Extracto 6 de "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibido por Sebastián Blaksley

Actualizado: 26 abr

La obra "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibida por Sebastián Blaksley, se encuentra en proceso de publicación.



Libro 3

Amanecer


Capítulo 14

El amor de María

I. En los brazos de la madre


31.12.2014


Hoy en la celebración de la santa misa escuché en mi interior.


María: Hijo mío, hay un camino alternativo. Un camino que es completamente ajeno a los caminos del mundo. ¿Quieres recorrer ese camino junto a mí?


Sebastián: Sí, quiero, porque tú me lo pides y ofreces. Y porque sé que todo lo que procede de ti es para mí bien y mi felicidad, pero, ¿en qué consiste ese camino? No entiendo. No es que necesite entender, pues me basta tu palabra. Pero quisiera saber qué es lo que debo hacer para recorrer ese camino que me propones, de tal modo de no ser negligente.


María: Te estoy invitando a recorrer un camino nuevo. Un camino desconocido para el mundo. Un camino que ningún pensamiento mundano podrá hacerte comprender. Un camino que no es del mundo aunque en él se comience a recorrer. Te estoy invitando a recorrer juntos los caminos del amor. Estos caminos, que son un mismo camino, pues conducen a una misma meta, se recorren simplemente abandonándote en mí. Abandonando la culpabilidad y toda idea de sacrificio. Confiando plenamente en mi corazón inmaculado. Dejándote llevar por el soplo de mi amor. Entregándome a mí todas tus creencias. Estando dispuesto a dejar de ser el que fuiste hasta ayer. Confiando, confiando y confiando en mí.

¿Puedes confiar plenamente en mí y abandonarte por completo a mi amor?


Sebastián: Yo creo que por mí mismo no puedo, pues no sé qué es la verdadera confianza. Yo creo que no sé confiar. Me cuesta confiar. No sé por qué pero me cuesta. Me cuesta, pero sin embargo necesito y quiero confiar y por eso confío a pesar de todo. No quiero ser hipócrita diciendo que puedo lo que no sé si puedo, aunque verdaderamente quiero poder confiar plenamente. No sé si por mí mismo puedo confiar plenamente, pero qué importa eso si yo no estoy por mí mismo. Yo confío porque tú confías. Es tu confianza la que será mi confianza. Por eso te digo siempre que sí. Me lleves donde me lleves. Me mandes donde me mandes.


Hagas lo que hagas conmigo yo siempre te digo que sí y siempre te diré que sí. ¿Qué cosa puedo yo por mí mismo? Nada. Pero yo no vivo por mí mismo, yo vivo la vida que vivo en Dios y por eso siempre confiaré en ti. Siempre te diré que sí, aunque no entienda y aunque el mundo entero me abandone por seguir tus caminos, yo siempre te diré que sí porque si no voy contigo, ¿a dónde iré? Sin ti yo no soy nada. Sin ti no tengo camino. Sin ti no tengo amor. Sin ti yo quedo en la obscuridad y en la soledad. Sin ti yo no quiero estar, porque tú eres mi vida, mi amor y mi todo. Por eso te digo que sí. Siempre sí.


María: Gracias por confiar en mí. No te arrepentirás. Ámame en libertad y no te preocupes más por nada. Yo soy tu camino y tu vida y todo tu ser es mi responsabilidad. Desde ahora y para siempre yo te absuelvo de todas tus responsabilidades para contigo mismo, para con los demás y para con Dios. Ya has superado la prueba. Es justo que te sea dada tu recompensa. Toda tu vida es asunto mío. Alégrate de recorrer junto a mí el camino del amor perfecto y no te preocupes por nada. Vive en paz y sé feliz, pues yo siempre estoy a tu lado. Para ti no habrá juicio. Para ti solo habrá amor.

Una reflexión de Sebastián


Supe por gracia del Espíritu Santo, que la voz que habló en mi mente era la virgen María en su advocación de santa María de Lourdes, y que su voz era reflejo de la voz de Jesús. Y supe también que todos mis renunciamientos durante mi infancia, adolescencia y juventud, todos los cuales fueron muchos y fueron a causa de lo que entendía en esos momentos de mi vida, que era correcto renunciar por amor a Cristo, fueron los que me dieron la gracia del perdón perfecto. Supe que el cielo debe ser conquistado con el único corazón que Dios nos dio. Abandonándose en su amor. Esto incluye el renunciar a todo aquello que es contrario a sus leyes.

II. Escucha amorosa

02.01.15


El pensamiento vino súbitamente y dijo: Saber escuchar es el privilegio de los que saben amar.

Hoy escribo lo que ayer experimenté.


La noche anterior, antes de irme a dormir, tuve necesidad intensa de rezar el rosario de la divina misericordia pidiendo a Dios, por medio de su Espíritu Santo, que me conceda la gracia de destrabar un trauma o conflicto interior que para mí era severo y me producía una gran dosis de sufrimiento. No sabía bien cómo ponerlo en palabras y yo lo expresé del modo en que lo entendía. Sentía que desde hace mucho tiempo algo en mi interior me estaba mortificando. Me generaba una inmensa confusión, inestabilidad, miedo y turbación. Pero no sabía de dónde venía o qué era lo que lo causaba. Pero sí sabía que había algo que necesitaba “destrabar” en mi corazón.


Y sentí una gran necesidad de que finalmente se destrabe. Y como no sabía ni siquiera cómo expresarme o cómo ponerlo en palabras, entonces recé la coronilla a la divina misericordia, porque sabía muy bien que con esa oración Jesús nos da todo milagro que le pidamos. Él lo prometió y por eso tiene que ser verdad. Y como Dios no necesita de nuestras palabras sino de nuestras intenciones, entonces en mi interior me dije, como suelo hacer, “bueno, hay algo en mí que me está trabando, mortificando y me produce un inmenso sufrimiento y siento que procede de alguna experiencia del pasado. No tengo idea qué es ni cómo expresarlo, pero no importa. Lo expresaré tal como me salga. Y con la mayor sinceridad y humildad que pueda. Jesús va a entender a pesar de que lo que yo diga no tenga sentido en las palabras. Porque al fin de cuentas, él me conoce más que yo mismo. Asique solo necesito ser sincero conmigo mismo y con Dios. Lo demás, lo hace él”.


Entonces recé con la mayor sinceridad de corazón posible y sin protocolos tratando de ser lo más auténtico y espontáneo que podía. Al terminar de rezar, me quedé en silencio unos minutos más y después me fui a dormir.


Me despertó un sueño muy vivo que tuve. Fue un sueño, nada más, pero sabía que en él había un mensaje. Que tenía un significado. Era un sueño tan vivo que quedó como grabado en mi mente. De algún modo, yo sabía que el Espíritu Santo había respondido a mi oración por ese medio, trayendo a mí consciencia algo que estaba sumergido en mi inconsciente y que ahora estaba emergiendo para que pueda ser sanado. El sueño tuvo un gran impacto en mi mente y durante el resto del día no podía “sacármelo de la cabeza” (como suele decirse para expresar que no se salía de mi consciencia). Tampoco quería “sacármelo”, porque algo en mí me decía que en ese sueño estaba la “clave” de un gran trauma interior.


Al despertar, no lograba entender el significado del sueño pero, sin embargo, tenía una gran necesidad de saberlo. Como no lograba poner claridad en mis pensamientos al respecto del sueño, pero “intuía con una gran certeza” que era importante que pueda descifrar el significado del sueño, entonces decidí hacer lo que siempre hago cuando me percato de que yo no puedo lograr algo por mí mismo, lo cual sucede casi siempre. Me puse a rezar, en una oración desestructurada, hablando directamente con Jesús, es decir, con el Espíritu Santo, y pidiéndole ayuda para que me explique lo que me estaba queriendo decir, porque yo no podía entender los símbolos que aparecían en el sueño, ni las relaciones que había entres esos símbolos. Y como además no suelo pensar en los sueños ni analizarlos, entonces no tengo experiencia en interpretar símbolos.


No sé entender el significado de nada en general y mucho menos esta cuestión de los símbolos y sus significados. Aunque ciertamente sería bueno que lo supiera hacer, dado que todas las cosas son símbolos y, por ende, interpretar adecuadamente sus significados es el modo de vivir en la verdad. Pero como también sé que nosotros los seres humanos no entendemos el verdadero significado de los símbolos ya que no entendemos el verdadero significado de nada, entonces no tiene sentido intentar entenderlos.

III. Coloquio interior


El interprete verdadero de los símbolos es el Espíritu Santo. Asique me dije a mí mismo, “bien, deja de intentar entender, más vale acortar el camino y ahorrarte tanto esfuerzo y miedo al tratar de entender lo que no puedes. Más vale preguntarle directamente a quien tiene la respuesta a esos símbolos, y listo. Preguntarle directo al Espíritu Santo, ¿para qué perder el tiempo intentando hacer lo que no puedes, teniendo al lado precisamente a aquel que puede y quiere hacerlo gustosamente por vos y para vos?”. Entonces, con este pensamiento en mi mente, pedí luz a aquel que vive en mí y es la luz de la verdad. Luz que clarifica todo error, llevando de ese modo paz a la mente. Porque nosotros necesitamos entender y tenemos derecho a entender. No somos felices viviendo en la ignorancia, en la confusión o en la negación.


Necesitamos que se nos explique y que podamos entender. Este entendimiento fue muy valioso para mí pues experimenté una gran paz interior. Me refiero a lo siguiente: nosotros necesitamos entender. Tenemos derecho a entender. Yo pensaba, hasta ayer, que teníamos que tener una actitud de escucha pasiva frente a Dios. Que simplemente él nos tenía que decir algo y nosotros acatar eso que escuchábamos sumisamente y sin decir nada ni preguntar nada. Pero esto es un error. Simplemente no es verdad, tal como yo lo experimenté. Jesús, el Espíritu Santo (que no es otra cosa que el espíritu vivo de Jesús, porque ciertamente está vivo, pues ha resucitado para siempre) escucha amorosamente, con total atención e interés a todo lo que queramos o necesitemos decirle. A Él le interesa muchísimo todo lo que nos pasa. Él no tiene ansiedades de ningún tipo y no es como los hombres que son impacientes y no sabemos escuchar debidamente. Jesús nos escucha tanto como necesitemos ser escuchados. Y no lo hace con una actitud de impaciencia o desinterés como pasa tantas veces entre los diálogos humanos. No.


Realmente quedé sorprendido de su capacidad de escucha amorosa y atenta. Sorprendido quizá no sea la palabra adecuada. Quedé enamorado. Me sentí amado, al ser escuchado de ese modo. Sentí interiormente que a Jesús le interesa todo acerca de mi vida. Que no hay un solo latido de mi corazón que sea indiferente para él. A Jesús le importa y mucho, todo, absolutamente todo lo que nos pasa. Nada de lo que sentimos o pensamos le es indiferente.


¡Qué distinto que es Jesús a los hombres de la tierra! Sé que él también es un hombre pero no es como los hombres de la tierra. En general, las personas nos interrumpen cuando hablamos y nosotros interrumpimos a quienes nos hablan. O nos callan poniéndonos límite a lo que queremos decir o al tiempo en que queremos expresarnos. Todo esto es una falta de amor, porque demuestra el desinterés que tenemos frente al hermano que quiere expresarse con nosotros, que necesita ser escuchado, que necesita hablar por mil razones, que muchas veces ni siquiera él mismo sabe. Pero Jesús es diferente. Jesús escucha amorosa y atentamente todo lo que queramos decirle.


Así fue expresado parte de ese diálogo interior. Solo detallo aquello que debe ser descripto, para que se entienda bien que Jesús quiere que le hablemos. Que contemos con él. Que él nos escucha atenta y amorosamente siempre. Que no tengamos reparo alguno en hablar con él, tal como estemos. Tal como podamos expresarnos. Tal como seamos. Tal como nos salga. Nada de eso importa. Jesús dispone de su paciencia y amor infinitos para con nosotros y para con todo. Él nunca tiene prisa. Y para que también se entienda que saber escuchar es saber amar.


Sebastián: Jesús, necesito entender los significados del sueño. Algo en mí necesita saber. Pero no logro entender y necesito tu ayuda. Siento que ese sueño es un mensaje que procede de tu espíritu en respuesta a mi oración. No estoy interesado en el sueño en sí, sino en entender, para resolver qué es aquello que traumatiza mi interior e impide que siga adelante en paz, tal como te lo dije ayer en mi oración de la coronilla. Y como este tema es muy importante para mí, necesito pedirte ayuda para que me ayudes a entender y clarificar mi mente para que se desate este nudo que hay en mi interior. Yo por mí mismo no lo logro ni puedo. Pero sé que tú puedes hacerlo por mí y para mí. Ayúdame, Jesús.

Te lo pido, porque sé que me ayudarás en esto ¿puedo pedirte ayuda Jesús, también en esto? No sé cómo hacerlo porque no me salen bien las palabras. No sé bien qué es lo que quiero decirte pero necesito hablar de todo esto y no tengo con quien hacerlo, porque sé que nadie podrá entenderme realmente, ya que es un tema tan personalísimo. Y, además, porque nadie podría darme la respuesta a mi pregunta salvo tú y porque no estoy interesado tampoco en hablar con nadie más que contigo. Porque eres mi mejor amigo, mi mejor hermano y porque para mí eres la persona en quien más confío. Yo confío en ti más que en nadie en este mundo, incluyendo a mí mismo. ¿Puedo pedirte ayuda, Jesús, también es esto?


Jesús: Hermano mío, sabes bien que yo soy todo tuyo y tú eres todo para mí.


Habla, santo hermano mío. Tienes necesidad de hablar. Habla. Cuéntamelo todo. Descarga todo tu corazón en mí. Háblame sin mesura. Sin ningún tapujo. No te limites en nada con tu amigo fiel. Somos amigos del alma y los buenos amigos se escuchan amorosa y atentamente. Habla, amigo mío. Deja que todas las palabras ahogadas en tu corazón se liberen. Háblame. Háblame. Háblame. Cuéntamelo todo, como se lo contarías al más entrañable de tus amigos.


No te preocupes por si hablas mucho o poco. Disponemos juntos de toda la eternidad. No hay prisa, amigo del alma. Necesitas hablar. Necesitas expresarte. Necesitas ser escuchado con amor por el amor. Aquí estoy, Sebastián, siempre a tu lado. Siempre amándote y esperándote. Gracias por tu confianza. Yo nunca te defraudaré, porque tú eres todo para mí. Háblame y no te preocupes por nada. Es el amor que escucha al amor.

Una reflexión de Sebastián


Durante muchas horas, casi todo el día, estuve hablando acerca de un tema muy profundo en mi interior que durante casi toda mi vida tuve ahogado en mi corazón y me producía una inmensa infelicidad.


Jesús me escuchó siempre con una paciencia infinita. Asimismo, me explicó todo lo que yo no entendía y que necesitaba ser explicado para el bien de mi alma. Me explicaba todo con tal paciencia, serenidad y ternura que me dejó enamorado. No hubo una sola palabra que yo haya dicho que no sea escuchada con gran atención e interés amoroso y sin ninguna interrupción. Del mismo modo, no hubo ni una sola cosa, de la que yo tuviera necesidad de explicación, que él no se haya tomado el tiempo necesario para explicármelo completamente. Respetando mis tiempos y no forzándome a entender lo que no entendía. De tal manera que si tenía que repetir algo varias veces para que lo entienda o explicármelo de otros modos, lo hacía hasta que yo era capaz de entenderlo bien.


Me impresionó el modo de escucha amorosa de Jesús. Yo sentí muy claramente que él era feliz escuchándome y se tomaba todo muy en serio, en el sentido en que todo lo que yo expresaba era importante para él, porque lo era para mí. Y de ese modo yo me sentí valioso para él. Me sentí amado, valorado. Sentí que le importo mucho a Jesús. Mucho más de lo que podía imaginarme.


Jesús ama la autenticidad del corazón. Lo repito varias veces porque me ha causado una impresión tan grande, tan dichosa y tan maravillosa que siento el deseo de sentarme serenamente junto a la orilla de un río y quedarme ahí solamente para hablar con Jesús por toda la eternidad. Hablar con él, ser escuchado por él y escucharlo a él es un gozo que no tiene contrario y que no puede expresarse en palabras.


Siento muy vivamente que para mí el cielo es ese “lugar” en el que finalmente podré quedarme sentado plácidamente junto a Jesús para escucharlo, para mirarlo, para contemplarlo en silencio y hablar eternamente en un lenguaje que no tiene palabras porque es el lenguaje del amor.

Con todo esto quiere darse a entender que escuchar es una de las formas que adopta el amor. Necesitamos escucharnos más y mejor. Necesitamos ejercitarnos en la escucha amorosa. Necesitamos amar a través de la escucha sin juicio. Porque escuchar amorosamente es un modo de aceptar al otro tal como es. Es un modo de decirle al otro: “te amo. Me interesas. Tu vida y lo que eres me interesan mucho, por eso te escucho, porque te amo”.


Ojala que los hombres aprendamos también esto de Jesús: a escucharnos amorosamente siempre. ¿Cómo hacerlo? Olvidándonos de nosotros mismos cuando estamos frente a un hermano. Dejando nuestra impaciencia a un lado. Dejando a un lado todo lo que pasa por nuestra mente cuando estamos frente a alguien. Dejando a un lado nuestras necesidades e intereses personales, nuestras ansiedades y miedos cuando estamos en presencia de alguien. Prestando plena atención a aquel que está a nuestro lado en cada encuentro. Para que de este modo podamos ser una entrega amorosa total hacia nuestro hermano. Dejando que hable o calle tanto como quiera. Sin exigirle nada. Quedándonos en silencio interior escuchando y hablando cuando es necesario. Sin juzgar nada. Sin juzgar el contenido de lo que se nos dice, ni la forma en que se expresa. Sin juzgar si el otro está hablando mucho o poco.


Sin juzgar si tenemos que hablar mucho o si no tenemos que decir nada. Lo que tenga que decirse se dirá por amor y lo que tenga que callarse se callará por amor. De este modo, cada encuentro será un encuentro santo ya que será un encuentro sanador. Sanará el corazón del otro ya que saldrá de ese encuentro con la experiencia viva de haber sido escuchado amorosamente y por ende amado al haber sido aceptado tal como es. Y será un encuentro santo también porque sanará mi corazón al haber podido experimentar un lenguaje que va más a allá de lo dicho, más allá de todo gesto, más allá de toda palabra. Habré experimentado el lenguaje del amor, el cual está presente en cada interacción humana pero pasa desapercibido para aquellos que no saben escuchar porque no saben amar.


Nuestra función no es juzgar, sino aceptar. Nuestra función no es analizar, sino aceptar. Nuestra función no es enseñar, sino aceptar. Nuestra función no es dirigir, sino aceptar. Nuestra función no es imponer, sino aceptar. Nuestra función no es poseer, sino aceptar. Nuestra función es aceptar porque esa es la función del Espíritu Santo. Todo lo demás procede del ego.

Capítulo 15

La paz es tu destino

I. De corazón a corazón

02.01.2015


Por la tarde, meditando acerca de la importancia de la escucha amorosa, pensaba en lo siguiente: ¿Qué pasa con aquellas conversaciones vanas que muchas veces se presentan ante uno y más particularmente con aquellas palabras que claramente no proceden de nada que tenga verdadero valor? ¿O esas palabras y conversaciones que enturbian la mente, la cansan y la dejan desasosegada? Hay tanta superficialidad en el mundo. Hay tanta vanidad en este mundo. Hay tanta palabra inútil. Hay tanta palabra que muestra la miseria del corazón humano. Hay tanta palabra soez. Hay tantas palabras que son como una cachetada.


Hay tantas palabras que son una invasión y atropello. Hay tantas palabras huecas. Hay tantas conversaciones vacías. En fin, hay tantas conversaciones y palabras inútiles o que desarmonizan, que muchas veces uno quisiera simplemente ser sordo a todas esas cosas. Yo no soy quien para juzgar nada ni a nadie. Pero estoy seguro de que todos sabemos bien que existen ese tipo de palabras y de conversaciones, donde el amor no tiene cabida y tampoco la verdad. Estoy seguro de que todos tarde o temprano, en mayor o menor medida sabemos esto muy bien, porque algo en nuestro interior siente como un regusto o punzada de malestar.


Entonces escuché lo que a continuación expreso:


Jesús: No te entremezcles en conversaciones o relaciones que te roban la paz, la alegría o el sosiego. Las conversaciones que no proceden de mí no proceden de ningún lado y. por lo tanto. no conducen a ninguna parte. Escucha solamente a los que te hablen de mí.

Sebastián: Pero yo no veo a casi nadie que me hable de vos. ¿Qué quieres decir con que escuche solamente a los que me hablen de ti?


Jesús: Todo aquel que te hable de corazón a corazón te está hablando de mí. Porque yo hablo al corazón y vivo en los corazones. Recuerda que el amor no es algo que haces o dejas de hacer. El amor no es algo que piensas o dejas de pensar. El amor no es nada de lo que el mundo cree que es, porque el amor está más allá de toda palabra y de todo pensamiento humano. El amor no es un sentimiento. El amor es lo que eres.


El amor vive en el corazón y es uno con él. Esta es la razón por la que te exhorto a que no escuches las palabras que no proceden del corazón, porque esas no son palabras verdaderas, son pseudo-palabras. Son palabras insonoras y expresan un lenguaje ininteligible. Nadie puede comunicarse a nivel del ego pues es la torre de Babel.


Escúchame en el único lugar en que puedes oírme. Escúchame en el corazón de los demás y en el tuyo pues son uno. Todos unidos somos la luz el mundo. Si tu hermano no quiere hablar desde el corazón, no lo escuches pues eso que habla no es tu hermano. Eso que parece hablar, no tiene oídos para escuchar, ni verdadera voz para hablar. Splo el amor es capaz de establecer una verdadera comunicación, y esto siempre se establece de corazón a corazón. Lo demás está de más y no debieras oírlo.

Aprende a hablar y a escuchar. Aprende a hablar y a escuchar con el corazón. Aprende el lenguaje del amor. Aprende el leguaje de la comunión. Este es el único lenguaje verdadero. Cuando hayas aprendido el lenguaje del amor, el cual no tiene palabras, habrás abandonado para siempre la soledad y no oirás ningún otro lenguaje porque te darás cuenta de que no existe otro lenguaje que el lenguaje del amor. Entenderás esto al entender que la creación es comunicación. Más aún, entenderás que solo el amor puede comunicarse y solo se comunica con el amor. En la autenticidad del corazón escucharás mi voz.


Recuerda que “la Palabra se hizo carne y habitó entre los hombres, pero los hombres no la escucharon”. Los hombres no la escucharon porque no abrieron sus corazones. Yo soy la palabra y habito en los corazones. Yo soy amor. El amor es la palabra, por quien todo fue hecho. La palabra existe desde siempre. La palabra existe desde antes de que exista el tiempo. La palabra es eterna y existirá eternamente aun cuando haya desparecido el tiempo. Porque todo en este mundo pasa, pero mi palabra no pasará jamás. Quien escucha mi voz, escucha mi palabra. Quien escucha mi palabra, escucha la verdad. Quien escucha la verdad escucha al amor.

II. Todos ante la luz

11.01.2015


Hoy durante el rezo del santo rosario me asaltaron pensamientos asociados a la sensualidad, como muchas otras veces sucede. Esta vez, a diferencia de otras veces en que simplemente no les doy importancia decidí, después de terminar de rezar, sumergirme en oración y pedir al Espíritu Santo lo siguiente:


Sebastián: Espíritu Santo, estoy cansado de que me asalten pensamientos que generan distorsión en mi interior y desarmonizan mi mente. No me siento culpable por ello, pero reconozco que estoy cansado de estos pensamientos que me distraen, me cansan y me confunden. A veces esos pensamientos, que vienen durante la oración o en el silencio, tienen el contenido de problemas futuros a resolver, a veces son pensamientos sensuales, a veces odios hacia ciertas personas a quienes parece que no he perdonado, a veces simplemente son ansiedades que me dicen que no me quede quieto en silencio y en oración porque estoy perdiendo el tiempo.


En fin, miles de pensamientos que tratan de sacarme de ese silencio de oración. Y la verdad es que me tienen cansado. En vez de intentar negarlos, los voy a aceptar, es decir los voy a mirar cara a cara, sin miedo y te los entregaré a ti, Espíritu Santo, para que hagas descender sobre ellos tu luz sanadora. Necesito paz y no puedo tenerla mientras en mi mente aparezcan estos pensamientos que no me dejan rezar en paz ni me dejan estar sereno. ¿Qué es esto que me asalta en la oración y en muchas otras oportunidades en que quiero estar sereno y en paz y me roba el sosiego y la alegría interior?


No quiero caer en la trampa de las generalizaciones, pues me he dado cuenta que muchas veces, eso es un mecanismo para no resolver nada y que todo quede tal como está. Tengo necesidad de ser muy concreto para que desde ese mecanismo específico, que experimento interiormente, puedas ir hacia la raíz para sanar lo que no está sano en mí, porque si siento desarmonía interior, entonces señal ha de ser que hay algo en mí que no está funcionando bien. Yo no sé qué es pero tú sí que lo sabes.


Ven, espíritu de sabiduría y amor y dame tu luz para que tu sabiduría sea la fuente de mi saber y obrar. ¿Qué es esto de la ley de la atracción física o psicológica? ¿De dónde viene? ¿Para qué está? ¿A dónde va? ¿Por qué suscita tanto miedo en mí? Espíritu de amor, siento que todo esto de la ley de la atracción física y psicológica es una fuente de culpabilidad grande en mí. Te entrego esa culpabilidad asociada a este mecanismo interior y también te entrego el mecanismo en sí, para que lo transformes de fuente de dolor a fuente de amor, pues tú puedes transformar todo lo que nos hace daño en un instrumento para alcanzar la santidad y vivir en paz. Amén.


Súbitamente escuché lo que a continuación se hizo en mí:


Jesús: Haces bien en entregarme todo aquello que consideres que te hace daño o te produce algún tipo de infelicidad, sea grande o pequeño. No importa. Pues si te produce algún tipo de desarmonía, no le corresponde estar en ti. Yo tengo el poder de hacer de todo un cielo y serenamente transmutar todo lo que piensas que piensas, todo lo que crees que sientes y todo lo que consideras como experiencia, en medios que te permitirán alcanzar y conservar mi paz, la cual es también tu paz.

III. Pensamientos verdaderos y falsos


Has avanzado mucho en el camino de la verdad. Recuerda que serás una morada digna de Cristo toda vez que te dejes interpelar serenamente en tu interior, sin que eso produzca miedo en ti. Tú puedes contármelo todo sin necesidad de sentirte avergonzado por nada, pues no hay nada de qué avergonzarse. El problema no está en esos pensamientos, sino en la culpabilidad que asocias a esos pensamientos. Si dejaras de sentirte culpable por esos pensamientos, al igual que por cualquier pensamiento, entonces ellos dejarían de ser utilizados por el enemigo de la paz para robarte la paz.


Esos pensamientos no son pensamientos, son simplemente representaciones del pasado. Imágenes. Esos pseudo-pensamientos o imágenes proceden del pasado y, por ende, no vienen de ningún lado. Tampoco van a ningún lado. Recuerda que del polvo vienen y al polvo volverán. Cuando te asalten esos pensamientos, déjalos ir, así como vinieron. Pues ellos vinieron sin pedir permiso y sin que nadie los invite y del mismo modo se van. Son un pandemonio de locos que andan dando vueltas por ahí para la perdición de la paz. Simplemente ignóralos pues si les prestas atención, estarás restándole atención a Dios, dándole tu atención a aquello que es nada. Esas imágenes proceden del ego, por eso es que proceden de la nada y no tienen ningún poder real. Pero eres tú el que puedes concederles poder o no. El ego es paciente y muy activo. Y no le importa esperar minutos, horas o años, con tal de robarte la paz. Pues ese es su único propósito, robarte la paz para matarte.


El ego nunca es inocente, y hace todo con el propósito de asesinar. No minimices el odio del ego. Tampoco lo veneres teniéndole miedo. Pero negar la perversidad del ego y su odio insaciable no es el camino para deshacer el odio. Puede que te veas tentado a minimizar el odio que el ego te tiene y al minimizarlo sientas una sensación de menos ansiedad