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El recuerdo del nuevo reino terrenal

I. Renacidos de lo alto


Amada mía. En ti hablo a toda la humanidad. Esta obra viene a despertar un recuerdo que existe en vuestros corazones. Una remembranza que procede de un conocimiento infuso en el alma, el cual le ha sido dado por la fuente creadora en su creación y, por lo tanto, forma parte de su ser. Me refiero, en esta oportunidad, al saber que mora en vuestros corazones, los cuales están siempre impelidos a elevarse a las cimas de la santidad.


¿Qué es lo que hace que el espíritu humano busque la superación? ¿Qué es lo que lleva a la humanidad a buscar elevarse e intentar vivir en un mundo mejor? ¿Qué cosa la impulsa a mejorar en forma individual y colectiva? Estas preguntas se presentan aquí con un propósito santo. Buscan hacerte consciente del deseo universal de la familia humana, de promover y crear una condición existencial y estado de vida donde se habite en paz, y se pueda ser feliz de modo duradero. Todo esto procede de un conocimiento que existe en el corazón mismo del ser. No se puede eliminar, ni acallar en su totalidad.


Quizá te hayas preguntado, por qué tus hermanas y hermanos se preocupan y se ocupan tanto para dejarles a las generaciones venideras una realidad de vida mejor. Los padres protegen los bienes para dejar su herencia a los hijos, para que estos puedan estar bien. De ese modo los cuidan dejándoles cosas buenas que los ayuden en su caminar futuro.


Muchas personas realizan obras que no serán vistas ni disfrutadas por ellas, con el solo fin de dejar un legado de bien para las generaciones venideras. ¿Acaso no se plantan árboles en los jardines y en las plazas, a sabiendas de que estos alcanzarán la plenitud de su belleza en un tiempo tan lejano, que quienes los plantaron nunca podrán verlos en su esplendor con los ojos humanos? ¿Para qué se hacen esas cosas?


Existe en el corazón de tu ser un saber que no es del mundo. En él reside el conocimiento de Cristo, cuya sabiduría es perfecta y constituye la verdad de lo que eres. En ella, eres conocedora de que la creación convergerá inexorablemente en un nuevo cielo y una nueva tierra. En efecto, conoces esa nueva realidad muy bien. Incluso la mente pensante o aprendiz la conoce bien. En el fondo de tu corazón, sabes que la historia de la creación terminará bien y que, en efecto, no terminará jamás porque todo lo que procede de Dios es eterno.


El nuevo reino terrenal es hacia donde la humanidad y toda la existencia del Universo material están viajando. Y allí llegarán. La nueva humanidad naciente, la cual ya está habitando el planeta tierra y va siendo cada vez más numerosa, es parte de ello. En esta obra he venido a revelarte más acerca de esa nueva realidad existencial, o nueva experiencia vital, a la que hemos dado en llamar nuevo cielo y nueva tierra, pero que en realidad es una nueva creación material y espiritual, la cual integra la existente.


II. El amor resplandecerá


Llamaremos al nuevo reino terrenal, con la expresión nueva creación para ayudarte a comprender en el lenguaje de la mente pensante, de qué se trata lo que aquí se revela. La nueva creación surge de la fuente creadora, es decir de Dios, independientemente de cómo lo llames. A los efectos de este diálogo, lo llamaremos Madre de la vida sin fin, para expresar aquello que es origen de todo origen y fin de todo fin. Es decir, la realidad primera y última del ser en la que todo lo que existe se mueve y es.


Hemos dicho que la nueva creación nace de Dios, es decir del amor perfecto. Y así es. Esto no significa que tu participación en ello sea inerte o neutra. Nada de lo que procede de ti lo es. El nuevo reino terrenal, y con ello el nuevo cielo, es expresión perfecta de la voluntad santa del corazón del mundo, es decir del corazón del universo creado, y del divino. Es tu creación, junto a la mía. Para ser más precisos, es la co-creación que juntos realizamos como humanidad divina que somos.


Naturalmente, la creación de una nueva realidad, o existencia, a la cual llamamos nuevo reino terrenal, no será el resultado de los ajustes realizados por lo que llamas “sociedad humana”, o del conocimiento adquirido de los hombres y mujeres del mundo a lo largo de la historia de las naciones. ¿Cómo podría ser de ese modo? Recuerda que la mente intelectual solo puede describir e interpretar hechos percibidos desde una lente que no puede ir allende los símbolos y las formas. Recuerda también, que estos son concebidos según la realidad que ella misma busca crear, a pesar de no ser fuente de creación, sino medio.


Quizá pienses que la afirmación que acabamos de hacer está alejada de la verdad, dado que la mente pensante es capaz de expresar ideas abstractas. Pero hija mía, cuando se habla de símbolos y formas, también se incluyen a las formas que llamas de abstracción. A pesar de ser ideas inmateriales, son formas de pensamiento. Todo es pensamiento, incluso en el mundo de las ilusiones. Todas ellas surgen de un discurrir mental. Nada de eso entra en juego en la creación de la nueva existencia de la que estamos hablando aquí.


Solo la consciencia divina y sus creaciones unidas a ella son fuente de creación. Esto es lo mismo que decir que solo el amor crea. Y tal como ya hemos dicho en otras revelaciones, solo crea un nuevo amor. Por lo tanto, el nuevo reino terrenal surge como efecto inseparable de la voluntad del creador y del creado, en cuya realidad solo existe la paz, la belleza, la santidad y todos los demás tesoros del reino.


III. El monte santo


Dios, en su infinita bondad, ha dispuesto desde toda la eternidad, que la nueva creación se realice en unión con la humanidad. No puede ser de otra manera, porque la naturaleza humana y la divina se han fundido en una unidad indivisa, sin que eso impida que Dios sea Dios y la humanidad sea humanidad. No creas que al decir humanidad, estoy hablando sólo de ese aspecto de la creación que has llamado ser humano. Al utilizar esa expresión, me refiero a todo ser viviente que forma parte del universo material, lo cual incluye también al sol y las estrellas, las galaxias y las piedras en toda su belleza y santidad.


La consciencia universal creó junto a Dios, con quien es una unidad, al nuevo reino terrenal, al que también se le ha dado el nombre de Reino de los cielos. Allí habitamos todos unidos en la santidad del ser. Gozamos de la belleza de mares y océanos mucho más vastos que los que hoy puedes ver con los ojos del cuerpo. En él, las montañas irradian una hermosura que da paz a las almas. Las aves vuelan un vuelo tan majestuoso, que al contemplarlas disfrutas como si de una danza perfecta se tratara, pues eso es lo que es.


Ese reino, lleno de materia y espíritu, de tierra y de cielo, existe. Es el “lugar”, que no es lugar, al que he dicho que iba, tras mi resurrección, para prepararle a cada uno de mis hijos e hijas una mansión santa en la que habitar por toda la eternidad, unidos al amor de los amores.


En el nuevo reino terrenal no hay sufrimiento, porque toda escasez ha sido abolida. Tampoco enemistades, ya que no existe el deseo de separación, ni ningún modo de pensar que esté alejado de la sabiduría. En él, solo habita el amor manifestándose en perfecta armonía con la fuente de la vida sin fin. No hay llantos ni lágrimas, pues todas han sido enjugadas como efecto bendito de un nuevo olvido consciente. En este caso, no del ser o de Dios, sino el olvido de todo lo que no es verdad al no formar parte de la voluntad divina.


La vibración actual de la consciencia universal, o de la creación material, es decir la capacidad de esta de permanecer unida a la verdad, es mayor que antaño. Esto se debe a que es parte del viaje de la creación. Es decir, que la consciencia, y con ello todo lo que forma parte de la creación, es más sutil. Esto le permite unirse a otras dimensiones de consciencia de un modo que no era posible antes de este intervalo de tiempo y espacio. Dentro de esos planos o dimensiones de consciencia se halla el que aquí denominamos Nuevo cielo.


Quizá hayas pensado que el nuevo cielo era un nuevo firmamento con más estrellas, o menos, o una luna de color celeste o rosado, o nuevos soles brillando en las alturas. Pero hijita mía, alma llena de luz, si así fuera la nueva realidad solo incluiría la forma y eso no sería algo en armonía con la verdad de la unidad divina.


El nuevo cielo es un nuevo espíritu viviendo en una nueva tierra. Todo en ella es expresión santa del amor perfecto. Esto hace que las mentes y los corazones de quienes allí moran, no experimenten limitación alguna, ni ninguno de los efectos del pensar del mundo de la ilusión. Sus mentes no piensan nada, solo reciben el puro pensamiento desde la fuente de todo pensamiento, que es la Madre de la vida sin fin. Sus corazones laten al compás del de Dios, pues son uno con él. ¿Qué otra cosa pueden expresar, consecuentemente, sino amor santo?


La muerte es inconcebible en el nuevo reino terrenal porque en él, todo está en perfecta armonía con la verdad, de la cual surge, y por medio de la cual se sostiene. No hay negación alguna de la verdad, ni deseo de obliterarla. Solo existe Cristo, expresándose en cada criatura o aspecto de la hermosa creación divina, manifestado en infinitas formas santas, entre las que tú serás una prominente. El lobo y el cordero comerán juntos, el león comerá hierba, así como también el buey. La serpiente se alimentará de miel. Y los vientos acariciarán suavemente los cuerpos. En todo mi monte santo no habrá quien haga ningún daño. Todo será risas y jolgorio, paz y gozo sin fin.




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