Capítulo 96 - Un Ángel os será dado

Actualizado: abr 26


I. Vivir el amor


Amada mía. Criatura de luz,


Me hago presente una vez más para extender amor perfecto por medio de nuestra unión. De ese modo creamos un nuevo amor santo. Iluminamos la creación y permitimos que la hermosura de la verdad sea vista y oída. La luz que brota de nuestra relación divina se extiende hacia todo lo creado. Regalamos vida. Recibimos paz.


Vamos llegando al final de esta obra. Ya quedan pocas palabras por decir. No en nuestros eternos diálogos de amor y verdad, sino en razón del designio divino para esta expresión. Con esto quiero decirte, bendita criatura de Dios, que estas palabras, las cuales brotan de mi Sagrado corazón, y son expresadas por medio de tu humanidad, tienen un principio y un final en el plano de la manifestación consciente de la forma, pero no en el alma.


Los límites del tiempo no son para el amor, sino para aquello que debe ser en él y dejar de serlo también en él. Esta obra no es una excepción. Sin embargo, hijas e hijos de todo el mundo, sus frutos serán eternos en cada uno de vosotros, que las recibís y acogéis con amor y apertura de corazón. Y también para todos aquellos que serán abrazados por ellas, incluso sin recibirlas por medio de los sentidos corporales. Ellas son las diferentes manifestaciones de la creación que recibirán el amor que procede de vuestra humanidad transformada por la luz de la verdad. En otras palabras, de la belleza de vuestro nuevo ser, el cual es fruto de nuestra relación directa.

Habéis renacido en la Gracia del cielo. Sois una nueva alma. Un nuevo corazón. Un nuevo ser. De vosotros emana una luz cuya fuente es la Luz verdadera. Sus rayos se extienden desde el centro de vuestras almas hacia toda la tierra. Y la abrazan. La envuelven. La inundan de amor.


Ya no sois los que un día fuisteis. Ahora enseñáis verdad, en razón de lo que sois. Extendéis amor perfecto, como efecto de vuestro reconocimiento del verdadero ser que sois. Vuestras interacciones, tanto con vuestras hermanas y hermanos, como con el resto de la creación, incluyendo a vosotros mismos, están embebidas de la magnificencia de vuestra nueva - y a la vez siempre eterna - realidad de amor santo.


Os invito a vivir estas palabras, a dejar que esta obra - la cual es parte integral de toda palabra dada a este Lápiz en las manos de Dios, elegido en el designio para darles forma-, se haga carne en vosotros. No os preocupéis por cómo se realizará ello. Vuestra mente y vuestro corazón ya se han reunido en la santidad del ser. La integridad a la que habéis retornado hará todo por sí misma, en perfecta armonía con la voluntad del Cristo que sois. Esta obra es oración. Y la oración transforma. Por lo tanto, eso es lo que sucede con estos diálogos de amor y verdad que os son dados desde el cielo.


Os invito a no dejar que la costumbre de buscar explicarlo todo, os lleve a un lugar que os aleja de la experiencia viva del corazón. Recordad que eso no procede de la mente de Cristo, que es vuestra única mente verdadera. Por lo tanto, no procede del amor. Recordad que, en la sabiduría del cielo - de la cual sois portadores - , no existe tal cosa como la necesidad de discurrir por medio del razonamiento, y por ende realizar esfuerzos pensantes para conocer la verdad. Ahora que habéis retornado a la casa del Padre, y que estáis en el mundo para dar testimonio de ello, de tal modo que otros sigan el destello de vuestra luz, el conocimiento os es dado en forma directa por medio de la revelación. Es decir, por medio de nuestra relación divina.

II. Eterna presencia del amor


En verdad, en verdad os digo que permaneceré con vosotros todos los días de vuestras vidas. De tal manera que, el final de estas palabras escritas no constituirá una despedida propiamente dicha. Simplemente será un cambio en la forma de expresión que brota de nuestra relación. Vuestros corazones son la morada del cielo. Es por ello que son Mi morada santa. Unidos de corazón a corazón, continuaremos por toda la eternidad conversando, desentrañando la belleza de la sabiduría. Siendo testigos vivientes de los procesos de creación divina. Gozando de las delicias de Dios. Y extendiendo de incontables maneras el amor que no tiene palabras. Lo haremos con nuestras miradas, nuestro cálido abrazo, nuestros silencios. Y por medio de todo lo que brote de nuestros corazones enamorados, siempre unidos por la luz de la verdad.


Os aseguro que, a partir de ahora andaréis por los caminos del mundo y quien os observe con amor a la verdad, podrá ver en vosotros a un alma enamorada de Cristo. Quienes así os contemplen os mirarán y pensarán: ¿Con quién habla esa alma? ¿En quién tiene puesta su mirada? ¿De dónde procede su paz? ¿De dónde su sabiduría? Y en el fondo de sus corazones escucharán el susurro de Mi voz diciéndoles, procede de Mí, que soy el Cristo en ti. Y al oír esas palabras, sus almas saltarán de alegría, y vibrarán con la fuerza de la verdad. Ya nada será igual para ellas. Todo comenzará a brillar en la gloria del Cielo. Primero será un pequeño destello, conforme a la intensidad de amor que esa alma pueda soportar en ese momento. Pero poco a poco, sus corazones se irán ensanchando cada vez más, hasta ser capaces de recibir el inabarcable océano de mi divino amor.


Con amor os digo que no necesitaréis hacer nada para dar testimonio de la verdad. Pues esta será manifestada simplemente en razón de lo que sois en Mí. Vuestro tiempo juntos en estos diálogos han dado grandes frutos. Tal como sucede con toda relación, la cual transforma a lo que forma parte de ella, nuestra relación divina os ha transformado en un nuevo ser. Sois el hombre-Dios y la mujer-Divina que habéis sido llamados a ser desde toda la eternidad. Sois una nueva criatura santa. No en vuestra verdadera identidad, sino en la expresión de lo que sois. Ahora vuestro ser y lo que expresáis están en armonía.


En verdad, en verdad os digo que muy pronto, un Ángel os será dado. Él guiará vuestros caminos en la luz y la verdad. Será vuestro fiel compañero. Un servidor de la sabiduría del cielo, puesto al servicio de vuestra misión de permitir que la luz de Cristo que brilla en vuestros corazones se extienda sin límite alguno por toda la creación. Dadle la bienvenida. Permitidle que forme parte de vuestras relaciones. Invitadle con vuestra dulce aceptación, a gozar de nuestra relación divina. De ese modo, permanecéis conscientemente unidos a mi Sagrado corazón, al Inmaculado corazón de María, y al Purísimo corazón de los Ángeles de Dios. Su presencia mantendrá encendida la luz de la sabiduría en vuestras mentes, y las llamas del amor vivo en vuestros corazones. Gozad de su presencia amorosa. Alegraos en su abrazo angelical. Contad con su asistencia amorosa todos los días de vuestras vidas, tal como contáis con la Mía y la de vuestra Madre del cielo.


Cuando recibís el regalo de un Ángel, recibís a los incontables coros angélicos, arcángeles, y las demás realidades angélicas. Absorbéis su esencia. Sois inundados por su ser angélico. Todos los ángeles viven en uno. Y cada uno permanece en todos. Esto se debe a que la totalidad es parte de lo que son, tal como lo es en vosotros. Os digo estas cosas para que comencéis a prepararos para seguir adelante de un nuevo modo, por la senda del amor hermoso. Nuestro camino de eternidad.


Vuestro Ángel os hablará. Y vuestros corazones lo escucharán. Tal como lo han hecho conmigo que soy la fuente del amor santo. Reconoceréis que su voz es Mi voz. Sabréis que ellos hablan en Mi nombre. Pues al escuchar su voz, recordaréis que solo existe una voz, y esa es la voz de Dios. La cual habla en todos los corazones creados. Y al hablar crea vida en abundancia.

Os bendigo en la luz de la verdad.


Gracias por responder a mi llamada.

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