Extracto 5 de "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibido por Sebastián Blaksley

Actualizado: 26 abr

La obra "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibida por Sebastián Blaksley, se encuentra en proceso de publicación.





Libro 2

Canción del perdón

Capítulo 15

No es bueno que el hombre esté solo

I La relación


El cuerpo es el mecanismo que se usa para fabricar una individualidad. Todo el mundo anda por el mundo como si fuera un individuo, un ser aislado, y no se da cuenta de que esta idea es tan descabellada que no podría creerse en ella si se la examinara detenidamente. Crees ser un ser aislado de todo y de todos, con una vida “aparte”, con pensamientos propios y únicos que no compartes con nadie. Crees tener “intereses personales”. Y eso creen todos los que creen que un mundo de separación puede ser real.


Tú no puedes tener intereses personales porque todo en la creación es Uno. Lo que te afecta a ti le afecta a todos y lo que afecta a todos, te afecta a ti. ¿Cuántas veces has experimentado que el dolor ajeno te duele a ti? Esto se debe a que sabes de algún modo que el dolor de tu hermano es tu dolor. Sabes que tú mismo puedes experimentar ese mismo sufrimiento. ¿Cuántas veces has sentido alegría al ver cómo Dios le habla a otros “individuos” o por la alegría de tus hermanos? Sientes esa alegría porque sabes que si Dios le habla a él también te puede hablar a ti y también porque si tu hermano es feliz tú puedes serlo. Observa como el dolor de un hijo es dolor para la madre. Y cómo la alegría del hijo es alegría de la madre. Esto se experimenta así porque la madre considera a su hijo como una parte de sí misma como en efecto lo es, pues todo lo creado forma parte de ti y tú formas parte de todo lo creado.


Muchas veces la indiferencia ante el dolor ajeno no es otra cosa que un mecanismo de protección en la mente. Tan alto es el dolor que se siente al ver el dolor ajeno que ya no puede soportarse y entonces se busca no sentir más. Se cae en la indiferencia. Este mecanismo ya nos da un indicio de que en él subyace la creencia de que el dolor ajeno es dolor propio. Del mismo modo que la alegría ajena es alegría propia. Te gustaría que la “humanidad” encuentre la “cura a las enfermedades” porque eso te atañe a ti. Te gustaría que todos tus hermanos fueran felices porque te das cuenta de algún modo que tú mismo no puedes ser feliz en un mundo donde “los otros” son infelices. Tú eres uno con todos y todos son uno contigo. No te veas a ti mismo como un cuerpo pues no es lo que tú eres. Tú eres espíritu, como también lo es cada uno de tus hermanos.


Hay algo que aún no sabes y debes aprender. No existe nada fuera de ti. Todo lo que existe está en tu mente. No puede existir nada fuera de la mente que lo percibe. Tú eres el que percibes todo lo que crees que existe. Sin ti nada existiría. Tú fabricas el mundo que ves muy literalmente. Y en ese mundo que fabricas crees que hay individuos separados. Cuerpos que caminan aislados y encerrados en “su propio mundo interior”, donde nadie se comunica con nadie. Cada cual parece tener una “vida aparte”, el camino de la vida de “cada uno”. Nada de esto puede ser verdad porque solo existe una vida y esa vida es la que compartes con Dios. No eres un individuo. Eres el hijo de Dios.


Dios solo tiene un hijo. Y ese hijo parece haberse fraccionado en miles y millones de fragmentos separados que dan “vida” a cuerpos materiales que vagan por el mundo aislados. Es a todas luces lo opuesto a la unión. El amor une. Por lo tanto todo lo que separa no puede provenir del amor.


Singularizar es aislar porque separa. No creas que eres tan diferente de tus hermanos como crees.

Fíjate en las igualdades. Todos desean ser felices. Todos experimentan miedo. Todos andan en busca del amor. Todos andan tratando de resolver sus conflictos a su modo. Todos quieren vivir y temen a la muerte porque todos temen al dolor. Puedes crecer en tu tolerancia al dolor pero no puedes hacerlo en forma ilimitada. Todos tienen un límite para soportar el dolor y por ende todos huyen de él. Todos creen ser un cuerpo. Todos ríen, lloran, alaban o sufren. Todos los cuerpos andan en busca de otros cuerpos así forman parejas en cualquier forma en que esta se establezca. Todos tiene miedo a la soledad y por sobre todo: todos buscan a Dios; todos andan en busca del amor. Amor al trabajo, amor a sí mismo, amor al dolor, amor al bienestar. No importa cuál sea la forma en que ellos conciban el amor, todos lo buscan. Tras esas búsquedas subyace la búsqueda de Dios. Todos se alimentan. Todos duermen. Todos experimentan idénticas necesidades corporales. Todos protegen la vida del cuerpo porque todos tienen un “instinto” de conservación de un modo u otro.

II. Elevación de la mirada


Dime, alumno dilecto de mi corazón, ¿dónde ves diferencias reales entre tú y tus hermanos? He de enseñarte una lección antes de responder a esta pregunta. Crees en las diferencias entre tú y tus hermanos, entre todo lo que ves con los ojos del cuerpo, porque no has aprendido a entender la diferencia que existe entre lo esencial y lo superficial. Te guías por la forma y no por el contenido. Ves diferentes formas y asumes sin mucha reflexión que si las formas son diferentes entonces hay diferencias. Pero no miras más allá de la forma, más allá de lo evidente a los ojos. Aprende a mirar más allá. Aprende a mirar con los ojos del espíritu.


Más allá de la forma está la verdad. Debes aprender a no confundir lo que es igual con lo que es diferente. Esta es la confusión general del mundo. Si en el interior de tu hermano existen los mimos temores, las mismas luchas, las mismas alegrías, las mismas búsquedas, los mismos anhelos, aunque se manifiesten en formas diferentes ¿por qué sigues pensando que eres tan diferente? Todos son iguales porque todos fueron creados a la misma semejanza de Dios, por ende no pueden ser diferentes. No puedes comprender todavía la unidad en la diversidad que es la esencia de la creación. Dios hace uno a todos en el amor, y en la diversidad está el todo. No puedes ver el todo porque estás demasiado concentrado en ver la parte. Unidad en la diversidad, en esto radica la armonía de Dios. Todo está unido en el amor que es la esencia de todo ser.


Nada podría existir si en ello no hubiera vida. ¿Cómo podría estar vivo algo que no tenga vida? Lo que vive, vive porque en ello tiene que estar la vida misma infundiéndole vida a cada instante. ¿Esa vida que todo ser viviente posee, puede acaso ser diferente de ser a ser? ¿De dónde brota esa vida? ¿De dónde brota la vida que tú tienes y que cada uno de tus hermanos tiene? ¿De dónde brota la vida que cada ser viviente tiene? ¿Puede brotar de diferentes fuentes? ¿No es más sensato reconocer que la vida solo puede brotar de la fuente misma que da vida? Esa fuente, ¿qué es? Esa fuente es en sí la vida. Es la fuente del amor. Es la fuente del significado mismo. Es fuente viva y vivificante. Esa fuente es la que vive en ti, en tu hermano y en toda cosa viviente, por lo tanto no puede ser diferente de uno a otro. ¿Puede la luz ser diferente en un tramo en que el haz de luz se ve, que lo que es en otra parte de ese mismo haz de luz? Es obvio que no. La luz es luz en toda su amplitud, anchura y longitud. Es luz desde que surge hasta el final. La luz es siempre luz. Del mismo modo que la vida es vida siempre. Si hay vida en ti, hay vida en tu hermano. En consecuencia, no puede haber diferencias entre tú y tu hermano.


Si pones agua en un recipiente cuadrado ésta adopta la forma cuadrada. Si la pones dentro de un cuenco circular esta adopta la forma de redondez. ¿Quiere eso decir que esa agua es diferente? La verdad nos dice que esa agua sigue siendo la misma agua, más allá de la forma que adopte. Aprende a ver con los ojos del espíritu y verás el alma. Si sigues queriendo ver cuerpos los verás. Pero no estarás viendo nada, porque el cuerpo no es real. Lo que está eternamente vivo, más allá del cuerpo es lo real en la creación. Las formas, los cuerpos, son como un velo puesto sobre la verdad para ocultarla. Y se hace eso para preservar la individualidad. Estás tratando de demostrarte a ti mismo y a Dios que eres un individuo aislado, con intereses personales, separado de todo y todos. Eso te cuesta la conciencia de la verdad de que eres uno con todo y todo es uno contigo. Al aislarte no puedes por menos que sentirte solo, pues aislarse es ir en busca de la soledad.

III. Hermandad universal


Nadie es feliz en el aislamiento porque nadie fue creado para estar solo, es decir aislado. Dios ha creado toda la creación para ti. Te ha dado miles y millones de hermanos para que seas feliz. Y les ha dado a todos tus hermanos a ti mismo para que ellos sean felices contigo y por ti. Si no te decides a ver a tu hermano como lo que es, tu santo hermano, creado para tu felicidad, que te ama con amor perfecto desde su verdadero ser y a quien tu ser ama con amor perfecto, te sentirás solo. Y al sentirte solo te sentirás triste porque jamás podrás ser feliz sin la verdad a tu lado, porque fuiste creado para vivir en ella. Aún más: si no consideras a tu hermano como lo que es, un hermano, proyectarás esa imagen que te formas de él sobre ti. Lo que piensas de tu hermano lo piensas de ti simplemente porque es imposible que creas que tu hermano es diferente a ti. En el fondo de tu mente, muy alejado de tu conciencia, reside el conocimiento de que tú y tu hermano son uno. Y en el de tu hermano también.


Cuando atacas a tu hermano te atacas a ti mismo, porque percibirás pensamientos de culpabilidad. No importa si tu hermano se sintió atacado o no, o si reacciona o no. Tú creerás que él te odia porque tú lo odiarías si te hiciera lo mismo. Entonces, recuerda que nunca atacas a tu hermano sino a ti mismo. Porque lo que hagas a tu hermano te lo haces a ti mismo. No a él, sino a ti. Por eso puedes atacar el cuerpo de tu hermano y él estar en paz mientras tú estarás invadido por remordimientos de culpabilidad y destruirás tu paz mental. Nadie puede atacarte a ti. Si crees que te atacan es porque no te has dado cuenta de lo imposible que resulta que te ataquen.


Cada cual se ataca a sí mismo o se ama a sí mismo en el otro. Esto se debe a que cada vez que te encuentras con un hermano, o bien te encuentras a ti mismo, o te pierdes a ti mismo. Del mismo modo que cuando atacas a tu hermano te atacas a ti mismo pues te haces consciente del odio que hay en ti, de esa misma manera cuando ofreces paz a tu hermano te la ofreces a ti mismo. Porque al ver que suscitas alegría en el otro te haces consciente de que algo en ti debe experimentar esa alegría que tú diste, y así te haces consciente de tu alegría interior. Cuando das felicidad y te das cuenta de que haces feliz a los demás, se expande la felicidad en ti porque te haces consciente de que algo en ti suscita felicidad. Por eso es importante que ames a tu hermano. Porque de otro modo no podrás amarte a ti mismo. Aprende a distinguir lo verdadero de lo falso y serás feliz. Aprende esta eterna verdad: nunca has herido a tu hermano.


No puedes herir a otro porque es solo a ti mismo a quien hieres. Solo a ti mismo puedes atacar. Del mismo modo en que jamás has sido herido, nadie puede herirte. Nada puede atacarte. Si un hermano parece atacarte recuerda que se está atacando a sí mismo. No interpretes eso de otra manera porque no estarás interpretando las cosas sobre la base de la verdad. El que tú te enojes o no es tu decisión. El que tú quieras llenar tu mente con pensamientos de resentimiento o no es siempre tu elección. Pero no elegirías eso si te dieras cuenta de que no es necesario que lo hagas.


Elige solo los pensamientos amorosos para que tu mente esté siempre iluminada, no para que tu hermano cambie y tampoco para tener razón o dejar de tenerla. No abrigues pensamientos rencorosos porque son esos pensamientos los que destruyen tu paz mental. La paz es un don de Dios y debes cuidarla a toda costa. Tú eres custodio de tu paz interior. No la pierdas por nada del mundo porque en efecto, no puedes dejar de tenerla en ti pero sí puedes perderla de vista.


Perder la paz significa que dejas de hacerte consciente de la paz que no tiene contrario, que es inmutable. Al perderla de vista no puedes más que sufrir. Tus pensamientos de rencor son los que ciegan tu visión de la paz, pero puedes dejar de conservarlos en tu mente y entonces no podrás por menos que ver la paz que vive en ti.


Aprende que es dando como se recibe. Si das odio recibirás odio porque te harás consciente del odio que crees que hay en ti. Si das paz la recibirás, porque ella crece dándose. Así es como se extiende. Hazte esta pregunta: ¿qué quieres extender, el reino del cielo o la nada?

Capítulo 16

Todos son mis hijos

I. Jerarquías


Niño de mis amores, deja que descorra un poco más el velo de la ignorancia para ti y verás la verdad y no podrás evitar saltar al cielo de un brinco. No tengas miedo pues yo estoy a tu lado. Nos acompaña mi ternura infinita, tómala pues es para ti.


Crees, pues así has aprendido del mundo, que existe un orden de jerarquías. Seres superiores a otros y por ende seres inferiores a otros. Consideras a la creación como un conjunto de diferentes niveles o de diferentes reinos. El reino inanimado, el reino vegetal, el reino animal. Y crees también que en la cúspide de esos reinos está el “hombre” como amo y señor de toda la creación.


Esta creencia no puede más que ser falsa, puesto que no tiene sentido que Dios cree seres que deben ser sometidos a otros. Parece que Dios creara a las hormigas con el único propósito de ser objeto del señorío del hombre. A los peces para ser alimento humano, creados solo para ser devorados. A las plantas para ser objeto de tus caprichos. Aún más, crees que existen jerarquías incluso entre cada nivel. También en el llamado reino humano hay “personas más valiosas” que otras según las creencias del mundo. Los reyes valen más que los pordioseros o los pordioseros más que los reyes. Los ricos y los pobres. Los sanos parecen valer más que los enfermos para algunos o los enfermos más que los sanos para otros. Los sanos y los enfermos.


Los que están vivos, más que los que están muertos, y para algunos valen más los muertos que los vivos. Los vivos y los muertos. Incluso hay quienes sostienen que los “niños valen menos” que los “adultos”. ¿No matan acaso los hombres a sus crías en el vientre y los abortan extirpándolos de la vida? Hay quienes consideran a las mujeres por debajo de los hombres y se atreven a apedrearlas de diversas maneras o a tratarlas como viles objetos de sus caprichos corporales. Otros sostienen que es más valiosa la “juventud” que la “vejez” porque no comprenden que Dios no tiene edad. Dios es eterna juventud. Eterna niñez. Eterna vejez. Y nada de eso a la vez. Pues Dios simplemente es.


Así, según tus creencias, continúan las jerarquías. Las llamadas “clases sociales”. Esta absurda creencia de las jerarquías se extiende incluso hacia el cielo, según los que creen en ella. En el cielo, dicen los devotos de las jerarquías, hay diferentes niveles de seres espirituales, los hombres, los ángeles, arcángeles, querubines, los tronos y dominaciones y muy por encima de ellos Dios. Es como una gran obra de arte de las jerarquías. abajo, los seres inanimados, seres sin alma, por encima los vegetales, arriba de ellos pero no mucho, los animales, muy por encima los seres humanos, arriba de ellos los ángeles, luego los arcángeles y así continúa la escala hasta Dios.


Por debajo de todo, el infierno, con seres creados que parecen atormentar al hijo de dios y a los que de algún modo sus hijos le hacen más caso que al mismo Dios. Como si el hijo de Dios tuviera una inclinación natural inherente a sí mismo que lo impulsa a seguir al demonio en vez de a la voz de su padre amor. Nada de esto tiene sentido. ¿Con qué propósito podría Dios crear algo así? Todo este sistema de pensamiento apunta a la separación. En un mundo definido sobre jerarquías, nada puede estar unido. Pues una hormiga jamás podrá aspirar a ser un ángel.


Una rana jamás podrá llegar a ser un hombre. Incluso aquellos que creen en la reencarnación consideran que la rana debe dejar de ser rana para “elevarse al nivel de ser humano o antes de seguir en la escala de jerarquías”. Incluso para ellos mientras la rana es rana es inferior a los seres espirituales. Y por sobre todo, nadie podrá ser jamás como Dios. A Dios no se le puede alcanzar, dicen los que creen en esta inexistente escala de jerarquías. Él parece haberse guardado la jerarquía superior a la que nadie puede aspirar ni alcanzar de tal modo que entonces se jacta a sí mismo de su superioridad, que él mismo hace evidente al crear estas jerarquías. Una vez más, nada de esto tiene sentido.


No es difícil alcanzar a Dios. De hecho es antinatural que no alcances a Dios. Pues Dios y tú son uno. Es imposible que estés separado de Dios, del mismo modo en que es imposible que Dios esté separado de su hijo. Si sigues creyendo en la ley de las jerarquías, creerás en lo imposible. Creerás que debes alcanzar a Dios y no te darás cuenta de que vayas donde vayas él va contigo. No porque tú tengas que alcanzarlo sino porque él ya te ha alcanzado. Dios alcanza primero porque Dios ama primero. Dios es el primero porque es el origen. Quizá alcances el estado en que creas que Dios está a tu lado pero si te detienes en esa creencia no podrás alcanzar la verdad que es esta: eres uno con Dios. No existe tal cosa como tú aquí y él allá porque no existe tal cosa como acá la tierra y allá el cielo. El cielo y la tierra son uno como Dios y tú son uno.

II. Igualdad ante Dios


La única verdad de la creación es la absoluta igualdad, la cual debe entenderse en un plano horizontal y no vertical. Todo lo que crea Dios es uno. Dios ha creado una creación, que es una en todas sus partes y en el todo. Dios crea de sí mismo y por esto no hay partes en la creación. El hijo único de Dios es la creación, que es la suma de todos los pensamientos de Dios en grado infinito y para toda la eternidad. No puede definirse a la creación de ninguna otra manera porque Dios crea con el pensamiento y la creación es el pensamiento de Dios. La mente no puede tener jerarquía de pensamientos puesto que un pensamiento, pensamiento es, en consecuencia, todo pensamiento es pensamiento. El pensamiento eterno es igual en su esencia, igual en su naturaleza, sin distinción de ningún tipo. La verdad de la creación es su perfecta igualdad y en ello reside su poder. En ello reside su santidad. Igualdad en el amor. Igualdad en Dios.


Cuando observes una hormiga dite a ti mismo: en ella hay mucho más de lo que soy capaz de comprender. Porque en ella hay vida. Y donde está la vida está la fuente de la vida misma. Y donde está la fuente está el amor. Por ende, la hormiga que tú ves es una manifestación del amor. Es misterio pues la vida es un misterio para los hombres. Entonces, ¿por qué juzgas a la hormiga? ¿Crees que es inferior a ti? Si en ella reside Dios, ¿cómo podría serlo? ¿Crees que los virus son inferiores a ti? ¿Cómo podrían? ¿Crees que el sol es más bello que tú? ¿Crees acaso que una flor es más dulce que tu amor? ¿Cómo podría, si tú eres el sol, la flor, el virus, la hormiga y todo?


Todo lo que vive, vive en Dios pues Dios lo abarca todo. No hay un espacio donde él no esté. ¿Qué puede haber allí donde lo ilimitado no está? No te atrevas a juzgar a una hormiga pues no la conoces. No te atrevas a juzgar al sol, pues no lo conoces. No te atrevas a juzgar a tu hermano, pues no lo conoces. No te atrevas a juzgarte a ti mismo, pues no te conoces. No te atrevas a juzgar a Dios, pues no lo conoces. No te atrevas a juzgar a la creación perfecta de Dios, que es la manifestación de la perfección misma, pues no la conoces. Entonces, ¿por qué té juzgas? Ríete serenamente de tus juicios pues todos son falsos y abandona ya esa pérdida de tiempo que te ha costado tantas lágrimas. Deja tus juicios a un lado.


Tú no deberías juzgar puesto que no sabes. ¿Con qué base verdadera puedes juzgar si no sabes nada? Tú no sabes nada. ¿Entonces por qué te juzgas? Tú no sabes nada, entonces ¿por qué juzgas a tu hermano? Tú no sabes nada, entonces ¿por qué me juzgas? ¿Crees acaso que tus juicios son más verdaderos que los juicios de la verdad? Los juicios del amor son los únicos juicios verdaderos. Esos son los Juicios que no son tuyos, pero sí son para reemplazar a los tuyos. Tú fabricaste tu capacidad de juzgar, la cual es en todo errada. Dios no juzga, Dios es. Él no quiso dejarte esclavo de tus propios juicios y prisionero de la ignorancia.


La verdad solo puede juzgar en espíritu y verdad y sabe que solo puede juzgar en el amor porque sabe que solo este es real. Lo demás no proviene de Dios y por ese motivo no proviene de ningún lado. Descansa en paz para siempre liberándote de ese fardo de los juicios que te has echado a los hombros hasta quebrarte. Renuncia a tus juicios, y alégrate de haber estado equivocado con respecto a todo. Jamás podrás ser lo que nunca serás, jamás fuiste y no eres. Tú eres eterna inmutabilidad del amor.

Capítulo 17

La verdad, el camino y la vida

Tú que escuchas estas palabras no creas que son palabras humanas. Soy Dios y nada es imposible para mí. Yo me comunico con mis criaturas del modo más adecuado conforme al designio de mi infinita sabiduría. Yo te instruiré durante un período que ya ha sido designado desde la eternidad y luego, a su debido tiempo, tú cumplirás la función que con el beneplácito de tu voluntad, en la voluntad de tu padre, ha sido asignada y así tú serás mi mensajero. Yo por amor te revelaré grandes cosas que son para tu bien y el de muchos. Has de saber, alma mía, que tu único propósito es salvar al mundo por el camino del perdón y el amor; y todo el que escucha mi voz tiene este único propósito. El mundo no se salvará hasta que no entienda el verdadero significado del perdón.


El mundo debe saber que yo no concluiré mi función hasta que todos los aspectos de la creación sean restituidos al padre, pues esa es su voluntad y su voluntad se hará. Yo, el amor, junto a todos los hijos de mi padre que son mis hermanos entonaremos con mi voz un eterno himno de dicha infinita y cantaremos eternamente a la belleza sempiterna. La creación será restituida a la eterna felicidad en la que fue creada desde la eternidad y para toda la eternidad. Dios ha creado a sus hijos para ir al cielo y al cielo, irán pues esa es su voluntad. ¿Qué podría oponerse a la voluntad de Dios?


Reconoce que Dios es amor y te darás cuenta de que solo el amor es.


Acepta que la verdad te hará libre porque tú eres tal como Dios te creó para ser. Cree esto y serás libre.


¿Libre de qué? De todo engaño.


¿Qué es el engaño? El engaño es lo falso, la mentira, es decir lo opuesto a la verdad. El engaño es lo que nunca fue ni nunca será pues no ha sido creado, por lo tanto no tiene causa ni puede tener efectos. Dios es la causa de todo lo que es y lo que él no ha creado simplemente no es real.


Lo que Dios no creó no es, nunca fue y nunca será.


La verdad no tiene opuesto.


¿Qué es la verdad?


Cristo es la verdad y nada más lo es.

Capítulo 18

Verdadera libertad

Dios crea seres eternamente libres desde la eternidad y para toda la eternidad, por lo tanto eso es lo que tú eres. Sin embargo, la mente puede considerarse a sí misma como lo que no es y creer que es otra cosa diferente de lo que en realidad es, pues la mente puede creer lo increíble. Así las mentes vienen al mundo en busca de ser quienes no son. De este modo creen “crearse” a sí mismas y ser su propio dios. Quien cree en las premisas de este mundo no cree en un solo dios en absoluto, o mejor dicho, cree en un solo dios que es él mismo. En esta creencia radica la base de tu único error al verte a ti mismo como lo que no eres, pero esta falsa creencia tiene un propósito: negar a Dios. Al negar a Dios niegas la verdad y por lo tanto “produces” un falso ser en ti al que desconoces y le indicas a tu mente que sea lo que no puede jamás ser. Así se construye “la falsa realidad del dolor”.


Todo sufrimiento es un engaño, una mera ilusión y un intento de esclavizarse. Es un vano esfuerzo por demostrar que Dios no existe. Dicho llanamente, todo sufrimiento es consecuencia de negar tu ser.

¿Te preguntas qué tiene que ver la libertad con tu identidad? Todo. Porque la verdadera libertad consiste en ser libre para expresarte tal como eres. Expresar y manifestar son lo mismo, por ende, un ser libre se manifiesta libremente. La manifestación es inevitable en el ser. Todo ser se expresa, de lo contrario no se conocería a sí mismo. Libre expresión es lo que significa ser libre. Para poder serlo debes amarte a ti mismo pues de lo contrario intentarás no manifestarte. Es por esta razón que una y otra vez te he dicho que te aceptes tal como eres.


Hijo mío, no hay razón para que tengas que temer nada acerca de ti mismo. Todos tus sentimientos proceden de mí. Todos son buenos. ¿Crees acaso que Dios se equivocó al crearte?

Todo lo que forma parte de ti es santo en razón de quien te creó. No hay nada malo en ti. No hay nada que sea digno de ser considerado vergonzoso. Todo lo que eres es perfecto pues eres hijo del creador de la perfección. Puede que tú tengas otra idea de ti mismo, pero que tú creas que el sol es un cubito de hielo no hace que eso sea verdad.


Recuérdalo bien: eres la santidad encarnada. Eres vida. Vida eterna porque yo soy el resucitado. En mi resurrección está la clave de la verdad.


Canta, baila, llora, ríe y alaba. Exprésate. No le niegues al cielo la estrella de tu ser. No le niegues a la boca lo que tu corazón grita: Dios existe y Dios es amor.

Capítulo 19

El Hijo de Dios eres tú

Detrás de todo engaño de este mundo subyace una sola falsedad que adopta muchas formas aparentes. Eso es la mentira.


Las diferencias en las formas no significan diferencias en el contenido. La falsedad, la mentira subyacente a todas las diferentes formas de engaño, se sustenta en la creencia en la muerte. Todo dolor, angustia, resentimiento, ansiedad, un leve suspiro de enojo, el fruncimiento del ceño, un gesto rencoroso en la voz o hasta el más mínimo atisbo de infelicidad, es una forma de creer que la muerte es real. Pero, ¿puede ser real la muerte, o es más bien una simple creencia equivocada, un simple error que debe ser corregido?


Dios es dador de vida, eternamente vivificante.


Dios es la fuente de la vida.


Dios crea seres eternamente vivos, por lo tanto la muerte es una falsa creencia. Pero no creas que la muerte adopte una sola forma pues tiene muchos disfraces. Bajo esos disfraces está siempre la equivocación de creer que la muerte es real. Elimina esa creencia y dile sí a la vida.


Dios es vida.


Tú eres vida.