Extracto 7 de "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibido por Sebastián Blaksley

Actualizado: 18 may

La obra "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibida por Sebastián Blaksley, se encuentra en proceso de publicación.



Libro 1

Diálogos de un alma


Capítulo 5: Amor que sana

I. Médico de las alma

08.03.2013


Hoy mientras viajaba en el tren, de regreso del trabajo a casa, una visión clara en mi mente explicó lo que a continuación escribo. Se escribe, según me fue dado a entender, para que todas aquellas almas que se vean a sí mismas enlodadas en la miseria y se consideren hundidas en la desesperación, encuentren consuelo y paz y de este modo se entreguen serenamente al amor de los amores. A los brazos de Jesús y de María, cuyo amor es uno e incondicional pues no hace acepción de personas.


Jesús: El alma, tal como este concepto se entiende en el mundo, o la mente, pasa por tres etapas en este mundo. Todas ellas son parte del camino del alma.


La primera etapa del hombre en el mundo es una etapa de consciencia baja. Es el tiempo en que el niño experimenta el mundo y vive de la confianza en un grado de entrega a Dios.


Luego, el alma desciende al estado de inconsciencia. Es esta una etapa de negación de la verdad. El alma se deja arrastrar a los abismos de la miseria. Desciende en un camino de descenso que va cayendo poco a poco. Es en esta etapa en que se experimentan las atrocidades humanas. Etapa que normalmente se manifiesta entre los 20 y 40 años medidos en el tiempo del reloj humano. Estos números no deben ser comprendidos en forma fija ni literal ya que algunas mentes lo experimentan antes y otras, después. El grado de profundidad de la caída depende de cada alma. La duración también, ya que ninguna es igual a otra.


Hay almas cuya caída es casi imperceptible y su duración también, en otras es leve, otras se dejan arrastrar a las más hondas ciénagas del abismo. Muy, muy, muy pocas y casi ninguna de las almas en este mundo deja de experimentar esta caída. Es en esta etapa en que el hombre desciende incluso por debajo de las bestias. Sí, por debajo de las bestias. Pues ¿Qué animal aborta a su cría? ¿Qué animal descuartiza a su congénere con el solo propósito de gozar de un placer perverso? ¿Qué animal inventa bombas atómicas con el solo fin de dominar en un ansia de poder y codicia desenfrenada? ¿Qué bestia inflige dolor para deleitarse en el oprobio de ver sufrir a la víctima, bajo múltiples formas perversas? Muchos son los ejemplos dolorosos que podemos citar. No es necesario más. El que pueda entender que entienda.


El alma no queda en el estado anterior, sino que a su tiempo comienza el ascenso a la verdad. Comienza el camino de retorno al cielo. Es la etapa de consciencia elevada. ¿Cuándo se produce esto? Eso lo decide la mente de cada uno. La caída y la subida son elecciones libres que hace cada uno. Y ¿con qué se elige sino con la mente? Solo la mente elige. Por ende, la mente libremente cae y libremente se levanta. Cae en su estado de consciencia, se eleva en su consciencia de la verdad. Se eleva al amor, se eleva a Dios

Acerca de la elevación del alma


Cuando el alma comienza el retorno al cielo, comienza su ascensión. El alma recibe gracias especiales en esta etapa y es asistida por Dios de modo particular. Esto es así por amor de Dios, ya que al momento en que elije retornar, la mente cambia su mirada interior y se espanta al ver profanado el altar de Dios, que es el interior de cada uno. Queda con tal grado de espanto, conforme al grado de su caída, que muchas veces no podría soportar lo que ve ya que la culpabilidad la enloquecería. A mayor caída, mayor espanto y, por esto, mayor dolor.


Tan pronto el alma decide retornar, el cielo todo la asiste. Así comienza su purificación, y su retorno es seguro. El alma se direcciona muy certeramente hacia el corazón de Dios. Y al haber dado aunque sea el más mínimo indicio de querer retornar, entonces La fuerza infinita de Dios la acompaña. Y así, el alma que decidió dar el primer paso de regreso, tiene la seguridad de que Dios dará todos los demás hasta concluir la resurrección del alma en su plenitud. Todo esto pasa ajeno a su consciencia pero poco a poco va llegando a ella. Es esta una etapa donde al inicio se puede experimentar un gran dolor o desorientación, pues el alma aún no sabe qué le pasa. Pero de algún modo, en la profundidad de su mente, sabe que algo cambió, ya que la decisión fue tomada por ella pero en un nivel muy profundo de su interior. Ya le dijo un sí definitivo a Dios. Es esta una etapa normalmente de cambios, todos ellos positivos, aunque el Alma no lo comprenda así.


Muchas de las llamadas depresiones, tristezas, cambios en el “estado de vida”, y cosas semejantes que el mundo considera “malas”, no son otra cosa que la manifestación de este cambio que muy acertadamente el alma emprendió para retornar a Dios. Todos ellos son necesarios y buenos. El camino del ascenso al cielo, esta tercera etapa de consciencia Elevada, está marcado por el dolor interior. No debería ser doloroso pero normalmente lo es. Porque la mente sabe que está cambiando y tiene miedo al cambio. Este miedo procede del miedo que le ha dado su primera experiencia de cambio, la caída. Entonces, no quiere cambiar por temor a seguir cayendo, pero no se da cuenta de que se está elevando a las cimas de la santidad y de que es Dios quien la lleva.


Muchas veces lo que el hombre llama fracaso es precisamente el mayor de sus éxitos y lo que considera éxito es su más lamentable fracaso. Así, gracias a esta etapa, el alma se hace más elevada, más silenciosa, más reflexiva, menos apegada a las cosas vanas del mundo. El alma se eleva. Siempre se eleva a Dios, pues para él fue creada, y solo a él le pertenece.


La etapa de desorientación puede ser corta o larga según lo determine la mente. Para ello, debe dejar de resistirse al cambio en Dios. Es la resistencia que opone la mente a todos estos cambios lo que la hace sentir dolor interior y a veces exterior. Pero si confiara totalmente en que Dios es quien va llevando a la mente amorosamente hacia el cielo, entonces desaparecería el dolor. Pero muy rara vez la mente comprende esto desde el inicio de este cambio definitivo hacia la verdad y el amor.


Sí, definitivo. Porque la mente, al haber pasado por la etapa anterior y haber visto el espanto de vivir sin Dios, decide para siempre regresar al cielo. Ahora sabe cuál es su verdadero bien y nunca más descenderá. Jamás se pierde un grado de consciencia elevada. La consciencia elevada siempre continúa su elevación pues es el mismo Dios quien la lleva en las alas del amor. Es por eso tan importante la confianza total en Dios. Porque confiar plenamente en que todo está en sus amorosas manos es aceptar la verdad.


No hay un solo acontecimiento de la vida de los hombres que no esté en las manos de Dios. Él acompaña, guía y vivifica cada paso del hombre. Al aceptar esta verdad la mente descansa serena y en paz. No entiende, pero sabe que no necesita entender, solo necesita confiar. No necesita hacer nada, solo entregarse sin resistencia a los brazos del amor misericordioso de Dios, el cual nunca se ausentó del alma y nunca se ausentará. Todo lo que atañe a la vida de cada hombre es importante para Dios. Desde el episodio más nimio, según los juicios humanos, hasta el más relevante, también según sus juicios, todo está en manos de Dios.


¿Entonces porque te turbas? ¿No sabes acaso que todo pasa y que solo el amor de Dios queda? Toda tu vida tiene un sentido perfecto. Aprende a leerla. Todo en tu vida tiene un perfecto sentido en el perfecto plan de salvación de Dios. Tu vida es preciosa para Dios tal como es. No la juzgues. No te juzgues jamás. Levántate ahora en la confianza en mi amor. Yo te amo como nunca jamás nadie ni nada en este mundo podrá amarte. Déjate amar por mí y retorna ahora a la dicha del cielo. Eres mi hijo y tu vida me pertenece a mí. Yo que soy amor y misericordia te estoy llamando para que regreses ahora. Lánzate a mis brazos. Lánzate a los abismos insondables de mi amor sanador. Yo soy el médico de las almas.

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