Extracto 2 de "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibida por Sebastián Blaksley

Actualizado: 11 may


La obra "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibida por Sebastián Blaksley, se encuentra en proceso de publicación.



Libro 1


Diálogos de un alma


Capítulo 1


Un lápiz en las manos del amor


I. Te bastará mi gracia


13.02.2013


Jesús: ¿Estás listo para ayudarme a salvar al mundo?


Sebastián: Sí.


15.02.2013 por la mañana


Jesús: Quiero que escribas para mí. El libro debe hacerse de a dos, porque se necesitan

solamente dos que estén unidos en un sincero propósito de alcanzar la verdad para que ella haga

acto de presencia en el mundo. Solo dos bastan para salvar al mundo. Goza de este camino que

preparé para ti desde toda la eternidad. Que se haga con alegría y no te preocupes por el qué dirán.

No te preocupes por nada, afuera las dudas. Este es un camino de júbilo. Escribe para mí y solo para

mí. De lo demás me ocupo yo. Así comienza nuestra historia de amor, la cual no terminará jamás.

Esta será la estructura del mensaje.


Perdónense los unos a los otros como yo los he perdonado.

Yo te he creado para que seas feliz en mi amor. Mi amor es misericordioso, compasivo,

perdona todo y contempla todo, no hace acepción de personas y disculpa todas las ofensas. Mi amor

es bondadoso, providencial, caritativo y servicial. Todo lo resuelve.

 Perdóname: háblale al mundo del perdón a Dios, de la necesidad que tienen
los hombres de perdonar a Dios.
 Perdónate: háblales también del perdón a uno mismo. Porque perdonar es el
privilegio de los perdonados.
 Perdónalos: háblales del perdón a los demás. Al mundo, a la sociedad, a la
vida, a todos y todo.

Háblales de mi misericordia. Háblales con la palabra, con el silencio, con tu testimonio de

vida, con tu oración, con tus alegrías y tus lágrimas. Háblales como a ti mejor te parezca, pero por

sobre todo, que tu vida sea un canto al perdón, porque esa es tú única función en este mundo:

perdonarlo todo en mí.



17.02.2013

Surge en la mañana en mi oración de silencio el siguiente diálogo.


Jesús: ¿Qué es lo que turba tu corazón en esta mañana? Cuéntamelo todo. ¿Por qué dudas?


Sebastián: Tengo dudas, Jesús. Muchas dudas acerca de todo esto. ¿Cómo es posible que yo esté escribiendo mensajes supuestamente tuyos y “X” los reciba con la encomienda de ser editora de tus mensajes? Me veo a mí y no hay nada que pueda convencerme de que yo pueda hacer algo así. En general, he visto que quienes reciben tus mensajes son personas virtuosas. Yo no lo soy. Al menos ellos, una vez que se encuentran con vos, ya dejan su falta de virtudes. Como Magdalena, Mateo, Pablo y miles de otros más. Pero yo sigo siendo cada vez menos virtuoso.


No sé qué me pasa, pero esto es así. Además, sé que en la mayoría de los casos, quien dice recibir mensajes recibe la orden de entregárselos a sacerdotes o expertos en discernimiento. “X” no es ni sacerdote, ni religiosa, ni psiquiatra ni es entendida en los asuntos del espíritu, científicamente hablando. Yo menos. ¿Cómo es posible que nosotros dos podamos hacer algo así? Siento que todo esto puede ser una alucinación. Un engaño del ego. Sé que el ego se espiritualiza y tengo miedo de que este sea el caso. Miedo porque me da mucha duda. Miedo porque no quiero fallarte. No quiero creerme que soy especial porque sé que no lo soy. Tengo miedo de que todo esto sea un vil engaño del supremo engañador, y me haga daño el terminar creyéndome especial cuando sé perfectamente que no lo soy. Por eso no quiero la notoriedad. No quiero que nadie sepa de estos diálogos, porque no quiero que alguien piense que soy ni santo, ni vidente, ni nada especial. Pero la duda persiste y, por otro lado, no quiero renunciar a responder fielmente a tu llamada. ¿Qué importa lo que piensen los demás? Si realmente esta es tú voluntad yo la seguiré sin ningún límite. Me basta saber que esto es lo que vos querés y yo me entrego completamente.


No es que me importe lo que a mí me pase, solo me importa no echar confusión sobre lo que la gente sabe de vos. Antes de ser instrumento de la confusión en tu nombre, prefiero estar muerto. Eso es lo que me atormenta. No ayudarte, sino complicarte con mis errores. Hay muchos falsos videntes y falsos profetas. Hay tanta pero tanta gente que confunde más a este mundo, que ya es casi una confusión total, que yo no quiero ser uno más de esos. Además, hay mucha gente que escucha tu voz, te ve y hace obras maravillosas. O mejor dicho, vos las haces a través suyo. Y acá estoy yo, que soy nada. Vos me dijiste una vez que todos son llamados, que solo pocos son fieles y receptivos a “la llamada”. Es lo que nos dijiste al decirnos “muchos son los llamados pero pocos los elegidos”. Yo quiero sinceramente decirte sí, un sí total. Quiero responder fielmente a tu llamada. Quiero hacer lo que me pidas. Quiero vivir entero en vos.


Nada me daría más alegría que saberme elegido por vos para contribuir con tu plan de salvación del mundo. Pero no sé si esta es la manera real en que me llamas o es todo un engaño de mi mente. Sé que me he equivocado mucho en esto y no quiero que esta sea una nueva confusión. ¿Por qué persiste esta duda que es tormento? Jesús, líbrame de la falsa humildad.


Jesús: La duda siempre estará. Es la diferencia entre la criatura y el creador. Solo Dios es certeza. Sigue adelante. Es mi voz la que escuchas y no te preocupes por nada.


Sebastián: ¿Por qué entonces ni te veo ni te escucho? ¿Por qué no hay en esto nada que sea similar a lo que he visto o conocido de otros casos?


Jesús: No me ves ni me oyes con los sentidos del cuerpo, pero me ves y me oyes con los sentidos de tu espíritu. Tu alma sabe quién está enfrente. No te preocupes por las manifestaciones externas. Sabes bien distinguir mi voz de otras. Tú conoces mi voz y la sigues porque eres ovejita de mi pequeña grey, y lo sabes bien. Yo sé lo que hago, ovejita mía. No todo puedo explicártelo. Si no tuvieras dudas, no tendrías fe. La fe gana méritos para el hombre. ¿Y crees acaso que to te voy a privar de los méritos de la fe? Te amo con un amor sobrenatural que sobrepasa toda medida humana. Mi amor no es como el amor humano.


Mi amor es salvífico. No te ahorraré jamás las pruebas y dificultades por las que todo hombre debe pasar. Son un regalo de mi amor. Esas pruebas te fortalecen. Y yo te estoy transformando a mi modo. Entre esas pruebas está la duda, la cual yo permito. No te preocupes por si lo que haces está bien o mal. No te preguntes si debes hacer tal o cual cosa. Deja todo en mis manos, tú lánzate a mi Amor sin medidas y sin medir las consecuencias. Que te sirva como guía esta verdad: si te equivocas por amor, yo te sonrío. Yo conozco tu corazón. Te conozco desde siempre. Te conozco incluso más que tú mismo. Y sé que tu amor hacia mí es incondicional. Sé cuánto me amas. Y sé que yo soy el amor de tus amores. A mí me haces muy feliz.


Sigue adelante y no te preocupes por las dudas. Sé que jamás en tu vida has tomado una decisión que no hayas puesto en mis manos. Te recuerdo que tú eres el niño de mis amores. ¿No te acuerdas, hijo mío, cuando venías al sagrario antes de cada examen que tenías en el colegio o en tu universidad y me pedías que te ayude a pasar el examen? ¿No te acuerdas acaso, cuando al tener que decidir acerca de aceptar un trabajo, rezabas un rosario para que sea siempre mi voluntad la que hicieras? Yo he visto cada moneda que has dado a los niños de la calle, solamente por amor a mí. Yo he visto todo, porque todo lo veo. Yo escudriño los corazones. Y he encontrado en ti ese no sé qué. Tú tienes ese “no sé qué”, que es el deleite de mi corazón. Si todos respondieran con tanta fidelidad y con tanto amor a mi voz, el mundo sería un paraíso.


Sebastián: ¿Por qué entonces me siento tan miserable? Yo sé, y vos también, que en mí no hay más que miseria. Sé perfectamente que no tengo virtudes. Veo en el mundo mucha gente virtuosa, y acá estoy yo, que no puedo ser ejemplo de casi nada bueno. Dudo de todo. Soy tímido. No puedo hablar de estas cosas. No encuentro ni siquiera palabras para expresarme bien. No sé ni siquiera hacer una síntesis de lo que quiero decir.


Jesús: Hijito mío, no siempre elijo a los mejores. Te bastará mi gracia.


Sebastián: Gracias, Jesús. Si vos lo decidiste así, que así sea. Vos sabrás para qué.


Jesús:Te amo con un amor incondicional y desinteresado, como amo a todos los hombres y a todo el mundo. Haz que mi voz resuene en todos los rincones del universo. No le niegues a la boca lo que tu corazón grita: Dios existe y es amor.


Gracias hijito por responder a mi llamada y recuerda que tú eres y siempre serás el niño de mis amores.

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