La era del corazón - Acerca de la obra

La era del corazón

Recibido por Sebastián Blaksley


3 de octubre de 2021

Acerca de la obra

Amada de mi corazón. Alma llena de santidad. En nuestro amor se revela la verdad. En nuestra unión, la sabiduría. Juntos creamos nueva vida. He venido a tomar tu mano, tu tiempo y humanidad, para llevar luz a las mentes y paz a los corazones por medio de estas palabras. El mundo necesita saber. Por esa razón es que vengo a revelar cuál es el camino que recorre la creación. En otras palabras, a responder la pregunta que existe en los corazones de nuestros hermanos y hermanas, y que dice así: ¿Dónde estoy y a dónde voy?


Observa amada mía, que se ha omitido de la pregunta la parte que dice ¿de dónde vengo? Esto se debe a que ya ha sido respondida en los escritos que anteriormente te fueran dados, para compartir con el mundo entero. Si te detienes - y meditas con serenidad - lo que aquí se te dice, descubrirás que existe una relación directa entre todas las palabrasque juntos extendemos . Ellas forman parte de una totalidad. Conocer el origen de tu existencia, es también conocer tu realidad y destino, pues son uno y lo mismo. Sin embargo, porque a veces la mente y el corazón necesitan separar algunos símbolos, para luego darles significado en la totalidad, conforme al lenguaje humano, es que se han creado sucesivos escritos, de los cuales estos son parte integral.


Estas palabras van dirigidas a la consciencia del Cristo en ti. Ya no hablamos de una mente o un corazón, pues has alcanzado el estado de plenitud del ser, que es aquel en el que reconoces que ambos son una unidad inseparable, en lo que eres como humanidad santa. De modo tal que no existen razones para hacer distinción entre lo uno y lo otro. A la unidad de mente y corazón la llamamos consciencia del ser. Es allí a donde va dirigida esta expresión de amor y verdad. Mi voz, representada en esta obra, llegará allí donde tenga que llegar. El alma que la reciba, comprenderá porque es hija de la luz que brilla en todo lugar.


No le hablamos a alguien en particular, como si fuera un individuo, pues ya se ha reconocido jubilosamente - y aceptado - el hecho de que no existe tal cosa como un ser individual. Estamos hablando desde la totalidad de la Fuente hacia la unidad de la creación. Existe la consciencia universal, la cual es extensión perfecta de la consciencia divina. Esta, abraza a aquella. Usamos dos términos, para que se pueda comprender con mayor facilidad que; en esta revelación, la consciencia del Creador se manifiesta a la consciencia del creado en unidad de amor y sabiduría. Ambas forman una relación. Creado y creador. Origen y destino. Alfa y omega.


Dicho llanamente, estos escritos son una manifestación del conocimiento de Cristo, revelándose por amor a la humanidad. Un amor que estará presente hasta la consumación de los tiempos, es decir por toda la eternidad. Van dirigidas al centro de tu ser, y con ello al centro de la consciencia universal, en razón de la unidad del ser. Recuerda que somos una sola mente, un solo corazón, una sola alma. Unidos somos la luz de la vida.


Alma pura. A medida que vayas recorriendo esta obra, es probable que te topes con revelaciones que la mente pensante no comprenda, y en razón de ello le cueste aceptarlas. Eso procede simplemente de la costumbre de utilizar lo aprendido como fuente del saber, en vez de permitir que la verdad sea revelada. No te detengas por ello. Sigamos juntos de la mano, hasta que se diga todo lo que tenga que decirse, en razón de nuestra sabiduría perfecta. Mira que la totalidad conlleva dentro de sí un regalo que la parte por sí sola no puede dar.


Absorbe cada palabra que aquí se te regala, como si fueran de gotas de rocío bajadas del cielo. Déjate llevar por ellas. Siéntelas. Abrázalas con toda tu alma y todo tu ser. Permite que el poder que en ellas existe embeba tu humanidad, y se extienda más allá de ti mismo, en razón de nuestro amor. Así es como se las regalamos al mundo entero y a toda la creación. No en virtud de las leyes de lo viejo, sino de las del espíritu de Dios, quien hace nuevas todas las cosas.


Recuerda amada de mi divino corazón, que nada es imposible para Mí. Por lo tanto, tampoco lo es para ti, que eres uno conmigo. Mi voz llega al centro de lo que eres. Tu alma sabe quién le está hablando. Conoce la voz de la verdad. Reconoce la sabiduría de Dios, pues en ella existe, se mueve y es. No le niegues a tu ser la dulzura de mi voz, y la alegría de permanecer unidos en la santidad del ser. Unidos somos la casa de la verdad. El refugio de paz en el que nuestros hermanos y hermanas anhelan habitar. Extensión purísima de la sabiduría del cielo. Juntos creamos el nuevo cielo y la nueva tierra. Estas palabras dan testimonio de ello.


Bendita seas tú, que escuchas mi voz y la sigues.

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