Llevados por el amor - Carta 100 y Palabras finales
- Sebastián Blaksley

- 28 jul 2025
- 8 Min. de lectura
I. El amor que lo es todo
Amada alma de mi divino amor,
El cielo se ha abierto de par en par para ti que has llegado hasta aquí. Tú que has recorrido este camino de sabiduría y de luz. Nos une la verdad. Nos mueve el amor. Hemos caminado por las aguas de la santidad. El pasado ha quedado atrás para siempre. Sus recuerdos ya no perturbarán tu corazón, pues serán vistos como lo que son. Recordatorios de un pasado que ya no está aquí, ni en ninguna parte. Recuerdos de un amor que ha sido dado y recibido, o que no lo ha sido en absoluto, fruto de una falta de ser. Es decir, de algo que no estuvo en armonía con lo que eres, y por ende no procedía de la verdad acerca de ti.
Desde ahora, las heridas del pasado no marcarán tu presente, ni lo harán sus alegrías. Tampoco las creencias que un día creíste que eran verdad. Nada de eso determinará tampoco tu futuro. Porque has reconocido que tu presente es el amor que no tiene principio ni fin, y ninguno otro. Y tu futuro también. Ahora eres un nuevo ser, brillando en la luz de Mi gloria. Refulgiendo en la belleza del Cristo que eres. Tu humanidad ha aceptado esta eterna verdad.
Amado mío. Dios es el amor perfecto al que el alma aspira pero nunca llega. Alégrate de que así sea. El amor infinito es siempre creciente. Siempre extiende más amor, siendo siempre la totalidad. Cada gota de su ser es todo su ser. Cada aspecto de su totalidad lo es todo. En otras palabras, en la parte reside el todo. Esta es la razón por la que cada expresión de amor es total. Y sin embargo, al mismo tiempo tu corazón puede ensancharse cada vez más, y amar con mayor fuerza, mayor pasión santa, mayor fuerza vital, mayor santidad. Hasta llegar a incendiar el universo entero, en un fuego que abraza y no quema. Siempre creciente. Siempre nuevo. Siempre en movimiento.
Alégrate de reconocer que lo que eres procede del amor infinito. De que tu realidad santa no acabará jamás. Cada mañana de tu vida en la tierra, cada tarde y cada noche, serán nuevas. Estarán llenas de la perfecta creación eterna. Siempre presente. Siempre en Dios. Esto se debe a que la eterna realidad de lo que eres reside en el eterno presente del amor hermoso. Nunca se muda. Y sin embargo, siempre crea un nuevo amor. Así es como la vida del alma es eterna novedad. Recuerda que Yo hago nuevas todas las cosas.
Abre los ojos de tu alma. Ábrelos bien. Haz que el asombro y la reverencia sean tus principales sentires desde ahora en adelante. Verás lo que nunca antes habías visto. Verás realizar los anhelos de tu corazón. Frente a ti se desplegará la realización del propósito de tu existencia. Con ello, el júbilo inundará tu corazón. Se extenderá más allá de ti mismo hacia donde tiene que extenderse, en razón del plan divino.
Juntos haremos grandes cosas. Y gozaremos de las delicias de un Dios que no solo ha creado todo lo que existe en verdad, sino que es el sustento de la vida, y con ello de las almas. El amor nos alimenta. La verdad nos abraza. La sabiduría nos ilumina. Así es como recorremos juntos el camino que aún nos queda por recorrer en el mundo, con el fin de compartir el amor que somos en verdad. Nos alegramos de que así sea, pues reconocemos que el mundo es tan santo como lo es todo lo que está abrazado por el amor del creador de todo lo bello, lo perfecto, lo inocente.
¡Qué dicha es haber llegado hasta aquí! Un nuevo puerto de salida. Hoy nace un nuevo comienzo. Un nuevo caminar lleno de esperanza, luz, alegría. ¡Cuánto júbilo se siente en el corazón al saber que por siempre permaneceremos unidos en el amor santo! ¡Y que nunca llegaremos a tal cosa como un final, pues somos eternos! Nos regocijamos en ello. Reconocemos que nuestra eternidad es pura bondad, belleza y armonía. Ya no miramos atrás. Le decimos sí a la vida, diciéndole sí al amor. Confiamos en él. Sabemos que nos sustentará, tal como nos ha sustentado siempre. Y que nos acompañará sin interrupciones. Suceda lo que suceda, él permanecerá a nuestro lado y en nosotros. Su abrazo dará calor a nuestras almas. Su omnipotencia hará grandes cosas en nosotros y con nosotros. Sus pensamientos darán claridad a nuestras mentes. Recibiremos de él la palabra certera, en el momento perfecto. Su voz será nuestra guía en todo. Nunca nos abandonará porque el amor no abandona la obra de sus manos.
II. El soplo del espíritu
En razón de vuestro sí al amor, las alas de vuestro espíritu comienzan a desplegarse como nunca antes lo habían hecho. Ya no camináis, sino que voláis. Ya no habláis. Ahora cantáis un canto nuevo cada día. Esperáis alegres en los brazos del amor. Os regocijáis en la pura expectación. La cual os regala un gozo que sobrepasa toda medida. Vuestras almas viven en la paz vibrante del ser. Se deleitan en el corazón de Dios. Ya no son esclavas de nadie, ni de nada. Solo están sujetas al amor que no tiene principio ni fin. Y por ello, viven en la libertad de los hijos de Dios. Ni el pasado las condena, ni el futuro las condiciona. Ahora son las hijas eternamente libres del amor santo. Su inocencia ha sido restaurada a su consciencia. Su santidad a su mente. Su pureza a su corazón.
Luz de luz verdadera. Palabra de vida eterna. Eso son las almas que ahora brillan en el mundo con la luz de Cristo, tras haber hecho la opción por el amor. Almas purísimas que preparan la segunda venida del amor perfecto a la tierra. De aquel que es el dueño santísimo de los corazones. Con ello, crean en unidad y relación el nuevo reino terrenal, cuyo fundamento es la verdad. Permiten que la santidad de Cristo se expanda por medio de ellas. Así es como extienden su ser. Abrazan la tierra. Hacen renacer la esperanza en los corazones que un día la habían perdido. Levantan a sus hermanas y hermanos del letargo en que se encontraban, por causa de la confusión del mundo. Los llaman con sus dulces voces, para sumarse al cántico de los renacidos del Cordero. Un himno colosal, entonado por aquellos que han resurgidos de las aguas del perdón y la misericordia. Manantial inagotable de pureza y santidad que brota del Divino corazón, y se extiende purísimo por toda la creación.
Hijas e hijos de todo el mundo. Ha llegado la hora de emprender un nuevo tramo en nuestro camino. Os aseguro que será tan novedoso como lo ha sido el que hemos recorrido hasta aquí. Os digo camino, para que podáis comprender con mayor facilidad. Pero en realidad, ya no hay una senda por la que caminar. ¿Cómo podría haberla, si ahora voláis el vuelo de la santidad?
En verdad, en verdad os digo que vuestras almas serán movidas, ya no por la voluntad tal como la habéis concebido hasta ahora, sino por el soplo de amor vivo que fluye desde mi sagrado corazón. En ese soplo de mi divino amor seréis llevados a alturas nunca antes concebidas. Os elevaréis mucho más de lo que os podéis haber imaginado jamás. Y por ello reconoceréis que nada es imposible para Dios. Ni tampoco para vosotros cuando permanecéis en el amor.
Alegraos de poder volar el vuelo del espíritu. Pues es un movimiento del alma que os llevará a la plenitud del ser. Y en ello cantaréis eternamente un hosanna perpetuo al amor de los amores. No os preocupéis por nada. Mi amor os acompañará por toda le eternidad. Juntos realizaremos el plan de Dios en vosotros. Sed fuertes en Mí. Dadme vuestras vidas. Dádmelo todo. Y yo os lo devolveré centuplicado. Entregaos cada día más a mi divino amor. Tal como lo habéis hecho hasta ahora. Creced junto a vuestra Inmaculada Madre y a vuestro amadísimo Jesús.
Unidos crearemos un nuevo cielo y una nueva tierra. Vuestros corazones sobrevolarán las cosas del mundo. Ya nada de él os retendrá. Ni desgastaréis vuestras fuerzas inútilmente, buscando saborear las pequeñas migajas que os ofrecía, haciéndoos creer que eran los manjares más deliciosos. Ya no vivís en el espejismo de la ilusión, sino en la realidad del amor que sois en verdad. Estáis listos para gozar del banquete del amor hermoso. De las delicias de un Dios que es amor infinito. En otras palabras, estáis preparados para vivir en la libertad de ser lo que sois en verdad. Y de ese modo, cumplir el propósito de vuestra existencia. El cual no es otro que extender la santidad que constituye vuestra esencia, vuestra realidad, y la de toda la creación. Así como el gozo de vuestras almas.
Os bendigo en la paz.
Permaneced en Mí, como yo permanezco en vosotros.
Gracias por responder a mi llamada.
Palabras finales
Hijas e hijos míos.
Esta obra es un regalo de mi divino amor a toda la humanidad. Se os da para que recordéis que existe un amor que no tiene principio ni fin, el cual constituye la verdad de lo que sois. Ese amor, os ha creado. Os sostiene en la existencia. Y os quiere dar la grandeza de los tesoros del reino, desde ahora y para siempre. Su realidad reside en vuestros corazones, así como en todo ser viviente, y es Dios mismo.
Esta manifestación es única. No por su contenido, sino porque nunca antes se había dado al mundo una obra que expresara con tanta claridad la relación directa que existe entre el alma y su creador. Toda ella es una expresión viva del flujo de mi divino amor, el cual se comunica a los corazones. La razón por la que ahora, y no antes, se os regala esta expresión de la relación directa con Dios, es porque ya estáis listos para ello. Os aseguro que los espíritus se están abriendo cada vez más a escuchar conscientemente Mi voz en su ser, tal como lo era en el inicio de los tiempos.
Ha comenzado una nueva era. La era en que los verdaderos adoradores de mi Padre lo adoran en espíritu y verdad. En otras palabras, un tiempo en el que se ha restaurado en el corazón humano su capacidad de escuchar - en forma directa- la Voz de mi Sagrado corazón y del Inmaculado Corazón de María en ellos. Es decir, la voz de la verdad. De ahora en adelante, os digo que esta será la forma que adoptarán mis manifestaciones en el mundo. Serán la expresión viva de la relación directa del Creador con el creado. Expresarán en un diálogo de amor santo, tan único e irrepetible como lo es cada alma.
Amadas y amados míos. Vosotros que recibís estas palabras, y toda aquella dada a este lápiz en las manos del amor. Sé muy bien cuánto me amáis. Cuánto necesitáis de mi divina presencia en vuestras vidas y de mi palabra de sabiduría. Sé que vuestros corazones cantan, vibran y se alegran al oír mi voz. Porque el hombre sin amor desfallece, es que os pido una vez más que permanezcáis en la presencia del amor santo.
En verdad, en verdad os digo que, no os abandonaré jamás. Estaré con vosotros - y en vosotros - todos los días de vuestras vidas. Soy vuestro Jesús de Nazareth. El eterno enamorado de las almas. Y esposo de la santidad del ser.
Os regalo estas palabras a vosotras, almas que estáis más llamadas al amor, para que mi voz os acompañe, y permanezcáis en la verdad que es siempre verdad. La cual mora en vuestros corazones, y constituye la alegría del alma y la fortaleza del espíritu. También para que permanezcáis abrazados a Mí. Fundidos en mi amor. Mi palabra es palabra de vida eterna. Revela la verdad con perfecta claridad, porque yo soy la verdad y la vida.
Vosotros que estáis viviendo tiempos de grandes transformaciones. Es justo que recibáis - de mi presencia amorosa- la luz de mi sabiduría, la cual es vuestra por derecho de nacimiento. Ella es la luz que ilumina a todo hombre. Mi palabra es verdad. Es guía. Es certeza. Es el gozo del corazón. Y la fuente de la sanación.
Un Ángel os será dado. Recibidlo de mi amor. Él también os guiará y acompañará por los caminos de la vida. Su presencia refulge en la luz de Mi gloria. Dadle la bienvenida. Acogedlo con el mismo amor que me habéis acogido a mí. Juntos seguiremos adelante por la senda del amor hermoso. Y renovaremos la faz de la tierra.
Os bendigo en la luz de la verdad.
Jesús de Nazareth,





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