Extracto 10 de "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibido por Sebastián Blaksley

La obra "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibida por Sebastián Blaksley, se encuentra en proceso de publicación.



Libro 1: Diálogos de un alma


Capitulo 27


Cuarenta eslabones de amor

Eslabón 1

Jesús:¿A qué viene tanto alboroto?


Sebastián:Sigo preocupado por los asuntos domésticos que ya sabes. A pesar de mi sincero deseo de despreocuparme y dejar todo en tus manos, me cuesta soltar el control tal como me lo pedís. Pido perdón por mi falta de confianza y pido ayuda para poder vivir solamente entregado a tu amor y abundancia. Pero me cuesta y no sé por qué.

Eslabón 2

Jesús:No te preocupes por nada. Tampoco por tu deseo de controlar. Eso ya no forma parte de ti. Es parte de lo viejo. Déjalo ir en mi amor y deja que sea yo quien me ocupo de ello también. Tú descansa en mi paz. Todo está en mis manos. No te faltará nada. No pienses en lo que te hace sufrir. No te preocupes del futuro. De todo me ocupo yo. Tú vive el presente en mi amor. Sumérgete en mi paz, que es tu paz. Sabes de lo que te hablo. Reconozcamos los milagros que diariamente se suscitan en nuestro camino. Agradezcamos juntos a Dios tanta bondad. ¿No te ha gustado acaso el sol radiante que hoy nos regaló nuestro Padre eterno? Agradezcamos juntos por las cosas lindas que nos da la vida. ¡Hay tanto que agradecer, hermano mío!

Eslabón 3

Jesús:Pide milagros todos los días. ¿Qué milagro deseas ahora?


Sebastián:Poder vivir en paz y tener una vida serena y alegre. Pido el fin de la continua insensatez circundante. Pido poder vivir en paz, alegre y feliz.


Jesús:Que así sea. Prepárate para recibir. Solo te pido que sonrías más.

Eslabón 4

Jesús:Hijo Mío, mi amado lirio de amor. ¿Por qué llora en silencio tu corazón en sus profundidades? ¿Qué cosa turba tu corazón de niño? Cuéntamelo todo. Yo soy tu Padre y tu amigo. Tu hermano y tu ser. Desahoga tu corazón en mí y recibe tu paz.


Sebastián:No lo sé. Un profundo miedo y angustia me envuelve sin saber de dónde viene. Siento como si todos los miedos hubieran salido a mi encuentro. Tengo mucho miedo y no sé por qué. Te pido ayuda para poder serenarme y saber qué es lo que me está pasando. ¿De dónde viene esta angustia? Sana mis heridas.


Jesús:Estás pagando culpas ajenas y al mismo tiempo estás haciéndote cargo de lo que no te corresponde. Eres tan pequeño que no logras distinguir claramente tu yo y el yo del otro. Tú eres tú y el otro es el otro. Deja afuera lo que no es tuyo. Esa culpa que atraviesa tu corazón no procede de ti.


Debes reconocer que X es el causante de todo este daño en primera medida y es responsable de sus actos. Los efectos de su desamor e hipocresía salpican a algunos de tus hermanos y hermanas incluyéndote a ti. No es una compañía conveniente a tu naturaleza. Esta es la razón por la que lo he apartado de tu lado.


Siempre es doloroso ver la doble cara de un ser amado. Pero negar lo que sabes no es el camino de la paz. Sabes que esa persona te ha lastimado a ti y a otros. Lo sabes bien. Pero no quieres aceptar esto porque tu amor te impide ver a un hermano como culpable. Niegas la ofensa recibida y el daño causado hacia ti en un intento de redimir a tu hermano. Pero ese no es el camino. La verdad es verdad eternamente. Quien hiere a su hermano, hermana o a sí mismo no actúa en el amor. Reconoce serenamente que has sido herido y cuán grande es tu pena por causa de ello.


Una vez que reconozcas la verdad de lo que sientes y aceptes la repulsa que todo desamor causa a quienes siguen el camino del corazón, entonces, y solo entonces, sumérgete en la luz del perdón y perdónalo para que no quede en tu corazón ni un solo rastro de resentimiento, dolor y turbación. Tu yo divino unido a tu yo humano es un yo completo individuado. La totalidad no puede abolir a la parte.


Tú no eres una totalidad amorfa e irresoluta. Tú eres tú. Eternamente tú. No te hagas cargo de los demás, pues de todos en particular me ocupo yo. A medida que te hagas cada vez más consciente de la consciencia de Cristo te irás dando cuenta de que la consciencia universal no anula la consciencia individual sino que la incluye y diviniza sin dejar de ser la que es. Dicho de otra manera: Dios es el todo de todo y también de la parte. Tú eres esa parte de Dios que solo tú puedes ser. Tomate un tiempo en silencio y respóndeme a esta pregunta: ¿realmente has hecho daño a alguien?


Sebastián:Gracias, Cristo en mí. A pesar de sentirme con miedo y culpa, ahora me doy cuenta de que no he hecho daño a nadie y que no soy la causa de ninguno de estos conflictos tan abrumadores. Por ende, me estoy equivocando creyendo que sí. Parece absurdo pero así es y me alegro de haberme equivocado. No. No he hecho daño a nadie.


Jesús:Entonces aleja de ti la culpa pues no te pertenece y descansa en paz. Deja que el solaz de nuestra unión sane tu herida y retornes a la luz de nuestro amor. Que nada te turbe. Que nada te espante mi lirio de amor.

Eslabón 5

Jesús: ¿Por qué acallas la pregunta que tienes en el corazón? No ocultes nada de mi vista. Yo soy la luz.


Sebastián:¿Quién era esa presencia blanca iluminada que vi con los ojos del alma tras el altar durante la comunión en la misa de hoy? ¿La vi realmente o me lo imaginé? Hago está última pregunta a pesar de tener certeza de que no era nada imaginario lo que vi. Pero no quiero caer en la trampa de creer tan ciegamente en mis supuestas certezas.


Jesús:Era el arcángel san Gabriel, custodio de tu ser y de todos los hombres. Tu certeza procede del hecho de que tu alma conoce muy bien quién era aquel que estaba frente a sus ojos. ¿Y por qué estaba atrás del altar ubicado como si estuviera en el último lugar y no al frente del templo? Porque sabe hacerse a un lado ante mi presencia. Los ángeles siempre saben ubicarse en su lugar. Imítalos. Que el hombre imite a los ángeles en esta virtud. Pues la desgracia del hombre consiste en no ubicarse en el lugar de hijo. Y su salvación eterna consiste precisamente en retornar al lugar de hijo bien amado de Dios y así gozar eternamente de las delicias de su padre y creador.

Eslabón 6

Jesús:Al comenzar el día, alaba a Dios. Al recorrer el día, alaba a Dios. Antes de irte a dormir, alaba a Dios. Alaba siempre a Dios por todo el bien que nos ha hecho para que seas consciente de tu espíritu de alabanza y seas feliz en él uniéndote a la alabanza de toda la creación.

Eslabón 7

Jesús:El mundo ha sido salvado de la gran conflagración. El mundo no sucumbirá. Es palabra de Dios.

Eslabón 8

Jesús:¿Por qué te demoraste tanto en venir a mí esta mañana?


Sebastián:No lo sé. A veces mi mente se ofusca de tal modo que no logro hilvanar ni siquiera una súplica ni alcanzarte. Tal es lo que el miedo produce en mi mente.


Jesús:No te preocupes por nada. Tampoco por si me alcanzas o no. Cuando tú no puedes llegar a mí entonces yo salgo a tu encuentro inmediatamente. Solo basta el deseo de paz para que yo haga acto de presencia, tal como has experimentado hoy y siempre. Tu entrega ya está hecha. No te preocupes por nada. De todo me ocupo yo.

Eslabón 9

Jesús:Lirio de amor, ¿por qué miras hacia atrás?


Sebastián:No lo sé. Algo en mí me tienta a volver para atrás. Es un “no sé qué” interior. Por un lado tengo la sensación de que mi vida es un desastre. Que es un caos. Que no tiene una orientación. Que no va para ningún lado. Y a la vez eso me hace sentir como viviendo en un desorden. No sé a dónde estoy yendo y eso me agota interiormente. Al mismo tiempo esa sensación me hace mirar para atrás y ver que en el pasado yo vivía más tranquilo y sereno. Como si algo hubiera pasado que antes me hacía sentir más seguro y ahora me siento inseguro de todo.


Necesito entender qué es lo que estoy viviendo para poder estar en paz porque tengo una certeza: si hay tanto miedo en mí, señal es de que tengo que estar mirando las cosas desde una perspectiva equivocada y que todo es cuestión de interpretación. Pido me sea dada la gracia de entender desde tu sabiduría. La sabiduría del corazón, para que ella sea la única fuente de mi saber y obrar. De lo contrario jamás podré vivir sin miedo y por ende en paz. ¿Acaso, Cristo mío, no es la ignorancia la cuna de todo miedo?


No te pido que cambies mis circunstancias sino que me Ayudes a entender de verdad para estar en paz. ¿Qué es esto que siento que me hace sentir que mi vida no tiene un rumbo y a la vez no quiero volver atrás? Algo en mí me dice que el pasado no es mi lugar. Miro atrás, veo una sensación de seguridad muy grande pero a la vez veo que ya nunca más volveré hacia el pasado. ¿Qué es lo que me está pasando? ¿Por qué tanto cambio siempre? ¿Por qué siempre tengo que des-acampar? ¿Es todo esto parte del plan?

Eslabón 10

Jesús:En el instante en que me dijiste que si, ese instante en que desde las profundidades de tu ser le dijiste sí a la verdad, en ese instante comenzaste un proceso de desprogramación. Juntos lo llevamos a cabo. Te estoy desprogramando. Estoy desarmando estructuras. Lo que sientes es el natural miedo o resistencia interior que se experimenta durante este bendito deshacimiento. Antes de ese instante santo vivías la vida sobre la base de un sinnúmero de estructuras fijas y rígidas. Trabajos rutinarios en horarios y lugares, estructuras de ideales y rutinas cotidianas, todas las cuales te daban una falsa sensación de seguridad. Eso era necesario en la etapa de lo viejo. Pero ya no son ni deseables ni necesarias.


Vivir sin estructuras fijas es difícil hasta que se te hace fácil. Llegará el tiempo en que ames la Eterna desestructura de Dios porque el amor no tiene estructura. El amor es libertad y toda estructura es contraria a la libertad. Lo que llamas caos y desorden en tu vida no es otra cosa que desestructura. Cada vez que te aferras a una estructura yo te libero de ello, pues de lo contrario no vivirías la verdadera vida. No me entiendes porque estás tratando de encasillarme dentro de una estructura y yo soy el amor desestructurado.


No encasilles a la vida en una estructura como si pudiera ser puesta dentro de una cajita o celda, pues eso es insensato y requiere un esfuerzo interior desgastante. La vida no se deja atrapar al igual que tu ser. Tienes miedo de ti toda vez que intentas encasillar a tu Ser dentro de estructuras de pensamientos. No puedes entenderte a ti mismo porque sigues intentando definirte. Haces esto porque en el pasado buscaste armar estructuras con el fin de buscar seguridad en ellas. Pero ninguna te la dio.


Los niños, cuando son pequeños requieren de una estructura para su seguridad y sano desarrollo. Del mismo modo ocurre con tu alma. En el pasado eras como un niño que no podría haberse desarrollado plenamente sin esas viejas estructuras. Pero ya no eres un niño. Eres tú quien desarma estructuras. No te olvides nunca de que tal como es adentro es afuera y nunca al revés. Cuanto más te unas a mí, más te irás desestructurando, hasta vivir por completo en la infinita amplitud del ser.


Observa el mundo. ¿No puedes darte cuenta de cuántas estructuras yo he derribado? Muchos consideran que el mundo ha perdido el rumbo y ha sucumbido al caos. Esta visión negativa de la vida en el mundo es contraria a la verdad. Lo que estás viendo es el nacimiento de un nuevo mundo en el que la desestructura se manifiesta. Puedes verlo en el ejemplo claro de los sistemas sociales de educación y el protocolo. Ya nadie considera necesario ni deseable tantas pompas y estructuras rígidas como lo era antaño. Puedes también verlo en el mundo del trabajo. Ya nadie desea las estructuras rígidas que alienan al hombre.


Estás viviendo los tiempos de la novedad y el descubrimiento al igual que se manifiesta en el mundo. Yo te amo con un amor salvífico, por ende es un amor que libera, que hace que puedas vivir en la libertad de los hijos de Dios. La libertad para ser tal debe ser total. Eso es lo que están viviendo todos en la consciencia de Cristo: el nacimiento de la verdadera libertad.


No busques tu seguridad donde no la encontrarás. No la busques en rutinas, ritos y estructuras rígidas. Vive la vida en libertad y recuérdalo siempre: tú y yo somos eterna novedad.

Descansa en la paz y confía en mí. Yo sé lo que hago. Yo soy la sabiduría del corazón. Nunca sabrás a donde te lleva el corazón. Pero tampoco es necesario saberlo puesto que juntos Estamos eternamente creando la realidad. Déjate llevar y descansa en paz.


Sebastián:Gracias, Cristo en mí. Ahora la paz ha vuelto a mi alma. Ahora me doy cuenta de todo. Me estás desprogramando y no hay dudas de que lo haces en todos los niveles y con todo lo que debe ser desestructurado. Ya no tengo seguridad económica, ni afectiva, ni de la salud, ni siquiera tengo un techo donde vivir fijo. Siempre tengo que des-acampar.


Ahora entiendo y eso me da paz. Me estás colmando de una gracia especial, la gracia de poder alcanzar el anhelo más profundo de mi corazón: el anhelo de libertad. Me cuesta todo esto porque he vivido tanto tiempo en cautiverio sin darme cuenta. Me cuesta pero sé que este es mi camino, el camino que colma mi anhelo. El camino del corazón. Ahora sé qué es aquello que siempre he buscado: la libertad. Y ahora sé dónde buscarla: en ti, Cristo en mí.


Jesús:Estás tan cerca de la verdad que me haces recordar a mi predilecto, el apóstol conocido como el águila porque todo lo miraba desde las alturas de la santidad. Mi predilecto siempre miraba las cosas a través de los ojos del amor y la verdad y tú tienes mucho de él. Gracias por traerme a la visión el gozo de mi Juan y de todos los Juanes del mundo que son todos aquellos que buscan la verdad de todo corazón, pues ellos ya han encontrado, al igual que tú.


Descansa en mi paz y ámame en libertad.

Eslabón 11

Ha llegado la noche en la creación y el mundo calla. Todas las criaturas duermen. Pero tú y yo estamos acá en el silencio amoroso gozándonos en la paz que brota de mi corazón hacia el tuyo y del tuyo hacia todo lo creado. Noche de estrellas y de ángeles. Noche de paz y de amor. Noche tan deseada por mí para poder estar a solas nuevamente contigo, alabanza de Dios.

Eslabón 12

Jesús:¿Deseas decirme algo?


Sebastián:¡Qué puedo decirte! Si tu presencia me sumerge en un silencio profundo en el que las emociones se acallan, la mente se detiene sin pensamientos. Nada me turba y nada me espanta estando con vos. Desearía quedarme en este estado para siempre: descansando en ti que eres el cielo.


Jesús:Descansa en paz. Que nada te turbe. Yo estoy a tu lado siempre. De los demás no te preocupes. Yo cuido de todos y lo que a otros ocurre es asunto mío, no tuyo. Sabes bien que puedo cambiar las circunstancias en un abrir y cerrar de ojos, pero si no lo hago es por amor pues yo soy providencia perfecta y proveo conforme a mi sabiduría, siempre orientada a brindarte un bien superior. Toda tu vida es perfecta pues es la vida que juntos vivimos en Dios. Haz como los lirios que ni siembran ni cosechan.

Eslabón 13

Jesús:Que la paz sea en ti y en toda la humanidad. Tú eres instrumento de mi amor. Un amor que ningún intelecto humano será capaz de comprender jamás. Un amor que solo los puros puedan conocer. Un amor que no busca nada a cambio. Un amor que ama por amar. Un amor que no tiene doblez. Un amor que no exige. Un amor de pura gratuidad. Un amor infinito. Un amor que todo se derrama en todos. Un amor que une y nunca separa. Un amor que incluye en su abrazo a todo y todos. Un amor que todo lo crea y recrea eternamente. Un amor que busca ser acogido, aceptado y reconocido por todos tal como lo haces tú que eres la delicia de un Dios que es amor.


Descansa en esta certeza para siempre: muy pronto reconocerás jubilosamente y por toda la eternidad que ya has alcanzado la plenitud del amor. Esto no es poesía, esto es palabra de Dios.

Eslabón 14

Jesús:No huyas de los conflictos. Cuando en tu vida se presente una situación que tú consideras un conflicto, recuerda que esa situación tiene un mensaje de amor que traerte para el bien de tu alma y de todo lo que eres. No existen los conflictos propiamente dichos. Existen situaciones que se suscitan para traer un bien. No importa que tan grave o pequeño parezca ser el conflicto, es simplemente la habitual consecuencia de un sistema de pensamiento basado en atacar a todo lo que piensa de un modo diferente a uno mismo. Todo eso es parte de lo viejo que ya no debes seguir alimentando. Abandona esa vieja manera de pensar, pues ya estás viviendo en el nuevo ser que eres. En este nuevo mundo que juntos creamos no hay espacio para ningún patrón de pensamiento pasado.


No te aferres a los resultados que deseas de un aparente conflicto. Simplemente comprende que para que exista un conflicto deben existir distintas “realidades” luchando entre sí. Las interpretaciones de cada uno de los actores del conflicto no son otra cosa que eso: diferentes interpretaciones. No importa cómo las exprese cada cual. Son simples modos de ver las cosas. Y los que ven las cosas solo desde su punto de vista personal y fijo, siempre viven en el conflicto. Y atacan porque de ese modo creen que pueden ajustar la realidad a su antojo, lo cual es imposible. Esa imposibilidad es lo que les produce miedo. Nadie es dueño de los acontecimientos, puesto que la vida le pertenece a Dios y solo él es señor de la historia. No cae ni un solo cabello de tu cabeza sin el consentimiento amoroso de Dios para tu bien.


Sebastián:Gracias por las enormes bendiciones que me has dado en el día de hoy. Todo ha sido bendito en mí en este día bendito en mi ser aunque las circunstancias externas fueran las mismas que siempre. Todo cambia, cuando cambia la mirada interior. Todo se ilumina cuando veo todo a través de ti que eres el amor y la paz de mi ser.


Jesús:Desde ahora y para siempre, mi paz te acompañará y no habrá nada ni nadie que pueda perturbarla. Yo soy la paz inmutable. Nada puede prevalecer sobre mí. No te preocupes por el mundo pues ya ha sido vencido. Estás viviendo en un nuevo mundo que creamos juntos en paz.


Eslabón 15

Jesús:Amado de Dios, ¿por qué me privas de la belleza de tu corazón? ¿No tengo acaso yo el derecho de contemplar los tesoros de amor infinito que tu corazón contiene? ¿No tienen acaso tus hermanas y hermanos en Cristo el derecho a echar mano a los tesoros de tu corazón? No le niegues al mundo el cielo, pues Dios lo ha puesto en ti para que lo conozcan a él. Ábreme las compuertas de tu corazón de par en par.


Sebastián:¿En qué sentido quieres que me dé a conocer a ti que me conoces desde siempre, incluso más que yo mismo?


Jesús:Yo te conozco desde siempre pero aquellas hermanas y hermanos tuyos que aún no han despertado o quienes todavía viven en la somnolencia de los primeros tiempos del despertar no te conocen. Y es a ellos a quienes van dirigidas estas palabras de amor que brotan de mi corazón y les son dadas como regalo purísimo por tu intermedio. Estas palabras resuenan en todo el universo, pues somos uno con Dios y con todo lo creado. El valor de estos diálogos de amor es inconmensurable. Son una gracia y fuente de bendiciones para todo el mundo. Basta un solo pensamiento dirigido hacia mí o un solo gesto de amor puro para transformar el mundo entero y restaurar la creación. ¡Cuánto más entonces este instrumento de amor y gracia que constituye este “librito”, tal como tú lo llamas, si no es otra cosa que un portal abierto entre la tierra y el cielo!


Sebastián:Qué otra cosa puedo decirte, Cristo en mí, que no sea simplemente gracias. Jamás podré agradecerte lo suficiente. Gracias por salvarme. Gracias por darme la verdadera vida. Gracias por no separarte jamás de mi lado. Gracias por no dejarme librado a mi suerte. Gracias por tu paciencia infinita. Gracias por tanta devoción hacia mí. Gracias por hacerme sentir amado de verdad. Gracias por tus continuos cuidados. Tu ternura. Tus consejos. Tu compañía infaltable. Gracias por existir en mi vida. Gracias por tantas providencias.


Gracias por haberme enseñado hoy que todos mis problemas asociados al dinero, el trabajo y la subsistencia no eran otra cosa que la inevitable manifestación de una parte de mí que no te entregaba a ti. Pensaba, antes de que me des luz en este aspecto de mi ser, que los asuntos económicos, materiales y de supervivencia no eran algo que te importara o que incluso no era correcto entregártelos. Pensaba que eran indignos de ti y con ello pensaba que mi humanidad era indigna de tu divinidad.


Yo confiaba en mis propias ideas y sistemas de pensamiento en cuanto a lo que se refiere a los asuntos del cotidiano vivir y muy particularmente en los asuntos del dinero y la prosperidad. Esa parte ciertamente no creía que fuera de tu interés o que incluso no tenía sentido entregártela. Pero ahora sé que eso es un error y fue la causa de tanta insensatez y conflicto en mi vida, de tantos fracasos. Ese error fue causa de la interminable conflictividad procedente del sistema de supervivencia humana. Pero ahora siento que me has liberado de ese error. Ahora quiero fervientemente entregarte eso también a ti que eres la verdadera abundancia y providencia.


Gracias por enseñarme cada día el verdadero significado de la abundancia. Gracias por darme el regalo de entender y aceptar que de todo te ocupas tú y te haces cargo. Gracias porque este entendimiento, surgido de la evidencia de los hechos que demuestran claramente tu amor actuante y providente en mi vida al entregártelo todo a ti, me ha liberado de toda preocupación.


Gracias por haberme abierto los ojos para poder ver los continuos regalos que me haces. Milagros de amor para todos. El amanecer que embellece todas las cosas. El vuelo de un pájaro y su canto. El gozo de sentir la brisa fresca al despuntar la aurora. La belleza de la luna y las estrellas. El regalo de una sonrisa amigable. De una palabra afable. El gozo de las miradas limpias y de los rostros de los bondadosos. La dicha de contemplar la belleza de los inocentes y puros. La gracia de poder ver en los gestos iracundos un pedido de amor y una súplica al cielo pidiendo ser liberados del miedo.


Gracias por permitirme ver en cada lágrima un anhelo de amor. Gracias por descorrer los velos de la ignorancia y darme la gracia de poder ver cuánto amor de Dios hay en cada flor. Gracias por los niños que embellecen y alegran la tierra al ser ellos los símbolos que nos recuerdan nuestra inocencia, espontaneidad y pureza.


Gracias por permitirme vislumbrar el misterio de Dios en cada uno de mis hermanos y hermanas y en la humanidad en su totalidad. Porque hoy también me diste la gracia de comprender desde el corazón que cada hombre es un mundo. Cada hermano es un universo insondable. Es una vastedad que no podrá ser contenida jamás por ninguna forma, al ser de condición inabarcable. Ahora comprendo cuando me dijiste que el cielo es un universo infinito de infinitos universos. Un mundo de infinitos mundos.


¡Oh, humanidad bendita! ¿Qué sería de la creación sin los hombres? Tierra yerma increada e irresoluta. Creación sin significado, pues no tendría un propósito. Hoy, por tu gracia y bondad he sido testigo del propósito de todo lo creado. Tú creaste todo para mí. Todo me lo has dado por pura gratuidad. Mía es la tierra. Mío es el cielo. Tú creaste las estrellas y el sol para mí. Creaste los jardines, montañas y valles, océanos y mares, el viento y el cosmos. Los seres vivientes en toda su variedad para mí. Ahora comprendo que todo lo creaste pensando en mí. Todo lo hiciste para mi gozo y deleite. Y con ello lo hiciste también para todos. Como una madre amorosa que, esperando al nacimiento de su hijo prepara la cuna, la habitación y la casa donde vivirá su amado niño, así tú preparaste a la creación antes de que yo fuera, para que tu hijo amado sea feliz.


Así como una madre comienza a gozar de antemano la venida de su hijo preparando todo para su llegada, así lo hiciste tú. Todo lo fuiste preparando Divinamente para que sea perfecto para el instante en que naciera tu hijo amado, concebido desde siempre en tu pensamiento. Preparaste toda la creación y finalmente creaste el alma, creación sublime, morada santa, donde nacería Cristo, tu único hijo.


¡Oh, belleza de la creación, creada por el Padre para su hijo! Creada toda para mí, cuya alma es la morada de Cristo. Y al ser su morada, es Cristo, dado que tener y ser son en verdad lo mismo. Te doy gracias, Padre, por todo el bien que me has hecho. Por el regalo inefable de mi corazón que no es otra cosa que el alma de Cristo en mí.


Gracias porque todo lo has hecho para mí aunque no supe comprenderlo y por ende valorarlo. ¿Cómo podría haberlo valorado si es invaluable? Todo es mío incluyendo a mis hermanos y hermanas porque Cristo es mío y Cristo es el todo de todo al ser el hijo de Dios y Dios mismo. Si Cristo me ha sido dado, en él me ha sido dado todo. Yo soy el Cristo en mí. Esta es mi fe y mi alegría.