Extracto 9 de "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibido por Sebastián Blaksley

Actualizado: 11 may

La obra "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibida por Sebastián Blaksley, se encuentra en proceso de publicación.



Libro 3: Amanecer

Capítulo 25

Lirios de amor




I. Introducción


16.08.2016


Si estás aquí es porque ya has llegado. Gracias por responder a mi llamada. Has llegado al punto del camino en que ya no serás tú quien conduzca, sino que yo te llevaré dulcemente en las alas de mi amor. Te he levantado del polvo con la mano que te hice y te he dado nueva vida, yo que soy vida en abundancia.


Gracias, hijo mío, por todos tus esfuerzos hechos para llegar hasta aquí. El heroísmo es una virtud necesaria para poder llegar hasta este punto, por lo tanto podemos juntos dar Gracias a Dios por habérnosla dado a todos los hombres. Almas virtuosas. Almas heroicas. Almas con altísimos ideales que ennoblecen a la naturaleza humana haciéndola cada vez más semejante a Dios porque la nobleza de espíritu es la manera de Dios. Almas nobles. Almas heroicas en el amor. Almas que rechazan serenamente pero con firmeza indoblegable la falsedad e insensatez del mundo para abrazar la sabiduría. Héroe es aquel que hace la opción por el amor y no vuelve su mirada atrás. Héroe es el que sabe amar.


¡Oh, santa virtud del heroísmo que se anima a vivir toda en el amor sin amedrentamientos ni juicios! Demos gracias a Dios porque es bueno y rico en misericordia. Demos gracias a Dios por esta bendita virtud que ha sido el motor, el aliciente y la guía hasta llegar a este punto del camino. Virtud procedente de Dios porque impulsa al alma a buscar la verdad y el amor aún en medio de un mundo desprovisto de amor y verdad. Virtud procedente de la sabiduría porque procede del conocimiento de Cristo. Dejemos ahora mismo que esa virtud retorne a la eterna amorfía de Dios de donde procede, pues ya ha cumplido su cometido. Desde ahora en adelante ya no será el heroísmo ni la humildad lo que te conducirá hacia la meta por el simple hecho de que ya has alcanzado la meta. Desde ahora en adelante el amor, que es el fundamento de toda virtud, es el que conducirá, pues comprenderás con perfecta certeza que el amor no es una meta, el amor es el camino. El camino eterno de Dios.

II. La paz sea contigo


Puedes descansar ahora en mi paz para siempre pues desde ahora en adelante conduzco yo. Súbete a mi viento, que es el de mi espíritu: yo soy brisa y viento que lleva dulcemente a las almas por el camino del amor. Yo soy el amor. Soy el dueño de los corazones y los conduzco hacia donde a mí me place, sin perjuicio de su libertad. Soy el fundamento de la razón y de la vida.


Oh, alma virtuosa. Alma humilde. Alma que has llorado por tanto desamor del mundo. Alma atravesada por el dolor de la incomprensión de los demás. Alma que ha dejado que la soledad la acrisole y la despoje de los “cariños humanos que hoy están y mañana no” para ser eternamente uno con su verdadero amor. Alma que ha dado la espalda al mundo para mirar de frente a la verdad. Alma que todo lo puede porque busca incansablemente a Dios. Alma amante. Alma que sabe que siempre se vuelve al primer amor y ese es Dios. Alma bondadosa que sufre ante cada falta de amor que pueda percibir. Alma que sufre por no poder dar todo el amor a un mundo que no siempre sabe recibirlo pero siempre lo anhela. Alma que no es de este mundo aunque esté en él. Alma seráfica en la tierra. Extensión del mismo Dios en el mundo. Alma bendita, vaso de sabiduría. Cuenco del amor en el que todo Dios se derrama hasta colmar la medida de su plenitud y mucho más, de tal modo que Dios mismo se desborda en ella y riega toda la tierra con su amor.


¡Oh Alma virtuosa, deleite de Dios, no tengas miedo!

III. Sabiduría del corazón


Deja que yo te dé el verdadero entendimiento de lo que debes saber para ser feliz. El dolor que sientes desde hace tanto tiempo en tu interior, ese “no sé qué”, esa sensación de que algo anda mal en ti, esa percepción de que hay algo que no funciona bien y está enfermo dentro de ti procede del dolor de la disociación.


Te has disociado y esa disociación está siendo sanada. La brecha que existe entre tu ser, tu mente y tu corazón está siendo desvanecida para siempre y de ese modo retornas al estado de integridad, que es lo opuesto a la disociación.


Tienes miedo a la vida. Eso hizo que usaras todas tus fuerzas para negar la mente pues te generaba temor y también negar el corazón. De este modo tú eras tres. Tú, la mente y el corazón. El miedo a la mente es temer a tus pensamientos. El miedo al corazón, es a sentir, que es la base de todo miedo. Al no querer sentir, tampoco querías ser consciente del poder de tu mente ni de tu corazón. En otras palabras, tienes miedo al poder de los sentimientos y de los pensamientos. Tienes miedo porque no entiendes.


Temer a la vida es temer al amor. Es tener miedo al poder de Dios que es la vida misma. Temor a Dios, miedo a la vida, a la mente y al corazón, miedo a lo que eres, es todo lo mismo. Son diferentes expresiones de un mismo y único temor que es en sí la cuna de todo miedo. Tan abrumador es este miedo que lo has enterrado en las profundidades de tu mente, a lo cual llamas inconsciente. Es el temor que juraste no volver a ver. Ni siquiera crees que esto sea verdad. Has construido un sinnúmero de miedos suplementarios con el propósito de esconder bajo esa cadena interminable de temores al miedo fundamental: el miedo a la vida.


El miedo a la vida niega el amor a la vida. Por ende, la decisión que cada uno de ustedes debe tomar es simplemente esta: abandonar para siempre el miedo a la vida y dar espacio al amor.

IV. Amar la vida


Te preguntas porqué es tan importante amar la vida tal como es. Formulas esta pregunta porque no entiendes. Amar la vida es amarte a ti mismo porque tú eres vida. Amar lo que eres es amar la vida del mismo modo en que amar la vida es amarte a ti mismo. No obstruyas el flujo de la vida a través de ti y en ti. No cierres las compuertas que hacen que fluya la vida en un latir y palpitar rítmico y armónico al unísono. El corazón de Dios es el corazón de la vida cuya creación palpita al compás de su amor. ¿Pero tu corazón, palpita a su ritmo?


El amor es libertad. Por eso necesitas ser liberado del nudo que ata tu corazón y tu mente. El nudo que tú mismo has forjado voluntariamente para que el flujo de pensamiento y sentimiento no fluya hacia todo tu ser, hacia tu consciencia, hacia los demás y entre sí. Ambos nudos, uno para la mente y otro para el corazón, no pueden hacer otra cosa que generar una tensión de tal magnitud que quedas extenuado en el esfuerzo inconmensurable que significa querer frenar con tu brazo el poder de la creación toda. Estabas una y otra vez queriendo controlar a Dios, a la vida. Renuncia a esa idea y a ese deseo. No te sirve para ninguna otra cosa que para cansarte, confundirte y entristecerte por que nunca lograrás que la vida de Dios deje de ser tuya.


No puedes separarte de la vida y tampoco es necesario que lo hagas. No puedes ni lo deseas verdaderamente. Quieres vivir. De eso no hay duda alguna. Pero no sabes qué significa vivir realmente porque no sabes de qué se trata la vida. Pero la vida puede revelarte su propósito. Porque la verdad puede ser revelada al hombre y de ese modo Dios mismo se revela sin ninguna necesidad de esfuerzos de tu parte. Creer que no puedes alcanzar la verdad divina es tan absurdo como pensar que el sol no puede iluminar. ¿No te das cuenta acaso de que has sido creado para dar testimonio de la verdad? ¿No te habías percatado de ello? ¿Cómo ibas a dar testimonio de la verdad si no la conocieras? Conocer la verdad es lo natural en los hijos de Dios pues Dios es la verdad y todo hijo puede conocer a su madre, pues ella lo engendró.


Ser libre significa ser libre para pensar lo que la mente piensa y sentir lo que el corazón siente. Sin juzgar. Sin examinar. Sin condenar un solo pensamiento ni un solo sentimiento. Cuando estabas disociado no podías permitirte pensar ni sentir. Literalmente tuviste tu mente en blanco y también ahogaste a tu corazón. Sustituiste tus pensamientos por los pseudo-pensamientos del ego y tus verdaderos sentimientos por las emociones que siempre proceden del cuerpo. Esto fue inevitable, pues la decisión de disociarte de la mente y del corazón te dejó sin identidad. Te dejó a merced de un yo vacío y como tal sin propósito. ¿Cómo no ibas a negarte a creer que esos pseudo-pensamientos y emociones formaban parte de ti, si ambos son nada y nunca fueron reales?


Al hacer todo lo posible para negar tus pensamientos y tus sentimientos, te forjaste una imagen falsa de ti mismo. Esa imagen, que pensaba aquello que sabías que no eran tus verdaderos pensamientos, y que expresaba sentimientos que no sentías verdaderamente y los llamaste emociones, hizo de ti un ser que se agotaba a si mismo intentando tapar el sol con un dedo.


En esto ha consistido tu lucha, tu guerra y todo tu conflicto. En negar y acallar tus pensamientos y tus sentimientos. Una mente en pugna con el corazón y, por ende, consigo misma. Has hecho esto para no sucumbir ante el caos interior que experimentabas al intentar disociarte por completo. Ese caos de sentires contradictorios y pensamientos conflictivos te llevó a forjar la idea del control. Quisiste controlar tu mente y tu corazón de todos los pensamientos y sentimientos que experimentabas. Quisiste desconectar tu mente del corazón. Al hacer esto, o creer que lo habías hecho, la mente se percibió a si misma sin fundamento y por ello sin causa, como un árbol cuyas raíces quedaron fuera de la tierra que le da el sustento y lo sostiene arraigado.


Una mente que no tiene causa es una mente inconcebible pues la mente no es la causa de sí misma. El corazón es el pilar y basamento de la mente porque el amor reside en el corazón, que es el centro de la vida espiritual. De tal modo que si se niega el corazón se niega también a la razón, porque una razón desprovista de su fundamento, que es el amor, es simplemente algo imposible. Creer que lo imposible es verdad es una locura, dado que es insensato.


Lo que no tiene causa no puede ser real ni puede tener sentido ya que no tiene fin. La razón es, literalmente, sentido. Debido a esto, si se la despoja de su fundamento no puede dar frutos verdaderos como tampoco puede darlos el árbol cuyas raíces fueran extirpadas del suelo. La mente es el medio activo por el cual el amor se expresa o crea. Es un medio activo, no un fin. Siendo un medio tiene que tener una causa, un fundamento. Y ciertamente lo tiene. Ese es el amor, fundamento de la razón y de la vida. Este era el motivo por el cual preferías ser como una piedra que ni piensa ni siente. ¡Cuánto más fácil sería la vida si no tuviera que pensar nada ni sentir nada! Te decías en silencio y de modo oculto en tu interior. Esa sentencia vivía en ti durante el tiempo en que estabas disociado. En esto consiste todo dolor humano.


¿Acaso no sabes ya con perfecta certeza que la inteligencia sin amor te hace cruel y del mismo modo el amor sin razón te hace demente? La crueldad y la locura son lo mismo aunque vistas desde una perspectiva diferente. Son algo así como dos caras de una misma moneda. El amor es el fundamento de la razón y no la niega sino que ambos son una unidad inseparable. Decir que el amor es loco o hablar de la “locura del amor” es una expresión tan carente de sentido como hablar de un océano sin agua o de una brisa sin aire.


Pero todo eso ha quedado atrás. Ahora vives en el tiempo de la plenitud del amor. El tiempo en que la mente y el corazón unidos en el amor y por el amor se reúnen para siempre reconociéndoselos a ambos como lo que son: una misma realidad, la unión indivisa de lo que eres.

V. Recuerdo del primer amor


Ya no tienes por qué usar el mecanismo de la disociación para poder huir de aquello que siempre has amado. No es necesario negar la vida. Huir de la vida. No es necesario protegerte del amor pues no puede herirte ni abandonarte. No es necesario que sigas intentando negar tu verdadero poder, que no es otra cosa que el poder de Dios, puesto que es imposible abusar de él. No es necesario hacer eso simplemente porque no puedes. La vida te acompaña donde quiera que tú vas porque tú eres vida y vida en abundancia.


Has llegado al punto de tu integridad. Al punto en que hemos recogido los pedazos de tu ser que se habían dispersado por el mundo y los hemos reunido a todos en el amor dentro de ti. En muy breve esa sensación de falta de integridad, que es siempre sensación y nunca es real, desaparecerá y no quedará ni rastros de ese amargo recuerdo.


Estás a las puertas del cielo. Alégrate. Acalla tu mente y tu corazón y escucha mi voz diciéndote: entra, bendito de mi Padre. Entra a gozar del banquete que Dios mismo preparó para ti desde toda la eternidad. Escúchame y entra. Acepta mi invitación pues no es otra cosa que aquello que siempre has buscado y que ya está aquí. Entra ahora mismo al reino de los cielos en donde ya estás. Entra y gocemos juntos todos de un amor que no tiene principio ni fin y de sus eternas delicias. Delicias de un Dios que es amor infinito.


Yo soy la voz de tu corazón. Soy la voz de todos los corazones que palpitan al compás del amor de Dios. Soy el corazón de Dios y tu corazón. Soy el corazón de todos. Soy el sagrado corazón.

VI. El jardín del Edén


Compréndelo,el amor es el fundamento de la razón del mismo modo en que la razón es el fundamento de las virtudes que son su expresión. Por ende, la virtud es la expresión del amor por medio de la razón. Toda obra virtuosa es expresión del amor del mismo modo en que toda obra carente de virtud es expresión de una falta de amor. Las virtudes son las flores con que se adorna el jardín de cada alma. Un jardín para ser bello en abundancia debe tener diversidad de flores, colores y perfumes. Del mismo modo con un alma que se embellece cada vez más en el crecimiento de las flores de la santidad que son las virtudes cuyas semillas fueron dadas a cada alma en su divina creación. Tu alma es el jardín del Edén. Un jardín cuya belleza es inefable pero que puedes gozar en perfecta certeza. ¿Acaso no te has percatado de cuán bella eres, alma de Cristo? Todo es belleza en ti.


El mundo está listo para retornar al punto en donde había abandonado las verdaderas virtudes y las había substituido por un conjunto de normas que no tienen nada que ver con el amor porque no responden a la ley del cielo, que es la ley del amor. Abandonar el camino de las virtudes es la consecuencia inevitable de abandonar el camino del amor perfecto puesto que amor-razón-virtud van de la mano. Del mismo modo, los que hacen la opción por el amor recobran la razón y con ello dan paso a las virtudes y a la vida ejemplar. Para que las virtudes crezcan deben manifestarse, es decir darse. Lo que no se da no se manifiesta y, por eso, no puede ni expresarse, ni conocerse, ni acrecentarse. La virtud no dada es como la semilla de una hermosa flor que no ha germinado. Dar es el medio para el desarrollo de las virtudes.


Nadie puede dar lo que no tiene pero se puede no dar lo que sí se tiene. ¿No es esto algo obvio en tu observación? ¿Qué significa no dar lo que sí se tiene sino egoísmo, es decir ignorancia? ¿Qué es el egoísmo sino lo contrario al amor, es decir, a la sabiduría? ¿Qué otra cosa puede ser lo opuesto al amor sino miedo? El egoísmo es el miedo a la pérdida. Miedo a perder lo que se da. Es en sí la decisión de no dar, es decir de retener para sí mismo, de escatimar. Dar es intrínseco a la naturaleza del amor y la ley del cielo porque en el reino dar es tan bienaventurado como recibir, pues son uno y lo mismo. Pero nadie puede alcanzar este entendimiento antes de alcanzar la paz, pues una mente que no está en paz no puede dar y por esto no puede recibir ya que está en conflicto y eso impide el entendimiento de lo que se tiene y se es.


Tener y ser son uno y lo mismo y si no sabes qué eres no puedes saber qué tienes para dar. Por eso se ha insistido tanto en que antes de poder dar y recibir como uno y lo mismo debes recobrar tu verdadera identidad. Solo cuando aceptes tu yo superior en perfecta unión con tu yo personal y dejes que tu humanidad sea absorbida por tu divinidad, entonces conocerás la ley del cielo. Sabes muy bien que dar y recibir son uno y lo mismo. De esto no hay dudas pues tu corazón salta de alegría cuando das de todo corazón y por puro amor de gratuidad. Todo el mundo ha experimentado esta alegría de la caridad. Sin embargo, a pesar de saber que dar y recibir son uno y lo mismo, no sabes qué dar. ¿Qué podrías darles a tus hermanos y hermanas en Cristo? ¿Qué podrías darle a toda la creación y a cada una de sus partes? ¿Qué podrías darle a Dios?


Para poder responder a estas preguntas, que son una misma, es necesario que comprendas y aceptes que existe un solo modo de alcanzar la plenitud de tu ser, y ese es dándote. Pues fuiste creado para darte. Darte a ti mismo es darle a tu hermano y hermana en Cristo la belleza de Dios. Darte a ti mismo es darle a la creación el tesoro del reino. Esto es eternamente verdad, de eso no puede haber la más mínima duda. Pero, ¿es esto verdad para ti? ¿Crees firmemente que no existe regalo más bello y tesoro más abundante que puedas dar que el darte a ti mismo? Sí. Sí que lo crees porque lo sabes. Lo sabes porque en tu corazón reside la sabiduría y tu corazón sabe qué es lo más conveniente, lo mejor para ti y para todo el mundo. Tu corazón sabe qué cosa es la belleza Sempiterna. Sabes lo que eres y lo sabes muy bien. Pero no sabes qué hacer con lo que eres.


En tu corazón residen los tesoros del reino. No les niegues tu corazón a tus hermanos porque te niegas tu propia belleza. Deja que sea tu corazón el que te guía y no escondas las flores que fueron plantadas en el jardín del Edén que es tu ser. Toda su belleza está simplemente esperando a ser manifestada. Ya estás lista, alma bendita, ser de mi ser, belleza de un Dios que es amor infinito.


Deja que el amor se manifieste en el mundo por medio de lo que verdaderamente eres. No tengas miedo a expresarte desde la serenidad y alegría de tu corazón pues tu corazón no es otra cosa que la ventana al cielo por medio de la cual la creación mira a Dios. Cada parte de la creación es una de esas ventanas y todas son Cristo. Esta totalidad es la verdad de lo que eres. Mira a Dios en cada aspecto de la creación pues cada uno de ellos es un pedacito de cielo, tal como lo eres tú. Y en cada pedacito reside el reino en su totalidad y con todo su esplendor. ¿Le negarías la visión de Cristo a tu hermano, tú que sabes que eres el Cristo en ti y que fuiste creado para dar testimonio de la verdad?


El jardín del Edén fue revestido de belleza de una multiplicidad y diversidad de flores que perfuman y pintan el paraíso eterno. Todas esas flores y cada una de ellas en sí son el deleite de la creación. Cada flor embellece el jardín con su particular modo de expresar la belleza creada. ¿No te has dado cuenta de que tú eres una de esas flores del Jardín del Edén, plantada en la esencia divina que es la tierra sobre la cual sus flores crecen y cuyos nutrientes de ella toma?


Tú eres un lirio. Un lirio de amor. Y como tal debes vivir la vida. Mira que los lirios ni siembran ni cosechan, puesto que no fueron creados para otra cosa que para gozarse en la belleza, manifestándola. Haz que los lirios sean tus maestros y tus guías viendo en ellos más allá de lo manifestado, lo in-manifestado. Míralos con el corazón. Míralos a través de los ojos del amor y poco a poco verás que Dios mismo te habla en ellos y en cada parte de la creación. Aprende a descubrir las maravillas de Dios en ti y en todo.


Así como los lirios del campo manifiestan la belleza de Dios, del mismo modo lo haces tú cada vez que te expresas y manifiestas tal como verdaderamente eres. Cada parte de un lirio contribuye a conformar la totalidad de la belleza y armonía que el lirio es. Del mismo modo, cada parte de lo que eres conforma la totalidad de tu belleza. Cada parte del cuerpo de Cristo conforma de modo perfecto la totalidad, que es el hijo de Dios.


Ama tu cuerpo. Ama tu mente. Ama tu corazón. Ama tu vida y tus circunstancias. Ama tus sentimientos. Ámate a ti mismo como lo que eres: el Cristo en ti. De ese modo la sabiduría refulgirá en ti, y a través de ti, al comprender en la perfecta luz de la verdad que Cristo es el cielo y la tierra en la eterna unión de todas las cosas en el amor perfecto por medio del cual y para el cual todas las cosas fueron hechas, incluyéndote a ti.


Belleza de Dios. Alma bendita. Ya estás lista para vivir como lo que verdaderamente eres. Un lirio de amor. A partir de hoy ya no sembrarás ni cosecharás. A partir de hoy recibirás el pan sin el sudor de tu frente. De ese modo manifestarás el amor perfecto que vive en ti y serás la expresión viva de la caridad, madre y fuente de toda virtud.

VII. No solo de pan vive el hombre


Fuiste creado para ser una alabanza perfecta, la alabanza de la creación. El hijo de Dios tiene pleno derecho a vivir en paz y ser feliz. Este es el estado natural de la creación. Por ello es que quiero enseñarte lo que ya sabes: a vivir la vida a la manera del Cristo. Una vida en la que puedas reconocer los innumerables milagros que a diario se suscitan en tu vida y en la vida de toda la creación. La respuesta correcta es la alabanza porque todo es un regalo de la eterna providencia divina.

¿Entiendes que cosa es la providencia? La vida tiene en sí los elementos perfectos para conservarse a sí misma sana y salva y extenderse eternamente más allá de sí misma sin dejar de ser la que es. La semilla activa de la sanación y la conservación se encuentran en tu naturaleza así como en la naturaleza de todo lo creado.


El trabajo, tal como la ha concebido el mundo, no es otra cosa que la idea de la negación de la providencia. Idea manifestada y confirmada una y otra vez desde hace miles y miles de años en el tiempo desde que se forjó la idea del castigo de Dios. Una idea que debes negarte a creer que sea verdad para dar paso a la nueva realidad del amor. Lo viejo debe ser abandonado para que tu nueva realidad, que es eterna realidad inmutable, toda envuelta en el solaz y la paz, pueda extenderse por medio de la expresión de sí misma. No puedes hacer eso si sigues creyendo que Dios no está interesado en tu plenitud y tu felicidad y que eres tú quien debe propiciarte todo sin que Dios te dé nada. Observa lo que la idea del trabajo como castigo de Dios significa, porque en reconocer la insensatez de esta idea que da vueltas al mundo, reside tu liberación.


El mundo del trabajo tal como se lo concibe en el mundo es un mundo plagado de conflictos, insensatez y fuente de sufrimientos. Te preguntas una y otra vez, “¿cómo puedo hacer para que los asuntos del dinero y el trabajo dejen de ser recurrentemente conflictivos?” Pasas períodos en que parece que todo está en calma hasta que empiezan a suscitarse conflictos, problemas y preocupaciones. Las preocupaciones emanadas del trabajo y su expresión, el dinero, no proceden de la verdad.


No fuiste creado para trabajar. La idea del trabajo como esfuerzo y mérito procede de la creencia de que no tienes nada gratuitamente. Crees que Dios o bien no te da nada, o te da muy poco y casi nada, y que incluso lo que te da a veces te lo quita y siempre te exige que lo ganes o hagas crecer con esfuerzo de tu parte. ¿No es cierto que es esto lo que crees?


Crees que la vida es un don pero que no es un don gratuito sino que es un don y una conquista. La idea de conquista esta intrínsecamente asociada a la idea del trabajo, el esfuerzo y el mérito. Es la idea de la lucha, el ataque y la defensa expresada en la competencia de unos contra otros. Esta idea procede de una falta de confianza en la vida misma. Procede de creer que eres tú quien debe propiciarse todo. Para ello primero defines qué es lo que debes propiciarte, dónde buscarlo, cómo obtenerlo. Si las cosas se dan de tal modo en que crees que lo obtuviste, entonces te sientes agraciado y bendecido. Si no se dan de ese modo, te sientes castigado, abandonado y piensas que de algún modo Dios te está castigando. Son muchos, demasiados, los que desde antaño han estado considerando que Dios premia a algunos y castiga a otros en un mundo de dares y teneres cuyo reparto parece ser inequitativo a toda vista. Y a nadie le asegura nada.


Se ha interpretado mal la parábola de los talentos. Debes cambiar esa idea tan arraigada en la mente que cree que debes trabajar para ganar el pan con el sudor de tu frente o que Dios te castigará si entierras tus talentos y te premiará si trabajas hasta el desmayo para multiplicar los dones que te han sido dados gratuitamente. Un Dios que crea a su hijo y lo llena de talentos y que luego le va a exigir una rendición de cuentas para ver si con esfuerzo los hizo rendir, es cruel y es todo lo opuesto a uno amorosamente providente. Es lo opuesto a la abundancia.


La piedra angular del pensamiento que se ha externalizado en el sistema de trabajo humano es la creencia en el castigo y el abandono de Dios. ¿No es cierto que se cree desde tiempos ancestrales que luego de ser castigado el hombre y ser expulsado del paraíso le fue dada la injusta sentencia de que deberá trabajar para ganarse el pan hasta sudar? Y, ¿no es igualmente cierto que la parábola de los talentos parece ser la parábola de un Dios insensato y cruel? Entiende lo que se quiso decir con ella. En primer lugar, ya no es tiempo de parábolas. Es el tiempo del advenimiento de Cristo. Lo que fue perfecto como medio en el pasado para llevarte de lo viejo a lo nuevo, no es necesario ni adecuado para el tiempo en que estás viviendo. Deja ir lo viejo y abraza el regalo de lo nuevo.


La parábola de los talentos debería ser renombrada como la parábola de la expresión de la belleza de lo que eres. Enterrar el talento es un símbolo que expresa el negar tus dones, es decir lo que eres, en las profundidades de tu mente y ahogar el corazón de tal modo que lo que verdaderamente eres no se manifieste. Incluso a aquel que enterró el talento no se le dijo que trabaje y se canse. Se le dijo que al menos lo invierta en un banco y obtenga intereses. Ese ejemplo no fue ocioso. Es el ejemplo perfecto en el que se pide todo menos que trabaje. Poner un talento en el banco para que provea intereses no es trabajar.


Se puede vivir de un modo completamente diferente al modo en que estabas viviendo. Ese modo de vivir que es el modo de vivir de lo nuevo en ti, es vivir entregado a mis brazos entendiendo que yo proveo todo lo necesario y mucho más y que tú no debes hacer nada. No debes afanarte en trabajar para tu sustento ni para lograr metas insensatas. Abandonar la insensatez de la idea del trabajo como fuente de tu sustento y satisfacción de necesidades es abandonar lo insensato y dar espacio a lo que si tiene sentido.

VIII. Renacer desde lo alto


La oración es el vehículo de los milagros y el medio perfecto de alabanza, porque es en la oración donde el amor se hace uno con el amor.


Aprende a vivir la vida sin estar preocupado por las cosas que crees que tienes que lograr o dejar de lograr. Con las desgastantes preocupaciones por el futuro y por tu supervivencia. Abandona la idea de que tienes que sobrevivir y démosle juntos la bienvenida a la vida. Pidamos en la oración de amor todo lo que creamos que necesitamos, pero no le levantemos la voz a Dios que es uno con nosotros y nosotros somos uno con él. Nuestro yo Cristo conoce nuestra idea de necesidades y carencias y las satisface de modo perfecto.


Quizá tú creas que no, pero si te abres a pedir milagros cada día y a ver los milagros que se suscitan en tu caminar por la tierra, verás que todo es providencia amorosa y perfecta.


No estás solo. Nunca lo estuviste. Tú y yo somos una unidad inseparable unidos a todos y todo. Todos juntos unidos en nuestros corazones y nuestras mentes somos el Cristo de Dios. Somos un solo cuerpo. Somos una sola mente. Somos un solo corazón. Unidos somos el inmaculado corazón. Todos unidos somos la luz del mundo.


Reconoce que tienes miedo a vivir entregado a la confianza en la providencia divina porque dudas de que Dios te vaya a proveer lo suficiente o que incluso si lo hiciera, crees que te lo puede quitar. Reconoce que crees que Dios es un señor exigente. Reconoce que crees que Dios está allí y tu aquí.

Niégate a seguir alimentando ese miedo que no tiene fundamento. Ya te lo he dicho y te lo vuelvo a repetir por amor: no existe tal cosa como el cielo aquí y la tierra allí. No existe tal cosa como tú allí y Dios aquí. El cielo y la tierra son uno al igual que Dios y tú.


Ser un lirio de amor es vivir la vida desde ahora mismo en una entrega amorosa a la confianza en un Dios que todo lo sabe, todo lo cuida, todo lo ama, todo lo sostiene abundantemente en su amor perfecto, porque es vida y vida en abundancia.


La abundancia es alabanza porque la suscita. Por ende, debes abandonar la idea de la escasez y las carencias para dar paso a la abundancia y el amor.


Olvídate de lo vivido y lánzate confiadamente a mis brazos y en el abrazo de la totalidad vivirás eternamente desde ahora mismo en la paz, el solaz y la alegría de ser y muy pronto te darás cuenta de que no necesitas trabajar sino que anhelas expresarte.


No te exijas nada