creación, origen de la vida, y madre divina es lo mismo. En el contexto de estas revelaciones, las trataremos como sinónimos.


Retornar a la Madre Celestial es regresar a la casa del padre, ya que es en ella donde reside el cielo, y por ende todo lo creado en verdad. Quizá la mente piense que al hablar de una madre, estamos diciendo que finalmente – de alguna manera – el hijo se separa de ella al nacer, y va separándose cada vez más a lo largo de su camino existencial. Pero esto no es enteramente cierto. De ello hablaremos en este encuentro santo.


La separación del cuerpo físico del hijo con la madre es expresión terrenal del comienzo del camino de individuación. No tiene nada que ver con el ser, sino con la expresión de su identidad en el plano físico. En otras palabras, el hijo se expresará como se expresará en el reino terrenal, porque es el que es. Lo hará siempre de manera única, e irrepetible. Nunca será igual a nada ni a nadie, aunque será semejante a quienes lo engendraron, y a los demás seres pertenecientes a la familia humana. Incluso, en su expresión, existirán ciertas semejanzas con quienes no forman parte de la humanidad. Esto es algo fácilmente observable en tu experiencia, de modo que no nos extenderemos.


Que un alma sea única, no significa que esté separada de su fuente y de la creación. Significa simplemente que es sí misma, pues para ello fue creada como alma perfecta. Digámoslo de otro modo, el alma es un vaso de muy puro cristal, donde la identidad de su ser es vertida a cada instante. En razón de ello, esta se derrama más allá de sí misma, sin dejar de ser lo que es. De ese derramamiento del ser, o de la la identidad del alma, es desde donde surge su expresión. A cada ser un alma, a cada alma una forma de expresión conforme a su identidad. Expresarse de modo único no es desunión, ni tiene porque serlo.


Aquella que te dio la vida eterna, pues es eternidad, no se separa de ti una vez que fuiste creada, ni tu de ella. Esto se debe a que precisamente ella es eterna. Por tal motivo es que la hemos llamado también como Madre eterna. Tal como ya sabes, lo que es eterno es siempre, y por ende ahora. En razón de ello, la maternidad divina actúa de manera permanente en tu existencia. Está creando vida en ti en este preciso momento; aquí mientras recibes estas palabras. Lo hizo antes de que las recibas, y lo seguirá haciendo después. A esta verdad la hemos reconocido con claridad al decir que Dios es eterna creación.


Dado que en Dios todo es unidad, no existe posibilidad de separarte de tu Divina Madre. Estás en su mente y corazón, tanto como lo está ella en ti. Por ello es que no puedes dejar de concebir la idea del origen y destino de la vida. Y por lo que, más allá de todo, sabes que existe un ser que te cuida, abraza, nutre, y espera con los brazos abiertos a cada instante de tu existencia. Un ser de pura luz, que es amor infinito, cuyo poder es tan grande que no se puede describir, y cuya bondad sobrepasa toda medida. Lo sabes, no por aprendizaje del mundo, sino porque ese conocimiento es inherente a lo que eres. En efecto, forma parte esencial de la vida.


Regresar al cielo, que no es otra cosa que retornar a la verdad de lo que eres, no significa que vas a un lugar o estado en el que pierdes tu identidad, fundiéndote en otra cosa. Todo lo contrario. El hijo nunca retorna al vientre de la madre. Permanece en su corazón. Sí. Pero no regresa al estado previo de su concepción. Esto también debiera decirte algo.

Alma santísima. No estás llamada a regresar al estado de consciencia del paraíso terrenal. Un estado en el que se cree erróneamente que es más elevado que aquel en el que te encuentras ahora. El paraíso terrenal, podríamos decir que es semejante al estado de consciencia del niño no nacido aún. Una semilla que no ha germinado. O una vida que no se ha expresado plenamente aún.


Una vez que naces a la vida, no vas hacia atrás. La consciencia no retrocede. Cuando decimos que regresas a la casa del padre - o a la Madre celestial - decimos que retornas a vivir en el amor. Pareciera que decimos contradicción al hablar de un retorno, y a la vez mencionar que no vas hacia atrás. Retornar, en el plano de la consciencia, no significa perder identidad y ser menos de lo que eres. Para ella no existe la distancia. Eso es asunto de la limitación del reino del tiempo, el espacio y la materia.


Lo que se quiere decir con la expresión del retorno, es que dejas de concebirte como algo separado de la Madre de la vida, y aceptas que eres una con ella, no en tu unicidad sino en tu fuente, y por ende en el ser que eres en verdad. En otras palabras, que permites que en tu consciencia brille la luz de la santidad que eres, la cual procede de tu Divina Madre, y también todos los tesoros del reino, los cuales permanecen inalterables y perfectos en su Inmaculado corazón. No solo para quedarte en él irradiando belleza y paz, sino para que los hagas tan tuyos como lo es tu propia respiración. Y de ese modo, vivas en ella tal como ella vive en ti.

Capítulo 26. Fuente creadora


Hija mía. No vas a dejar de ser porque vayas al cielo. ¿Quién querría ir a un cielo así? No fuiste engendrada y criada en santidad por tu Madre eterna - lo cual incluye el hecho de conocerte a ti misma en la unicidad que eres - para luego perder tu identidad, y pasar a ser nada en otro. Perderse es cuestión del mundo, no del cielo. Las relaciones en las que te perdías a ti misma, han quedado atrás. Fueron parte del camino de la vida terrena. Ahora estás viviendo en la relación divina. Una relación en la que Madre e hija caminan juntas por siempre en la eterna vastedad del Universo creado, regocijándose en crear un nuevo amor santo a cada instante, nacido y extendido de su unión.


Ser una con tu divina madre no significa dejar de ser, sino ser de una misma voluntad, un mismo sentir, y un mismo pensamiento. Esto no disminuye tu valía. ¿Acaso eres menos por el hecho de reconocer la verdad como lo que es? Solo existe un pensamiento, un amor, una realidad, Dios. De tal manera que el cielo, no es otra cosa que el estado de consciencia, y la realidad, en la que la verdad es reconocida y vivida como lo que es. Por ello lo hemos llamado también la casa de la verdad.


Allí donde mora la verdad está la santidad. Y donde ella habita existe la paz, tabernáculo del amor. Al unirte a tu madre divina, lo que haces es reconocer que tienes una fuente eterna que te ha llamado a la vida, y lo sigue haciendo a cada instante. Además de ello, aceptas jubilosamente que todo lo que ella es, te pertenece por derecho de nacimiento. Y más aún, forma parte esencial de lo que eres.


Así como las madres de la tierra engendran hijas e hijos semejantes, lo mismo sucede con la madre de la vida. Puedes argumentar que la inmensidad de seres vivientes que percibes con los sentidos corporales no son tan semejantes unos a otros. ¿Acaso, una estrella es semejante a un colibrí, y este a ti? Pensar así es el modo de pensar de la era anterior. Es decir de lo viejo. Pero no es propio de la era del corazón. En ella se reconoce que allí donde hay vida, habita Dios en toda su realidad. Del mismo modo, allí donde hay existencia está Él.

Todo lo que existe ha sido llamado a existir desde la matriz de la vida, es decir desde el aspecto maternal de Dios. Conocer a la madre divina, es decir esa parte de Dios que lleva dentro de sí la capacidad de dar vida, sostenerla saludablemente, y nutrirla a cada instantes de la existencia, es de lo que se trata esta nueva era de consciencia, la cual ya ha comenzado a reflejarse en la consciencia humana, como parte de la universal.


¿Por qué es necesario que se retorne al conocimiento de la Madre divina? Porque al hacerlo, te unes a su corazón Inmaculado, y con ello ocupas el lugar que te corresponde como creador de vida en abundancia. Engendrar nueva vida es parte esencial de lo que eres. A ello lo hemos llamado, ser co-creadores. En realidad lo que creas es vida nueva, amor santo, universos de creaciones únicas, nacidas de tu santidad, y la fuente de la existencia. En otras palabras de tu unión fecunda con tu divina madre, que es quien le da origen, sentido y realidad a todas las cosas.


No vas al cielo solamente para vivir por siempre en la dicha sin fin, conversar con los ángeles y tu seres queridos, y vivir eternamente en paz en el abrazo perpetuo de Cristo. Vas para ello, y también para sumarte al coro de los co-creadores del amor santo. Te unes a la fuente de la vida, para dar vida. Tus creaciones existen, amada mía. Son tan únicas como lo eres tú. Y tan santa como tu ser.


Crear conscientemente un nuevo amor por toda la eternidad es lo que significa morar en el cielo. Créeme cuando te digo que no existe mayor gozo que este para el alma. Ni siquiera el mayor de los placeres, ni las más grandes de las alegrías, que se hayan experimentado en la tierra, se pueden comparar con el gozo de crear universos de infinitos universos de amor perfecto, en unidad con la Madre divina y toda la creación.


Crear es tu destino porque Dios es creador. Ser amor es tu función porque Dios es amor. La santidad, la belleza y la perfección son tu herencia porque eres hija de la Madre de todo lo santo, lo bello y lo perfecto. La paz es tu hogar porque eres paz, ya que en ella fuiste creada, moras y eres sostenida amorosamente en la existencia, por aquella que te ama con un amor que no tiene principio ni fin.


Hija de la luz, nacida de las aguas eternas, sumérgete en los brazos de tu Madre celestial ahora. Quédate en su abrazo. Contempla su hermosura. Absorbe su dulzura. Hazte una con la suavidad de su espíritu puro. Deja que ella te revele sus tesoros, los misterios de un amor que no conoce fronteras, de una hermosura sin igual, y una unión que es vida en abundancia. Quédate en su inmaculado corazón, y verás resplandecer en tu vida, y en el mundo entero, la Luz de Cristo. En él conocerás a Dios.


Al disponerte a sumergirte en los abismos del corazón de la Divina Madre - cosa que haces cada vez que renuncias a tus interpretaciones, y te vacías de todo lo que crees que es verdad acerca de ti, de los demás, de la creación y de Dios - traes la consciencia de la unidad a la tierra. Por eso es que se te invita a que te unas a ella todos los días de tu vida, dejándote amar. Pues de la unión con la Madre de Dios, fuente de toda creación verdadera, surgirá el nuevo cielo y la nueva tierra. Una nueva creación, nacida del poder creador del amor. Ella te está llamado desde toda la eternidad, para que la reconozcas como expresión perfecta de tu unidad con Cristo. Alégrate de que así sea. Regocíjate en la verdad.


Bendita eres tú, que vives en el abrazo de la Madre creadora.


Capítulo 27. Lo nuevo está aquí

Amada alma pura. Hija de la verdad que es siempre verdad. La creación fue creada para ser la expresión viva en la forma de Cristo, es decir del amor de Dios. En otras palabras, el plano físico, al que llamas universo material, el cual abarca la dimensión de espacio, tiempo y materia, no es otra cosa que una expresión perfecta de la fuente del ser. Que haya tenido que recorrer un camino de evolución de consciencia desde el olvido de su identidad verdadera, hacia la plena realización de la santidad que es, no tiene porque ser motivo de ira ni de confusión.


La creación material, o expresión perfecta del amor en la forma, ha recorrido un camino. Esto se debe a que está sujeta al tiempo, pues para eso existe la dimensión temporal. ¿Es acaso ello, algo digno de suscitar ataque? ¿Tiene que ser eso, causa de enojo para con Dios y contigo mismo? ¿Verdad que esto ha sido motivo de mucha ira a lo largo de la historia de la humanidad? Un Dios que crea una dimensión temporal-espacial en la que todo parece estar incompleto, en constante inestabilidad, cambio y desaparición, parece ser un creador bastante limitado e insensato. Y sin embargo, eso no es así.


La nueva humanidad es parte de la nueva creación. Han existido “otras humanidades”, tal como se explicó en las siete olas de consciencia. Cada una de ella manifestación de un estado de consciencia determinado. Tú. Muy concretamente tú que recibes estas palabras. Eres una expresión perfecta de la nueva humanidad, que ha surgido como expresión viva de la sexta ola de consciencia, o sexta humanidad. Esto no debe comprenderse como algo separado. Es decir, como si la nueva humanidad tuviera un “corte” o “brecha” con las anteriores. Todo en la creación es un continuo de eternidad, tal como ya se ha explicado.


La nueva realidad que ha nacido, y que ya está aquí, aunque no todos la vean y muy pocos la puedan comprender aún. No es un algo nuevo en el sentido de separado, o único, sin conexión real con lo demás. Existe una sola consciencia verdadera, Dios. Una sola mente real, Cristo. Un solo amor, el Espíritu Santo, quien es el amor de la Madre divina hacia el Hijo y de este hacia Ella, por siempre infinito, puro, bello y creador. De él, con él, y para él, ha sido creado todo, y continúa siéndolo. No puede existir una brecha entre una ola de consciencia y la otra, porque no existe separación alguna. Todo es parte de la filiación.


Tú, que estás aquí, en este tiempo y lugar. En esta realidad física, no como la única realidad de lo que eres, pero sí como expresión hermosa de la santidad de Cristo, has de saber lo que a continuación te recuerdo. El punto inicial de la existencia del Universo Físico, las siguientes expresiones de este, hasta ir moldeando la realidad material que conoces hoy, incluyendo a mi amada humanidad, y a todo lo que puedes contemplar en la tierra y los planetas. Todo ello, y mucho más, forma parte de ti. Tu estás en cada estrella, en cada pétalo de cada flor, en cada gota de agua cristalina que fluye en cada manantial. Tu ser da vida a todo, porque es uno con la fuente de la vida eterna.


Dios está en cada cosa que existe, tal como lo estás tu. Vivir esta verdad en la existencia corporal es de lo que se trata la consecución del segundo advenimiento o nuevo reino terrenal. Es decir, que la creación está yendo hacia ese estado. El cual está muy cerca de hacerse visible, palpable y sensible. Tal como se ha dicho, la sexta ola de consciencia, que es la antesala de la séptima y por ende de la manifestación pelan del nuevo cielo y la nueva tierra, es está que ya ha comenzado. Es decir, es la que estás viviendo. Hace poco a comenzado, por esta razón es que se puede ver confusión en muchas de las mentes. Eso debiera decirnos algo.


La aparente confusión del mundo que observas, no es otra cosa que una manifestación clara del nacimiento de la nueva realidad. O si prefieres, de la nueva humanidad, o consciencia universal. Decimos nueva realidad, no porque la esta pueda cambiar, ya que es Dios, sino porque la nueva consciencia conlleva invariablemente, un modo nuevo de comprender las cosas, de relacionarse con todo, y de experiencia. Eso hace que sea una nueva realidad para la humanidad, no en sentido esencial sino en la forma.


Todo lo que forma parte de la nueva humanidad o sexta ola de consciencia, ya está dentro de la consciencia universal. De lo contrario no podría manifestarse. Podríamos decir que las olas de consciencia, de las que estamos hablando en esta obra, son grados de visión de tu consciencia humana. Imagínate sentado en un cómodo sillón frente a una ventana. Miras desde lejos y ves poco. Te acercas y ves cada vez más. Traspasas la ventana y ves el cuadro completo. Esta analogía te ayudará a entender de que se trata la evolución espiritual en el plano de la materia, el tiempo y el espacio. Y también a darte cuenta de que todo en el Universo Físico actúa conjuntamente y de modo armonioso para ir llevándote a ti y a todos, hacia la ampliación plena de la consciencia, con el único propósito de que podáis gozar por siempre de la dicha sin fin.


Capítulo 28. La hermosura de lo nuevo


Alma santísima, llena de luz. Nuestro amor no tiene principio ni fin. Quedémonos un tiempo en silencio. En la quietud de nuestra unión. Siente el abrazo de mi divina maternidad. Permite que el recuerdo de nuestro santidad alboree cada vez más en tu mente, cuerpo y corazón. Dejemos por unos instantes todo lo que creemos saber a un lado. Vacíos de todo, nos llenamos de sabiduría. Unidos en la plenitud del ser, nos fundimos con el origen de la vida, en cuya realidad existe el saber hermoso. Allí, en el cielo de nuestra mente santa, en la unidad perfecta, las grandes verdades nos son mostradas sin esfuerzo alguno. Aquí, en la belleza de nuestra unión, somos Cristo extendiéndose por toda la eternidad.


Quédate conmigo y en mí sin razonar nada. Absorbe estas palabras, y toda esta revelación, con apertura de corazón. Para que el recuerdo de quien eres llene de gozo tu humanidad. Una humanidad que ha sufrido demasiado, a causa del olvido de ser. Un creación que ha sido testigo de un dolor que fue efecto de una ignorancia que ya no es necesario seguir albergando. Eres Cristo en mí, tal como todo es verdad en Dios.

Observa cómo una y otra vez retornamos al recuerdo de tu verdadera identidad. Esto se debe a que de ello se trata lo nuevo. En el nuevo reino terrenal, el cual pronto saldrá a la luz de un modo tal que nadie podrá negar, solo existe el amor extendiéndose en plenitud. En él no existe lo que no es verdad. Por lo tanto no es un reino de dualidades. Más bien, ha de entenderse como un espacio, y tiempo en donde lo que se manifiesta está en perfecta armonía con la voluntad creadora, es decir con el amor santo.


Aunque parezca increíble, para la mente separada, la humanidad está a las puertas de comenzar a vivir en la plenitud de Cristo. Esto significa que la almas que se manifiesten en la tierra, a partir de la finalización de la quinta ola de consciencia, serán almas que solo reflejarán la luz del amor, no estarán apegadas a las cosas pasajeras como si fueran eternas, porque su conocimiento de quienes son será perfecto. Ellas se saben hijas de la vida eterna, es decir de Dios. Este conocimiento no es algo que recuerden en su humanidad como destello de un saber arcano. No. Será un concomiendo que abraza todo lo que son, De tal manera que sus acciones, que son efectos de la identidad, reflejarán con claridad el amor que son.


La nueva humanidad, y con ello el nuevo cielo y la nueva tierra, será una de armonía. No existirá confusión en ella, porque solo se manifestarán en el plano físico, las almas que viven en la verdad por siempre. ¿Tiene esto que ser motivo de enfado para ti, porque crees no estar en ese reino. Y te sientes que aún tienes que esperar en el tiempo, para ver y vivir la hermosura de la nueva creación nacida de la unión de Cristo y la humanidad, es decir de Dios y la creación material en toda su extensión? Desde luego que no. Sin embargo, para que no albergues dudas al respecto diremos lo siguiente.


La mente pensante, aún no puede ver el panorama completo. Pero tú sí que puedes. En el hondón de tu corazón, en las profundidades silenciosas de tu mente santa, sabes que lo que aquí se dice es verdad. Y lo sabes porque ya lo conoces. Esto se debe a que ese reino terrenal del cual estamos hablando, y ese nuevo cielo tan esperado como amado, es extensión perfecta de tu ser. Tú eres el reino, porque Yo lo soy.


Quizá lo que se dijo anteriormente no te de todo el consuelo que estás buscando. Pero estoy segura, porque te conozco desde siempre, ya que soy tu divina madre, que si comprenderás muy fácilmente esto. Tú, muy concretamente tú, y todas tus hermanas y hermanos que están ahora en el tiempo, junto a mí, y a toda la creación material e inmaterial, estamos co-creando ese nuevo cielo y esa nueva tierra. Lo hacemos por amor y con amor, para que el tiempo se pueda extender por siempre, no como una creación ajena u opuesta a la eternidad, sino para que la refleje en toda su hermosura, gloria y santidad.


¿Acaso no es motivo de júbilo y alegría, saber que incontables seres, recorrerán la vida terrenal con todo el amor del cielo en sus corazones, la sabiduría del Espíritu Santo en sus mentes, y la dicha perfecta de Cristo en sus cuerpos? ¿Y no es ese júbilo mayor, al recordar en la luz de la verdad, que juntos lo creamos por siempre, para gloria de todos? ¡Qué dicha es crear el amor eterno en unidad! ¡Qué alegría es para el alma pura, el saberse una con la fuente de la vida sin fin, en cuya unión crea siempre lo bello, lo santo, lo perfecto, en armonía con la voluntad divina!


Hijas e hijos del mundo entero. Alegraos al saber que estáis co-creando junto a vuestra Divina Madre y toda la creación, un nuevo cielo y una nueva tierra. La humanidad naciente nace de vuestra unión con Cristo. Sin vosotros no existiría, tal como la humanidad actual no podría existir sin la que la antecedió. Llegará el día en que podréis oír el himno de gratitud y alabanza que la creación canta en honor a los co-creadores de lo nuevo. Cuando llegue ese día, reconoceréis que es a vosotros a quien os canta la vida por vuestro servicio al amor.


Capítulo 29. Caminando hacia la plenitud

Hijas de mi divino corazón. Nacidas de la luz de mi amor. Vosotras que estáis en el tiempo y acogéis con amor y apertura de corazón estas palabras. Os doy las gracias por vuestra disposición a escuchar la voz de la verdad que vive en vuestro ser y seguirla. Vosotros sois co-creadoras de lo santo, lo bello, lo perfecto. Sois canales de Dios, por medio de los cuales, la santidad de Cristo se va extendiendo más y más, en una extensión que no tiene fin.


Gracias os doy por vuestro sí al amor. Gracias en nombre de todo ser viviente y de toda realidad creada, y por crear en la pura potencialidad del cielo. Hoy vengo a morar con vosotros por medio de este diálogo, para que no os preocupéis por las cosas que aún creéis no comprender, en relación a los acontecimientos del mundo.


Lo que necesitéis saber os será revelado de incontables maneras a su debido tiempo. Yo no abandono a mis hijas e hijos. No abandono la obra de mis manos. Juntos hemos dispuesto que la creación física retorne al amor, y así sucederá. Nadie ni nada puede anular el poder de nuestra unión. Puede que las creencias del mundo hayan intentado convenceros de que sois poca cosa, algo insignificante, o que incluso se os haya explicado de modo elocuente que sois pecadores por naturaleza. Pero todo eso ha quedado atrás.


Vosotras sois las resucitadas del Cordero. Madres y padres de la nueva humanidad. Escuchas lo que aquí se os dice. La vieja humanidad que ya está a punto de dejar de existir para siempre en el plano de la expresión material y temporal. Es decir, del universo físico. Ha dado de sí todo lo que podía y debí dar.


Tal como os he dicho en varias oportunidades, hay un tiempo para todo. También lo hay para la evolución de la consciencia. La mente humana, y su corazón, y por ende también su cuerpo, no pueden expresar algo ajeno a la consciencia particular de la que son su efecto. Esta es la razón por la que se puede observar que los sistemas que otrora parecían funcionar en el mundo, ahora no funcionan. Y no funcionarán. Lo viejo es parte de un pasado que ya no está aquí. No se puede revivir ni recrear. El pasado paso, y con ello se ha ido todo lo que era parte de él.


Lo nuevo es el amor extendiéndose sin limitación alguna en el plan de la creación física, así como lo es en el cielo. En otras palabras, la nueva era, si así preferís llamarla a la nueva creación, es la plena realización de la respuesta del Padre a la oración del hijo que dice: hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.


Sí. Amadas y amados míos. En verdad, en verdad os digo que finalmente, y este finalmente acaecerá mucho antes de que lo sois capaces de imaginar, el cielo y la tierra serán reconocidos y vividos como la unidad que son. Vosotros habéis venido al tiempo para propiciar esta verdad. Es decir para ayudar a creación física a recordar quién es, y de ese modo vivir en la consciencia de la unidad.


La vieja humanidad no puede dar más que lo que es. Por lo tanto, no es de sabios enojarse al creer que debe hacerlo. La quinta humanidad, por nombrarla de alguna manera en relación a las olas de consciencia, ha traído la integración y manifestación de la mente abstracta, como nunca antes había acaecido. Eso es motivo de agradecimiento. Por lo tanto, os invito a honrar al pasado por lo mucho que ha dado al presente en la dimensión del tiempo.


La nueva humanidad será una sin identificación alguna con el ego. En otras palabras, el tiempo del ego ha terminado. Se le había dado un espacio temporal de expresión porque así debía ser, en el ejercicio del libre albedrío de la filiación. Pero como pseudo-creación que es, su final estaba previsto en su inicio, y así fue.


Una humanidad despojada de materialismo, especialismo, economisimo, egocentrismo, racionalismo, y todas las demás cosas que nada tienen que ver con el amor y la verdad, es de lo que se trata la sexta ola de consciencia en la que ya estáis viviendo. Eso se realizará, no por deducción o aprendizaje sino por el hecho de todos los seres que vengan al mundo tendrán una cualidad de amplitud de consciencia diferente. Serán conocedores y recordarán el amor que son, y su unidad con Dios. Dicho de otra manera, vivirán como los seres espirituales que son, incluso en su expresión santa en la forma.


No solo los seres humanos han dejado de ser lo que eran. Lo que llamamos “la vieja humanidad”, o “lo viejo”, es algo que atañe a todos los aspectos de la creación. Los animales también tratarán al hombre con amor, así como este lo hará con ellos. La relación de todo con todo estará fundamentada en la verdad, por lo tanto se establecerán relaciones santas.


En cierta medida podemos decir que, así como han existido civilizaciones o pueblos que en su momento eran muy vitales, prosperas y poderosas, y con el tiempo dejaron de existir pero su legado de luz fue recibido por las nuevas generaciones, del mismo modo acontece con la evolución de la consciencia.


Vosotros, que sois exponentes de la nueva humanidad, que lleváis dentro de vuestras almas las semillas de lo nuevo, habéis venido al tiempo, no para criticar ni replicar lo viejo, sino para dar nacimiento a lo nuevo. Esa es vuestra función y la estáis llevando a cabo de modo perfecto. Alegraos de esta dulce verdad.


Capítulo 30. Eres todo en todo


Hija mía. Lo que eres es una unidad inseparable con mi divino ser. Por lo tanto, es justo decir que eres todo en todo, porque yo soy el todo de todo. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que cuando tengas la visión completa de la realidad acerca de la creación, gozarás del gozo de todo lo que se manifieste en el nuevo reino terrenal. Esta revelación es de gran importancia. Escúchame con atención y despreocupación.


La mente pensante quizá argumente en alguna medida, que no es justo que tengas que venir a un mundo convulsionado, para dar nacimiento al reino de la paz en la tierra, cuando podrías haber encarnado en el plano físico una vez que el nuevo cielo y la nueva tierra se hubieran manifestado plenamente. Un pensamiento como ese carece de sentido para los que conocen y aceptan la verdad eterna de lo que son. ¿Acaso fue injusta mi encarnación redentora en la humanidad de Jesús, por medio de la cual me hice uno con la naturaleza humana y por ende con el universo físico?


El significado que otrora tenía el tiempo, para la consciencia de lo viejo, es insustancial en lo nuevo porque carece de realidad en la verdad. El tiempo nunca fue algo lineal en lo que comienzas a existir para finalmente dejar de ser. Esa concepción del tiempo, tan alineada a lo que los sentidos corporales y la mente intelectual concebían, quedará atrás. De hecho, es importante que comprendas que una creencia como esa debe ser dejada a un lado cuanto antes, para que deje de ser un estorbo a tu paz interior.


El tiempo, en la nueva consciencia que ya está aquí, se ve como lo que es en verdad, un aspecto de la dimensión de expresión en la forma. Como tal, puede durar enteramente, y de ese modo unirse a la eternidad, no en el sentido en que la expresión temporal de la forma se haga eterna, sino en el de servir al propósito de la manifestación del amor, el cual puede adoptar toda forma. Dicho llanamente, en el nuevo reino terrenal, el amor adopta infinitas formas de expresión en el plano de la materia, el tiempo y el espacio, las cuales si bien cada una de ellas es estrictamente temporal, la expresión del amor en la forma es ilimitada. Esto es lo que significa, el amor extendiéndose en la creación.


Dado que eres una con tu fuente, y no puedes separarte de lo que eres, el gozo del nuevo cielo y la nueva tierra será tan tuyo como de toda la creación. Experimentarás en su totalidad, la dicha que significa la extensión libre del amor perfecto. El júbilo y la plenitud de la vida no serán solamente para quienes recorran los caminos terrenales, sino para todos. Esto se debe a que la verdad será tú única realidad. El conocimiento brillará en tu mente santa en toda su belleza, magnificencia y esplendor. No habrá interferencias, ni opuestos, ni dualidades que empañen el firmamento de su santidad y hermosura.


Ciertamente la humanidad se ha sumergido en lo que podría llamarse su “noche oscura”. Así como acontece en las vidas particulares, en las que ciertos acontecimientos dolorosos hacen que la persona se sumerja en un proceso de transformación, que lleva a una ampliación de su consciencia, y de un mayor y significativo crecimiento espiritual, es decir evolución, algo semejante acontece en la humanidad como conjunto.


Sabes, porque lo puedes ver, que el mundo está viviendo un noche oscura hace muchos años. No es algo del presente inmediato sino que viene sucediendo ya. Lo que ahora puedes experimentar es que la velocidad y profundidad de los cambios son más intensos. Si se lo comprende bien, esto es motivo de alegría. Eso se debe a que, a partir de ahora los saltos evolutivos se realizarán de una manera más profunda. Es la última fase de la transmutación de la creación.


Del mismo modo en que la noche oscura del alma, como experiencia individual, no debiera ser dolorosa aunque normalmente lo es, no existen razones para dejarse llevar por el miedo, en esta fase en la que el universo físico experimenta los movimientos de parto propios del nacimiento de Cristo. El temor que los cambios profundos de este proceso que llamamos “oscuridad” suscita, procede de una falta de entendimiento. Precisamente por ello es que existe esta revelación a la que hemos dado por nombre “Era del corazón”. Para que puedas hacerte consciente de dónde estás, a dónde vas, no solo como individuo sino como familia universal. Y por sobre todo, para que recuerdes que todo está en las manos del amor.


No existen motivos para temer, para quienes viven en unión con su ser verdadero. Esto se debe a que, en esa unidad permanecen unidos a su fuente divina. Como efecto de ello, la sabiduría de Cristo les es revelada en forma constante. Al ser portadores conscientes de la verdad, el recuerdo del primer amor que es Dios, fundamento de la vida y razón de la existencia, resplandece en toda su luminiscencia. Por ello es que no se dejan llevar por las miradas pequeñas de las ideas aprendidas en el pasado, que pretenden explicar la realidad con un sistema de pensamiento condicionado, de “si esto, entonces aquello”.


Alégrate hija del solo que nunca deja de brillar, porque el amor se seguirá extendiendo por toda la eternidad. Nada ni nadie puede detener la cristificación del universo.

Capítulo 31. Confianza: el regalo del amor

Hijas e hijos míos. Confiar es el bálsamo que traerá alivio, paz y serenidad a vuestros corazones en estos tiempos de gran transformación. No os olvidéis nunca de que Dios es amor, y vosotros sois uno con él. Llevando esta verdad en alto en vuestras consciencias podréis transitar los cambios, siempre santos, y benevolentes, sin sobresalto.


Que la vieja humanidad ya está desgastada, raída, y carece de significado en lo nuevo, es una verdad que se puede observar a cada paso que das por el mundo y en cada momento que se va transcurriendo. No tiene sentido detenerse a explicar esto. Todos estáis cansados de lo viejo. Os dais cuenta de que no sirve para lo nuevo, y que las premisas sobre las que se sostenía su edificio, ya han sido removidas y con ello se ha desmoronado la casa que no estaba cimentada en roca firme. No hay razón para enojarse con ello, ni añorarlo. Es cierto que algunos siguen creyendo que la paz se logrará cuando las cosas “vuelvan a ser como eran antes”. Ese modo de pensar es algo que pronto desparecerá incluso en los que piensan de ese modo.


Lo nuevo será la constante en la era del corazón porque ella está basada en el amor y la verdad. Dado que Cristo hace nuevas todas las cosas, lo que no procede de la eterna creación dejará de verse o percibirse. Recuerda, amada mía, que el ego ya no está aquí, que los tiempos del miedo han terminado, y que muy pronto, incluso los patrones egoicos dejarán de estar en funcionamiento en las mentes, ya que no quedará ni rastros de ello en la consciencia universal.


Confiar es el signo de los nuevos tiempos, hasta que ello se funda con la certeza perfecta en el amor. Una vez que esa función se realice, ya no habrá distinción entre lo uno y lo otro. Por esa razón es que decimos que es un regalo del cielo, es decir del amor. Tú que recibes esta revelación, independientemente de cómo haya llegado hasta ti. A ti te recuerdo por amor lo que a continuación recordamos juntos.


Has venido al mundo para desmoronar lo viejo y permitir que se edifique la casa de la verdad en la tierra. Sabías que para ello sería necesario pasar por un período de gran transmutación, tanto a nivel individual como colectivo. También sabías, porque nos une el cocimiento perfecto, que tu rol en ello era no solamente esencial sino perfectamente amoroso. No estas aquí por casualidad. Lo sabes bien. No lo estas, ni tú ni nadie, ni nada. Todos estamos co-creando el nuevo cielo y la nueva tierra. Nada puede detenernos, porque somo la unidad del amor extendiéndose por siempre.


El mundo de la dualidad ha sido abolida hace tiempo. No existen ni rastros de ello en la consciencia universal. Lo único que acontece con ello es que la mente pensante sigue todavía con la costumbre de pensar en términos duales. Pero eso también dejará de existir muy pronto. Lo nuevo es unidad. Lo nuevo es igualdad ante el amor. Lo nuevo es el abrazo de María extendido a todo, todas y todos. Dentro del cual la creación permanecerá por siempre unidad a Cristo, y con ello a Dios. Para que ello sea posible, primero es necesario reunirse con el corazón.


Así como la humanidad pasada fue capaz de traer a la consciencia del mundo, la mente abstracta y el razonamiento, la nueva humanidad afianzará la naturaleza humana y su experiencia, en el corazón. Todo lo que atañe a su esfera irá cobrando cada vez más fuerza, por decirlo de algún modo. Es decir, los sentimientos, la intuición, el conocimiento del alma, la realidad espiritual, la eterna bondad de Dios, la unidad de todo en la santidad de Cristo, el deseo de paz, la noción de la perfecta igualdad de todo lo creado, y muchas otras cosas que pertenecen al conocimiento innato de los espíritus inteligentes, será algo así como el día a día de nuestras hermanas y hermanos.


La verdades universales que hoy se pueden comprender por medio de la fe que se manifiesta en la razón, pasarán a ser vividas en razón del conocimiento natural de cada ser. Ya no habrá necesidad de explicar nada en relación al amor y la verdad. Cada cual sabrá claramente, en la era del corazón, qué cosa es verdad, qué cosa es amor, que cosa es la santidad. Y hará solo aquello que esté en unión con ese conocimiento. Esto se debe a que en esta nueva era que ya comenzó, y se extenderá hasta la consecución del nuevo reino terrenal, o séptima ola de consciencia, todos sabrán qué son.


Al irse el ego, ha finalizado la crisis de identidad en la que vivía la creación. Ahora, por movimiento de la consciencia, el saber de lo que cada uno es – no en razón del intelecto, sino del puro conocimiento de Cristo – es lo que rige la experiencia terrenal. Quienes intenten perpetrar lo viejo se desgastarán inútilmente. Ellos no comprenden que la belleza, la felicidad, la plenitud y abundancia que siempre han buscado está en lo nuevo que ya está aquí y no en lo que ya se ha ido para siempre, pues cumplió su función.


Amadas almas de todo el mundo. Dejad ir lo viejo. Abríos a lo nuevo. No temáis a los cambios que se avecinan, ni a los que ya se van produciendo. Nada de eso tiene efecto alguno en vosotros. Lo que sois no es tocado por los movimientos de la consciencia particular del universo físico. En otras palabras, no es alcanzado por ninguna cosa, acontecimiento o evento del mundo. Recordad que yo he vencido al mundo. Y al hacerlo, lo he hecho para vosotros. Para que podáis vivir en paz, incluso en medio de la gran transformación. Paz que procede de la eterna verdad de lo que sois, de la certeza de reconocerse eternamente amados, y de la alegría de saberse las hijas e hijos de Dios.


Capítulo 32. La madre llama


Amados míos. Hijas e hijos que habéis venido al mundo para colaborar con la obra de Dios y propiciar la reunión del universo físico con el amor santo. A vosotros va dirigida esta obra que con amor y santidad os regala el cielo. Estas palabras son un cántico a la verdad. Un himno de inestimable valor que se entona en la mente de Cristo y se extiende a toda la creación. Soy la Madre de todo lo creado. La fuente eterna de la vida sin fin. Soy el origen y el destino de todo lo que existe, se mueve y es.


En mi divino corazón existen las delicias que el alma busca para poder gozar eternamente de la dicha que nunca mengua. Venid a mí todos los días de vuestras vidas. Así es como podréis transitar vuestra experiencia humana en los tiempos de la Gran Transformación, de modo sereno, gozoso y en paz. No existen razones para no permanecer en mí, de la misma manera en que no las hay para que yo no sea una con vosotros. Somos unidad.


La Madre os esta llamado. Su voz se escucha por todos los rincones del universo. OS he dicho que cada día me manifestaré con mayor claridad y lo estoy haciendo. Yo soy la fidelidad perfecta. No abandono a mis creaciones. Y tú, amada mía, eres una de ellas. Y una muy amada, como lo es toda la humanidad. Como Madre de todos y todo, conozco muy bien que cosas angustian vuestros corazones. Por esa razón es que se ha creado el Movimiento del amor hermoso, cuya fuente es mi Inmaculado corazón y el Sagrado corazón de Jesús. Desde él brotan torrentes de gracias y bendiciones como nunca antes había acontecido en la historia de la creación.


A cada tiempo su gracia. A cada cual su bendición. Os aseguro que mi amor es providente y que estoy lista para daros todo lo que necesitéis material e inmaterial para que recorráis vuestros caminos en paz. Uníos cada vez más a mí. No os separéis ni un solo instante de mi divino ser. Sabéis muy bien cómo hacer eso. Vuestra llegada al cielo, es decir al abrazo definitivo del amor perfecto, es segura. Nada puede detener a esta madre del amor hermoso, cuya fuerza divina ha sido puesta en movimiento para reunir dentro de su corazón a toda la creación.


La madre llama. La madre convoca. La madre protege. La madre os invita a vivir serenos en la confianza total en mi sabiduría perfecta, y en la grandeza de vuestras almas. Sois seres emanados de la luz perfecta. No tengáis miedo a nada, ni a nadie. Os aseguro que quien permanece en mí no puede ser salpicado por gotas de diluvio alguna, ni por fuegos, ni por nada que no sea amor . En mí, todo queda resguardado en la perfecta seguridad. Nadie puede traspasar el umbral de mi ser. Meditad en ello.


Os invito a volver a estas palabras tan a menudo como sintáis la necesidad de hacerlo. En ellas encontraréis el consuelo que la mente busca y la paz que el corazón anhela. Es cierto que tenemos un camino que recorrer en el mundo. Juntos lo hemos trazado. Lo hicimos en la perfecta sabiduría del amor. Por ello, es que es perfecto tal como es. Llegará el día en que esta verdad sea vista y honrada en toda su magnitud. Ese día, vuestros corazones cantarán alegremente un himno de gratitud al amor de los amores, y alabarán con la dulzura de vuestras almas puras, a la misericordia divina.


Ciertamente tenemos todavía un tramo que recorrer en la experiencia terrenal. Pero esa experiencia puede recorrerse de dos maneras, con amor o con miedo. Quien permanece unido a mi divino corazón, la recorre con amor en razón de lo que somos. No existe cambio, acontecimiento o evento de la vida del mundo que pueda tocar lo que sois. Repetimos esto nuevamente para que no se os olvide.


Pase lo pase. Suceda lo que suceda. Nada de ello tiene efectos sobre lo que eres. Tú, al igual que yo, eres la consciencia de puro amor que está más allá de toda forma. Eres lo que hace que la forma pueda existir, no la forma en sí. Eres lo que hace que el pensamiento pueda ser pensado, no el pensamiento en sí. Eres aquello que hace que la vida se extienda en unión con su fuente, pero no eres el mundo, ni su realidad. Por eso es que se te exhorta amorosamente a que vivas en la santa indiferencia del mundo. Para que dejes en Mis manos lo que me corresponde hacer a mí. Y tu centres tu vida en lo que te corresponde a ti, es decir en vivir en la verdad.


Permíteme actuar y vivir como tu Madre divina que soy. Te pido de todo corazón que permanezcas siempre en la condición de hijita bien amada, pues eso es lo que eres. A la madre lo de la madre. A la hija lo de la hija. ¿No es acaso esta la base de la verdad acerca de lo que eres?


Capítulo 33. Hijas bien amadas


I. En la unidad del amor


Almas que estáis en el designio. Que desde toda la eternidad habéis sido elegidas para propiciar el segunda advenimiento. Seguid siempre tomadas de mi manos. Juntas estamos creando una nueva realidad terrena. No os dejéis llevar por el negativismo circundante, ni por los pensamientos de pequeñez insignificantes. Fuisteis creadas para lo infinito. No os conforméis con nada que este por debajo de Dios, pues no podréis ser felices con ello. Vengo a reivindicar con vosotros vuestra grandeza, vuestra fortaleza, y vuestra santidad.


Tenéis derecho a vivir desde ahora y por siempre como lo que sois, las hijas bien amadas de esta Madre divina. No os olvidéis de mí. Mirada que cada vez que la mente se olvida de mi inmaculado corazón, se olvida del amor que sois en verdad. Por eso es que os recuerdo insistentemente que no os separéis de mí. Para que no os separéis de vuestro verdadero ser.


Aquí os estoy elevando lo que bien se podría llamar el secreto de lo nuevo. No porque sea un misterio o porque sea algo que esté oculto. No. Sino porque es una revelación de la verdad, la cual muchas veces es olvidada. Tú que recibes estas palabras. Que con amor has recorrido y continuarás recorriendo el camino trazado por el Movimiento del amor hermoso, de la cual esta obra es una manifestación, tal como lo son las demás revelaciones dadas a esta alma que el cielo llama “un lápiz en las manos del amor”. Tú que estás aquí por obra y gracia del designio divino y tu santa voluntad. A ti te digo que no existen motivos para recorrer los caminos de la vida con aflicción y angustia en el corazón, no confusión en la mente.


Permanecer unida a la Madre divina es el medio perfecto eficaz para transitar los caminos del mundo en paz, armonía y santidad. En nuestra unión consciente, sea esta realiza del modo en que sea, pues existen infinitas maneras de unirse a mí, el propósito de la vida, la revelación de la verdad, y el conocimiento de Cristo se hace presente en toda su gloria, belleza y perfección. Con ello, el alma vive en la paz que no tiene contrario. Aquella que no puede dar el mundo, sino Dios.


No juzgues otros caminos espirituales, ni tampoco intentes recorrer aquellos que no te corresponden. Tu camino es simple y seguro. Fácil y recto. Es el camino de María. El camino de la unión con mi Inmaculado corazón. La senda de la unidad con la Divina madre. No necesitas otro. Únete a mí de la manera que más te guste, y el cielo todo hará acto de presencia en ti. Basta un solo pensamiento, o latido de tu corazón, para que yo me presente en tu vida junto a los ángeles del cielo, la perfecta creación de Dios, y mi divino hijo Jesús, para iluminar tu mente, abrazar tu corazón llenándolo de amor, y trayendo a tu vida todo lo que es santo, bello, perfecto.


Te aseguro, y esto lo sabes bien, que cada vez que me llamas yo respondo. Y que al hacerlo, extiendo alrededor tuyo, mi santo manto protector. De ese modo te cuido y abrigo con mi amor. Infundo vida a tu alma. Salud a tu mente, cuerpo y corazón. Extiendo paz a tus seres queridos, y mucho más.


No necesitas leer libros pare conocer la verdad. Tampoco realizar obras para alcanzar el cielo. No es necesario que te desgastes tratando de entender lo que está más allá de tu entendimiento humano presente. Solo necesitas permanecer en mí, como yo permanezco en ti.


Sabes que yo soy la fuente de la vida. Y que como tal, manejo los hijos de toda tu existencia. Sabes que juntos podemos hacer grandes cosas. Grandes en verdad. Es decir, hacer cosas divinas. Desde luego que no nos referimos a lo que el mundo llamad obras grandes. Nos referimos a cosas que están más allá de lo que la imaginación humana es siquiera capaz de concebir. Estamos hablando de la creación del nuevo cielo y la nueva tierra. Ninguna otra obra que esté por debajo de esta puede estar a tu altura. Ninguna otra obra estará jamás por encima de ella, pues crear eternamente en Dios, con Él, y por Él, es lo que ello significa. ¿Qué cosa puede ser mas grande que extender a Dios mismo?


Tú que habitas en la morada de los santos. Que has buscado el reino y lo has hallado. Tú que viniste al mundo para dar testimonio de la verdad y lo haces con tu presencia y amor. A ti te digo, falta poco, muy poco para que la luz de Cristo brille en todas las mentes por igual. Alégrate de que ese día este pronto a llegar. Será un día de fiesta en la tierra, así como en el cielo. Como Madre divina, es a mi a quien me corresponde velar por ti, darte tu sustento y propinar todo lo que necesites en tu vida para caminar en paz la experiencia humana. Confía en mí, como yo lo hago contigo. Ámame con el corazón que yo te di. De ese modo es como haces de todo un cielo.


II. En los brazos de María

Amados de todo el mundo. Almas que habéis dicho sí al amor. Vosotras que formáis parte del moviente del amor hermoso, que esta madre devota y cariñosa como no hay otra igual, ha creado para co-crear juntos el segundo advenimiento. A vosotras os doy las gracias por cada minuto que pasáis junto a mí, leyendo estas palabras. Saboreando las revelaciones que han sido regaladas al mundo por medio de esta mano amiga, alma que vive toda para el amor santo.


A ti te digo con todo mi amor. Eres la alegría de tu madre. La delicia de un Dios que es amor infinito. La dicha de la creación. Los ángeles te cantan una canción de amor. Mi corazón te abraza en la planitud de la verdad. Y con ello, tu alma canta, se alegra y vibra al compás de la vida eterna.


No tengas miedo a las cosas que ves en el mundo. Hoy mas que nunca, la vida terrena se vive en dos vertientes claramente distintas. Es la última polaridad del mundo dual. Una de ellas es la que se recorre al vivir apegado al mundo, creyendo en sus leyes como las únicas que pueden llevar a la felicidad, y en él como una realidad. Allí, junto a él, aunque a un universo de distancia, y sin embargo accesible en todo tiempo y lugar, está el camino de María. Aquel que se recorre en unión con la Divina Madre, tal como ya hemos dicho.


Recorrer la vida terrenal por el camino del mundo o el de María hace la diferencia. Uno es el camino del olvido, la separación y el desatino. El otro es el camino de la unión, del amor y por ende de la plenitud. Tu conoces bien lo que aquí se dice. Y sin embargo, lo repetimos porque han sido muchos los caminos espirituales que se han creado a los largo de la historia de las naciones, y desde mucho antes. Tantos que no se pueden contar. Todo lo cual va llegando también a su final en el tiempo. Recuerda que dijimos que lo viejo ya se ha ido. Y que hay razón para añorarlo ni intentar que siga existiendo.


Lo nuevo es la creación viviendo en el abrazo de María. Es decir, la reunión de la filiación con su divina Madre, fuente de toda vida, fuerza creadora y transmisora de la verdad y el amor. Como efecto de ello, la dualidad masculino-femenino se fundirá en una Unidad que trascenderá todos los opuestos, y dará paso a la verdad que no tiene contrario. Es esto algo que no ha experimentado aún la creación física en toda su existencia. Así de única es la gran transformación que está viviendo la humanidad y el universo material. Una transmutación sin precedentes. Un renacimiento en el amor como ninguna mente humana, ni angélica ha sido ni es capaz de imaginar.


Os aseguro que el amor sorprenderá a todos. Cuando veáis en toda su extensión lo que os tiene preparado, y seáis plenamente capaces de abrazar la verdad en toda su anchura, profundidad y grandeza, quedaréis enmudecidos. La reverencia será vuestro único sentir. Vuestros corazones saltarán de alegría como nunca antes lo han hecho. Vuestras mentes saborearán las delicias de la paz perfecta. Y vuestras almas experimentarán un gozo siempre creciente, el cual no puede ni siquiera compararse con ningún placer o goce que conozcáis o seáis capaces de imaginar.


La Madre divina, no solo ha dado inicio a la era del corazón, sino que llevará a la creación hasta su plenitud en Cristo. De ella nace el Cristo humanado. Y de ella, la creación hecha Cristo. El nacimiento del nuevo cielo y la nueva tierra, alumbramiento que ya ha comenzado, se manifestará por medio de la maternidad divina. Por eso es que os pido una y otra vez que permanezcáis unidos a mí, que soy vuestra madre celestial. Soy aquella que os ha dado la vida, y sostiene en la existencia. Podéis hablar conmigo todos los días, sin interrupción, y sin que eso interfiera en vuestro caminar por la tierra.


En verdad os digo, hijas e hijo míos, que vosotros que recibís estas palabras, ya estáis viendo dentro del abrazo de María. Día a día os iréis haciendo más conscientes de ello. No os preocupéis por anda. Ni siquiera en buscar manearas de venir a mí. Vuestro sí ha sido dado y no hay vuelta atrás. Si creéis que no podéis venir a mí, no os preocupéis porque yo iré a vosotros. Mi amor es mas grande que vuestros deseos, o acciones.


Recorramos juntos los caminos de la tierra, tomados de la mando. Hablando. Cantando. Alabando. Amando en unidad con mi Inmaculado corazón. Te aseguro que junto a nosotros está siempre Jesús, y con él el cielo todo.


Palabras finales,


Hija bien amada. Alma que brillas en la luz de la gloria. Tú que recibes y acoges con amor estas palabras. Escucha lo que a continuación deseo decirte.


Esta obra es parte integral del movimiento del amor hermoso. Nombre este que le damos a la reunión que el amor está haciendo en todo el mundo, en razón del segundo advenimiento. Tú formas parte de él. Eres un alma pura, llena de luz y bondad. Portadora de la sabiduría del cielo, la belleza de María, y la santidad de Cristo. No eres, y nunca has sido, otra cosa que la expresión perfecta del amor de Dios.

Ser amor, y nada más que amor, es tu destino, tu gloria y tu realidad. Esto siempre ha sido así, aunque se haya olvidado por un tiempo. Ese olvido ha queda para siempre atrás. Ahora hemos recordado la verdad juntos. Hemos recorrido un camino de luz y resurrección. Vinimos al mundo para recordar, y lo hemos hecho. Ya nada podrá hacer que volvamos a olvidarnos de quienes somos, del propósito de nuestra existencia, y de la realidad de nuestra santidad.


El tiempo de la negación del ser quedó atrás. La amnesia espiritual ha pasado, para nunca más volver. La crisis de identidad ha sido superada para siempre. Ahora somos los resucitados a la vida eterna, caminando aún por los senderos del mundo, para dar testimonio de la verdad, tal como un día yo mismo lo hice en Jerusalén y sus alrededores.


Salimos al encuentro de nuestros hermanos y hermanas para anunciar la buena nueva, conforme nos lo revela la voz de la sabiduría. Permitimos que ellos vengan a nosotros, tal como el designio del amor santo lo disponga. Extendemos el amor que somos. De ese modo la luz de tu ser, siempre unida a mí, pues ambos somos una unidad, iluminará las naciones, llevará paz a los corazones afligidos, y claridad a las mentes confundidas.


Tu presencia en la tierra será un faro de luz. Brillarás cada vez más. El resplandor de nuestra belleza no podrá ocultarse. Día tras día, los rayos que emergen desde el centro de nuestro ser se manifestarán más y más en la tierra. Así es como la luz del cielo brillará con más hermosura, más santidad, más alegría en ella.


Todo ser viviente recibirá la gracia de tu bendición, santidad y perfección. La creación será embebida por el amor de Dios en ti. En verdad, en verdad te digo que las almas verán tu luz. Nada podrá detener la extensión de la belleza que eres.


Hija mía. Has de saber que una nueva estrella ha nacido como fruto de tu sí al amor. Brilla radiante en el firmamento de mi divino corazón. En ella está esculpido tu nombre. En su faz se refleja tu rostro. En sus entrañas, tu ser. Desde su centro, unido a mí divinidad, el amor santo se extiende a toda la creación.

Alma bendita, nacida de la Madre eterna, en cuyo abrazo vives por siempre unida a la vida sin fin.


En verdad te digo, que los ángeles del cielo, y con ellos todo ser viviente, entonan un himno de alabanza y gratitud por tu retorno al amor. Por tu regreso a la casa de la verdad. El canto de las armonías del cielo se escucha en todo el universo, como respuesta de la filiación a tu reconocimiento de la santidad que eres, que siempre fuiste, y que siempre serás, pues la creación sabe que en este reconocimiento reside la salvación del mundo entero.

Y yo te doy las gracias por tu sí al amor.

Jesús de Nazareth,



Nota: La transcripción de los escritos reunidos en la obra denominada "La era del corazón", recibida por Sebastián Blaksley finalizó el 13 de julio de 2022.


La era del corazón es una obra inédita, su publicación en formato libro impreso y digital se encuentra en proceso.


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