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Creación viviente - Carta 32


I. Latidos del corazón de Dios


Hijito mío.


Aquí estamos tú y yo. Nuevamente abrazados en la consciencia del conocimiento de la verdad. Somos revelación de amor. Somos multitud incontable de vida y gratitud. Somos la totalidad del ser. Unidos somos la luz del mundo.


He venido a decirte que esa fuerza vital que sientes en tu interior procede del aspecto creativo del ser. La vida es creación, es siempre creativa. En este diálogo nos haremos conscientes del poder de crear vida que existe en ti. O dicho con mayor precisión, de la capacidad de co-crear vida. Recuerda que crear es un acto que procede de la unidad. No existe creación posible en la separación.


Aquí estoy. A tu lado y en ti. Soy el agua viva bajada del cielo. Soy la fuente del ser. Soy el fundamento de la creación. De mi brotan manantiales de vida eterna que fluyen desde mi divino ser hacia lo que eres en verdad. Y de allí a todo lo que existe en la infinita potencialidad divina.


Gracias te doy por tu sí. Por tu tiempo, dedicación y disposición a recibir y compartir estas palabras llenas de sabiduría y amor. Vengo en respuesta a tu llamada para hablarte una vez más acerca de los sentimientos. Es decir, de aquello que forma parte del aspecto emocional de tu humanidad. Escucha con amor y sencillez de corazón lo que aquí se dice. Y guárdalo en el silencio de tu corazón. Allí, se unirá a la verdad que eres y se hará vida. Tu corazón y tu mente saben qué cosa es el amor y la verdad, pues son sus moradas santas. Ambas unidas en la consciencia de la totalidad de tu ser.


Recibe esta revelación con alegría y en paz. Siente lo que estas palabras provocan en tu interior, conforme vamos desarrollando este diálogo de sabiduría y amor. Hazte consciente de tus reacciones, emociones, procesos mentales y cualquier otra cosa que experimentes, incluso la nada si fuera el caso. Dicho llanamente, permanece en tu interior.


Los sentimientos y emociones que se separan de la razón se desconectan de la realidad, al desunirse de la totalidad que eres en verdad. Recuerda que el amor sin razón es locura, tal como la mente desconectada del amor es crueldad. En esta afirmación reside la sabiduría acerca de cómo relacionarte con amor con aquello que llamas emociones y sentimientos. Esto se debe a que las emociones son pensamientos reflejados en el cuerpo y por ende se asocian a él. Si esos pensamientos corporales no están unidos a la verdad de lo que eres pasan a ser una fuerza vital separada del ser. Y dado que aquello que se separa de tu verdadera identidad engendra temor, cuando esto sucede pierdes la consciencia de la paz en la que existes, te mueves y eres. No hay paz posible fuera de la verdad.


El miedo que aún sientes que le tienes a las emociones procede de tu experiencia del viejo ser que un día creíste haber sido. Es decir, de aquello con lo que te identificaste como si fuera la verdad acerca de ti, a pesar del hecho de que no tenía nada que ver con tu verdadera identidad. En tu memoria cognitiva subyace el recuerdo de aquellas veces que crees haber decidido en base a tu corazón – aunque en realidad estabas siguiendo al aspecto emocional de tu falsa identidad – y crees haberte precipitado al desastre, según tu modo errado de ver las cosas. En verdad, en verdad te digo que esa es una creencia desencajada de la verdad. En este diálogo nos haremos consciente de ella y la dejaremos ir, fundiéndola en la luz de la consciencia. Luz que transforma todo en amor y santidad pues es la Luz de Cristo.


II. Mensajeros del corazón


Tal como se ha dicho, las emociones son pensamientos reflejados en el cuerpo. No proceden del centro de tu ser o corazón. Aun así, pueden ser integrados a la verdad del Cristo en ti y de ese modo dejan de ser un estorbo para pasar a ser postes indicadores que te muestran – en cierto modo - el camino de tu alma. Para saber cómo permitir que ellas sirvan como guías, se necesita disposición a dejarse guiar por la verdad, es decir por la totalidad que eres; amor y razón. La razón cumple una función esencial en este aspecto. En realidad lo cumple siempre, pues está tan unida al amor como lo está un rayo del sol a la luz. Ambas son una unidad.


La razón te dirá que tú no puedes ser eso que es inestable y se mueve como si se tratara de un mar tempestuoso. Las tempestades no proceden del sosiego en el que vive el alma pura. Cristo no se inquieta. No pierde nunca la paz. No tiene miedo. Cristo es luz. Y la luz no puede inquietarse bajo ninguna circunstancia. Simplemente ilumina con toda su magnificencia, independientemente de que el aire se mueva y cree vientos o huracanes, o no. Tú no eres tus emociones. Sientes emociones, pero no eres ellas. Del mismo modo en que no eres tus pensamientos. Experimentas pensamientos, pero no eres ellos. Creer que lo eres es lo mismo que creer que eres la sangre que fluye por el cuerpo, por la simple razón de que está allí.


Las emociones son emisarios. Indican un estado mental en un momento dado, conforme a la experiencia que está viviendo el aspecto corporal de tu humanidad. Simplemente eso. Esto quiere decir que si sientes miedo es porque de alguna manera percibes una amenaza. En el caso en que ese temor se refiera a las emociones que experimentas, o al cuerpo emocional de tu humanidad, entonces significa que crees que las emociones te pueden hacer algún daño. Quizá no creas que esto es lo que crees, pero déjame decirte que muy profundamente - incrustado en las bóvedas de tu consciencia-, está encerrado ese miedo. Y hoy será el día en que lo dejemos ir para siempre.


El miedo a las emociones en realidad procede del temor a perder el control. Esto se debe a que las emociones, al igual que los pensamientos, se perciben como si tuvieran vida propia, separada de tu ser. Y si bien has intentado encasillarlas en algún lugar de la estantería de tus creencias con el fin de controlarlas, parece que de tanto en tanto se saltan de sus casilleros. Aparentemente no se dejan atrapar ni encasillar. Hijo mío, lo que te asusta no son las emociones en sí, sino la experiencia de falta de control de las emociones que crees haber vivido en el pasado.


Perder el equilibrio emocional es un temor humano universal. Has estado lidiando con este temor y para ello has creado el mecanismo de intentar no sentir, de tal manera de no correr el riesgo de que se descontrolen tus emociones y con ello se ponga en riesgo tu integridad. Hasta aquí hemos dado una pequeña descripción del asunto. Sin embargo, ahora decimos en verdad que todo esto procede del pasado. Y aclararemos esta afirmación.


En el pasado, cuando te identificabas con el ego o falso ser, las emociones engendraban temor porque no habías hecho la opción fundamental de vivir en el amor, o en la verdad, lo cual es lo mismo. Vivías entre el extremo del amor y el miedo. Ese vaivén, que es la fuente de todo conflicto, engendraba el temor al descontrol. Cuando dejas de vivir en el estado fluctuante de la indecisión del amor, es decir, en ese estado del alma en el que aún no se ha hecho ninguna opción fundamental - y por lo tanto la mente y el corazón se baten entre los extremos del amor y el miedo, y pasas a vivir en la presencia del amor, dejan de existir razones para temer a las emociones, o a los pensamientos. Esto se deba a que, una vez que has hecho la opción fundamental por el amor, sabes por experiencia propia, procedente de la revelación, que el amor lo integra todo. Y con ello reconoces que el amor es la fuente de la integridad. En otras palabras, la pérdida del equilibrio emocional es algo que procede de una desconexión del amor en la consciencia singular.


III. Emisarios del amor


Hijo mío, a lo que le tenías miedo era a lo que no podías nombrar, ni controlar. O mejor dicho a lo que crees que no está bajo tu control, en este caso, los pensamientos que parecen como si fueran intrusos que se cuelan en la mente; o las emociones, las cuales parecen saltar de lado a lado de modo inestable. Este temor está unido al miedo a la incertidumbre. ¿Y cómo no ibas a temerle a algo así, si es que ello fuera verdad?


En el pasado, experimentabas las emociones como si se tratara de arenas movedizas. Recorrer sus sendas era algo tan inseguro como inestable, de modo tal que mejor era no andar por esos rumbos. ¿Verdad que has sentido muchas veces que tu alma era como una barca que estaba a la deriva, siendo arrastrada por vientos y corrientes que no podías controlar? ¡Pobrecita la barca, decías en tu interior! ¡Tan zarandeada de lado a lado! ¡Tan a merced de los caprichos de las olas y el viento! Y sin embargo, todo eso forma parte del pasado. Es decir, del viejo ser que un día creíste ser pero no eres.


Ahora vives en la verdad. Por lo tanto, la razón es puesta en el lugar que le corresponde. El mismo lugar en el que reside el amor. En ella, siempre unida al amor de la cual es una unidad, las emociones retornan al centro vital de tu ser. Es decir, dejan de ser fuerzas vitales separadas del ser para quedar reintegradas a él y hacerse una con la santidad que eres. Así es como retornan al amor para ser iluminadas en la verdad.


En tu mente reside la verdad. Echa mano a sus tesoros a cada instante. No existen razones para que no puedas acceder a ellos. Están ahí. En tu mente unida a tu corazón. Piensa. Observa tus pensamientos. Permíteles ser lo que son. Siente cada gota de tus sentimientos. Sean los que sean. No te separes de ellos, ni los juzgues o etiquetes. Simplemente siéntelos. Recuerda que el lenguaje de la mente puede ser diferente al del corazón, pero cuando permanecen unidos en la verdadera unidad que son, ambos lenguajes hablan de lo mismo. Hablan de amor. Hablan de ti. En otras palabras, hablan de la santidad que eres en verdad.


En el pasado, el corazón entendía razones que la razón no entendía. Y viceversa. Pero ahora que has integrado todo lo que eres, ahora que la mente y el corazón permanecen unidos en la plenitud del ser, ya no hay motivos para que eso siga siendo así. Ahora la razón entiende las mismas razones que el corazón pues ambas hablan un mismo lenguaje, aunque expresado de modo diferente. Ambas hablan el lenguaje del amor.


¿Qué motivo puede haber ahora para temerle a tus sentimientos o pensamientos, toda vez que comprendes que no son otra cosa que mensajeros del cielo que eres en verdad? Ellos vienen a ti para guiarte. Y para que no te olvides de dónde reside la dulzura, dónde mora la ternura, dónde habita la dicha sin fin en la que deseas vivir por siempre, pues es tu hogar. En vez de censurarlos o atacarlos, permíteles que te muestren el camino al cielo, pues ellos saben lo que eres y dónde vive el Cristo en ti. Únete a ellos y la integridad de lo que eres te hablará de ti. Y al hacerlo retornarás a la totalidad del amor.


Te bendigo en el amor. Descansa en la verdad.




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© 2021 Fundación Amor vivo -  Nuestro nombre "Fundación Amor vivo" busca representar nuestra aspiración de vivir siendo el amor que somos en verdad. Es decir, vivir aquí y ahora como el Cristo en nosotros. "Soy amor y nada más que amor" es la verdad que anhelamos hacer real aquí, ahora y siempre. Nuestra misión es extender la Luz de Cristo, viviendo, compartiendo y extendiendo los mensajes recibidos por Sebastián Blaksley al mundo entero, en unión y relación.

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