Extracto 11: "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibido por Sebastián Blaksley

La obra "Mi diálogo con Jesús y María: Un retorno al amor", recibida por Sebastián Blaksley, se encuentra en proceso de publicación.




Libro 3: Canción del perdón


Capítulo 16


Todos son mis hijos

I. Jerarquías


Niño de mis amores, deja que descorra un poco más el velo de la ignorancia para ti y verás la verdad y no podrás evitar saltar al cielo de un brinco. No tengas miedo pues yo estoy a tu lado. Nos acompaña mi ternura infinita, tómala pues es para ti.


Crees, pues así has aprendido del mundo, que existe un orden de jerarquías. Seres superiores a otros y por ende seres inferiores a otros. Consideras a la creación como un conjunto de diferentes niveles o de diferentes reinos. El reino inanimado, el reino vegetal, el reino animal. Y crees también que en la cúspide de esos reinos está el “hombre” como amo y señor de toda la creación.


Esta creencia no puede más que ser falsa, puesto que no tiene sentido que Dios cree seres que deben ser sometidos a otros. Parece que Dios creara a las hormigas con el único propósito de ser objeto del señorío del hombre. A los peces para ser alimento humano, creados solo para ser devorados. A las plantas para ser objeto de sus caprichos. Aún más, crees que existen jerarquías incluso entre cada nivel. También en el llamado reino humano hay “personas más valiosas” que otras según las creencias del mundo. Los reyes valen más que los pordioseros o los pordioseros más que los reyes. Los ricos y los pobres. Los sanos parecen valer más que los enfermos para algunos o los enfermos más que los sanos para otros. Los sanos y los enfermos.


Los que están vivos, más que los que están muertos, y para algunos valen más los muertos que los vivos. Los vivos y los muertos. Incluso hay quienes sostienen que los “niños valen menos” que los “adultos”. ¿No matan acaso los hombres a sus crías en el vientre y los abortan extirpándolos de la vida? Hay quienes consideran a las mujeres por debajo de los hombres y se atreven a apedrearlas de diversas maneras o a tratarlas como viles objetos de sus caprichos corporales. Otros sostienen que es más valiosa la “juventud” que la “vejez” porque no comprenden que Dios no tiene edad. Dios es eterna juventud. Eterna niñez. Eterna vejez. Y nada de eso a la vez. Pues Dios simplemente es.


Así, según tus creencias, continúan las jerarquías. Las llamadas “clases sociales”. Esta absurda creencia de las jerarquías se extiende incluso hacia el cielo, según los que creen en ella. En el cielo, dicen los devotos de las jerarquías, hay diferentes niveles de seres espirituales, los hombres, los ángeles, arcángeles, querubines, los tronos y dominaciones y muy por encima de ellos Dios. Es como una gran obra de arte de las jerarquías. abajo, los seres inanimados, seres sin alma, por encima los vegetales, arriba de ellos pero no mucho, los animales, muy por encima los seres humanos, arriba de ellos los ángeles, luego los arcángeles y así continúa la escala hasta Dios.


Por debajo de todo, el infierno, con seres creados que parecen atormentar al hijo de Dios y a los que de algún modo sus hijos le hacen más caso que al mismo Dios. Como si el hijo de Dios tuviera una inclinación natural inherente a sí mismo que lo impulsa a seguir al demonio en vez de a la voz de su padre amor. Nada de esto tiene sentido. ¿Con qué propósito podría Dios crear algo así? Todo este sistema de pensamiento apunta a la separación. En un mundo definido sobre jerarquías, nada puede estar unido. Pues una hormiga jamás podrá aspirar a ser un ángel.


Una rana jamás podrá llegar a ser un hombre. Incluso aquellos que creen en la reencarnación consideran que la rana debe dejar de ser rana para “elevarse al nivel de ser humano o antes de seguir en la escala de jerarquías”. Incluso para ellos mientras la rana es rana es inferior a los seres espirituales. Y por sobre todo, nadie podrá ser jamás como Dios. A Dios no se le puede alcanzar, dicen los que creen en esta inexistente escala de jerarquías. Él parece haberse guardado la jerarquía superior a la que nadie puede aspirar ni alcanzar de tal modo que entonces se jacta a sí mismo de su superioridad, que él mismo hace evidente al crear estas jerarquías. Una vez más, nada de esto tiene sentido.


No es difícil alcanzar a Dios. De hecho es antinatural que no lo alcances. Pues Él y tú son uno. Es imposible que estés separado de Dios, del mismo modo en que es imposible que ÉL esté separado de su hijo. Si sigues creyendo en la ley de las jerarquías, creerás en lo imposible. Creerás que debes alcanzar a Dios y no te darás cuenta de que vayas donde vayas Él va contigo. No porque tú tengas que alcanzarlo sino porque Éll ya te ha alcanzado. Dios alcanza primero porque ama primero. Dios es el primero porque es el origen. Quizá alcances el estado en que creas que Dios está a tu lado, pero si te detienes en esa creencia no podrás alcanzar la verdad que es esta: eres uno con Dios. No existe tal cosa como tú aquí y Él allá porque no existe tal cosa como acá la tierra y allá el cielo. El cielo y la tierra son uno como Dios y tú también lo son.

II. Igualdad ante Dios


La única verdad de la creación es la absoluta igualdad, la cual debe entenderse en un plano horizontal y no vertical. Todo lo que crea Dios es uno. Con su divino amor ha creado una creación, que es una en todas sus partes y en el todo. En otras palabras, Dios crea de sí mismo y por esto no hay partes en la creación. Su hijo único es la creación, que es la suma de todos los pensamientos divinos en grado infinito y para toda la eternidad.


No puede definirse a la creación de ninguna otra manera porque Dios crea con el pensamiento. Dicho de otro modo, la creación es el pensamiento de Dios. La mente no puede tener jerarquía de pensamientos puesto que un pensamiento, pensamiento es, en consecuencia, todo pensamiento es pensamiento. El pensamiento eterno es igual en su esencia, igual en su naturaleza, sin distinción de ningún tipo. La verdad de la creación es su perfecta igualdad y en ello reside su poder. En ello reside su santidad. Igualdad en el amor. Igualdad en Dios.


Cuando observes una hormiga dite a ti mismo: en ella hay mucho más de lo que soy capaz de comprender. Porque en ella hay vida. Y donde está la vida está la fuente de la vida misma. Y donde está la fuente está el amor. Por ende, la hormiga que tú ves es una manifestación del amor. Es misterio pues la vida es un misterio para los hombres. Entonces, ¿por qué juzgas a la hormiga? ¿Crees que es inferior a ti? Si en ella reside Dios, ¿cómo podría serlo? ¿Crees que los virus son inferiores a ti? ¿Cómo podrían? ¿Crees que el sol es más bello que tú? ¿Crees acaso que una flor es más dulce que tu amor? ¿Cómo podría, si tú eres el sol, la flor, el virus, la hormiga y todo?


Todo lo que vive, vive en Dios pues Él lo abarca todo. No hay un espacio donde él no esté. ¿Qué puede haber allí donde lo ilimitado no está? No te atrevas a juzgar a una hormiga pues no la conoces. No te atrevas a juzgar al sol, pues no lo conoces. No te atrevas a juzgar a tu hermano, pues no lo conoces. No te atrevas a juzgarte a ti mismo, pues no te conoces. No te atrevas a juzgar a Dios, pues no lo conoces. No te atrevas a juzgar a la creación perfecta de Dios, que es la manifestación de la perfección misma, pues no la conoces. Entonces, ¿por qué té juzgas? Ríete serenamente de tus juicios pues todos son falsos y abandona ya esa pérdida de tiempo que te ha costado tantas lágrimas. Deja tus juicios a un lado.


Tú no deberías juzgar puesto que no sabes. ¿Con qué base verdadera puedes juzgar si no sabes nada? Tú no sabes nada. ¿Entonces por qué te juzgas? Tú no sabes nada, entonces ¿por qué juzgas a tu hermano? Tú no sabes nada, entonces ¿por qué me juzgas? ¿Crees acaso que tus juicios son más verdaderos que los juicios de la verdad? Los juicios del amor son los únicos juicios verdaderos. Esos son los Juicios que no son tuyos, pero sí son para reemplazar a los tuyos. Tú fabricaste tu capacidad de juzgar, la cual es en todo errada. Dios no juzga, Dios es. Él no quiso dejarte esclavo de tus propios juicios y prisionero de la ignorancia.


La verdad solo puede juzgar en espíritu y verdad y sabe que solo puede juzgar en el amor porque sabe que solo este es real. Lo demás no proviene de Dios y por ese motivo no proviene de ningún lado. Descansa en paz para siempre liberándote de ese fardo de los juicios que te has echado a los hombros hasta quebrarte. Renuncia a tus juicios, y alégrate de haber estado equivocado con respecto a todo. Jamás podrás ser lo que nunca serás, jamás fuiste y no eres. Tú eres eterna inmutabilidad del amor.

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