Capítulo 98 - Semillas del cielo

Actualizado: may 26


I. La alegría de crear


¡Que canten los corazones que han llegado hasta aquí! ¡Que se alegren las almas que le han dicho sí al amor! Sus vidas serán un canto nuevo a la eterna realidad del amor santo. Sus mentes serán como estrellas que iluminan y embellecen las noches. Y como soles, cuyos rayos de luz se extenderán hacia donde tienen que extenderse, con la diferencia de que su calor abraza pero no quema. Sus corazones extienden dulzura y suavidad, alegría y contención, porque son eternos cantores de la ternura de María. Ellos tocarán otros corazones. Despertarán las consciencias al amor santo. Esa es su función. Para eso han venido al mundo. Y cumplen su propósito. Esta tarea santa y sagrada les ha sido dada desde toda la eternidad. Por ese motivo están en el mundo, a pesar de no ser de él, pues solo le pertenecen al amor de los amores. Su luz hace que la humanidad no quede estancada por causa de la niebla mental en la que estaba sumergida.


¡Alégrense, amados míos. Vosotros que estáis aquí recibiendo estas palabras! Os sigo invitando a permanecer en la presencia del amor. A conocer las delicias de mi Sagrado corazón y del Inmaculado corazón de María, en cuya unidad residen los tesoros del reino, los cuales os pertenecen por derecho de nacimiento. Venid a conocer la hermosura del amor perfecto. Echad mano al tesoro inagotable de la belleza de Cristo. Animáos a conocer un amor que no es del mundo, aunque se pueda manifestar en él. Un amor que no tiene principio ni fin, y que constituye la esencia de todo lo creado. Recordad que para conocerlo es necesario extenderlo, de tal manera que su expresión os lleve al conocimiento del amor que sois en verdad. Es dando como se recibe.


¡Qué dicha es haber hallado el propósito de vuestra existencia! ¡Cuánta serenidad experimenta el espíritu! ¡Cuánto júbilo siente el alma que ha llegado hasta aquí, al reconocerse plenamente en el amor que es! Ahora sabe a ciencia cierta, no según los razonamientos de la mente pensante, sino por medio de la revelación, que su única razón de ser es el amor. En él se sabe digna. Pura. Inocente. Siempre niña. Llena de vida. Ha reconocido que su plenitud es la plenitud del amor. ¿Cómo iba a ser de otro modo, si siempre fue amor, y eternamente lo seguirá siendo, pues así fue creada por Aquel que es la fuente del amor hermoso y de toda vida?


Tú que recibes estas palabras. Alégrate. Comienza a bailar la danza del amor santo. Regocíjate en ella. Entona nuevas canciones, nacidas de la pureza de tu santidad, y la hermosura de tu inocencia. Crea conmigo un nuevo lenguaje. Uno que no necesita de palabras ni de símbolos, aunque se pueda valer de ello, pues todo le sirve al amor. Ven a crear junto a mi Sagrado corazón una nueva expresión. Nunca vista hasta ahora por los hombres y mujeres que han pisado y pisan la tierra. En verdad, en verdad te digo que nuestra novedad cambiará el rumbo de la historia. Y que en efecto ya lo está cambiando. Esto no es un hipérbole. Es el modo en que suceden las cosas en el maravilloso caminar de la humanidad por el mundo.


Cuando pisé la tierra con mi humanidad terrena, cambié el rumbo de las cosas. Lo hice porque estaban dadas las condiciones para introducir en las consciencias la verdad acerca del Dios que es amor y nada más que amor. Y cuya realidad está tan unida a cada uno de sus hijas e hijos como lo están los pensamientos, de la mente que los piensa. Siempre ha habido - en el caminar de la humanidad-, episodios que han surgido sin estruendos ni grandes avisos. Actos pequeños, tal vez incluso triviales en apariencia. Pero que sin embargo, sentaron las bases para grandes transformaciones.


Así es como sucedió cuando se descubrió, sin ninguna participación volitiva consciente, por la simple razón de explorar y disfrutar, que se podía moldear el barro con las manos. O unir algunos elementos creando aleaciones, y nuevas configuraciones. De allí, de ese simple acto, surgió todo un universo de extensiones, cuyo impacto fue inmenso en la vida humana. Así nació lo que muchos dan en llamar la era del bronce, y también las primeras expresiones del arte. Es desde allí desde donde se ha llegado a poder construir hoy en día las majestuosas catedrales que muchos podéis contemplar. Y los edificios que con tanto orgullo se exhiben por todas partes. De esos mismos actos surgieron casi todas las comodidades de las que hoy gozáis, y los avances científicos.

II. Nueva creación naciente


Estamos hablando del poder del descubrimiento. Y de cómo ello puede tener un impacto en la manera en que vive y siente la humanidad. Y transformar las cosas. Pensad en aquellos hermanos y hermanas que un día comenzaron a “jugar” como niños pequeños, creando símbolos escritos en piedra. Luego vieron que ello podía servir como medio de comunicación. Otro pequeño acto. Con toda la espontaneidad característica de un corazón de niño, siempre abierto a la libre expresión, a explorar más allá de los límites conocidos, y aventurarse en los misterios de la novedad. Almas que dieron rienda suelta, de algún modo, a una fuerza que estaba en el alma humana. Dieron forma a una capacidad.


De allí surgió una de las más grandes herramientas, para la transformación de la organización humana, que haya existido hasta ese momento. La capacidad de crear un sistema de símbolos a los que se les podía dar significados, y quedar grabados en piedra para que sean vistos por otros. No solo por aquellos que estaban alejados en el espacio, por causa de la distancia, sino también separados en el tiempo.


Así nació lo que hoy llamáis la comunicación escrita, una novedad tan asombrosa para entonces que, sus primeros co-creadores ni siquiera podían imaginar. Lo mismo está ocurriendo aquí. Estáis haciendo consciente, viva y presente, la relación directa con Dios. Os estáis comunicando sin intermediarios con el cielo que sois en verdad. Estáis hablando con vuestro creador. Y estáis haciendo que ello sea tan natural a vuestras vidas, que no existe ya distancia entre el cielo y la tierra para vosotros. En otras palabras, Dios ha dejado de estar sentado en las alturas, en el trono del cielo, para estar en vosotros y con vosotros. Ahora Dios pisa la tierra.


Lo que se está diciendo aquí es que, estáis siendo ejemplos vivientes de ser un hombre o una mujer que camina por la tierra como cualquier otros, pero con la diferencia de que vuestra unidad con Cristo es total. Y eso hace que viváis abrazados a Su luz y sabiduría. Ya no sois simplemente seres humanos, tal como ese concepto ha sido entendido hasta este momento. Ahora sois la expresión viva del Hombre-Dios, la Mujer-Dios. Se ha abierto una nueva dimensión. Y no se cerrará jamás. Se ha traspasado un umbral. Y sus efectos se expandirán tan certeramente a lo largo de toda la humanidad, como lo han hecho otros acontecimientos de alcance universal. En cierta medida, podemos decir que hemos encendido una mecha. Y por causa de ello, el fuego del amor hermoso se expandirá, y quemará lo viejo a medida que pasa. La vieja humanidad quedará extinguida para siempre. No en la forma, sino en el plano de la consciencia universal.


Una nueva humanidad ha nacido aquí. Esta obra es una de las incontables expresiones que esta verdad hará visible cada vez más. Así como vuestros hermanos y hermanas, sin darse cuenta conscientemente, unieron “cositas” que encontraron en la tierra; y con ello forjaron el bronce al unirlas con el fuego, y dieron comienzo a una nueva era, así está sucediendo en estos tiempos que estáis viviendo. Evidentemente no podéis ver el panorama completo. Tampoco lo vieron quienes dieron forma a la capacidad de expresión de la palabra escrita por primera vez. Ni mis apóstoles y discípulos hace dos mil años. Y sin embargo, el alcance ha sido de grandes proporciones.


Amados del cielo. Vosotros que estáis aquí conmigo, recibiendo con amor estos diálogos celestiales. Hemos usado ejemplos de cosas que pertenecen al ámbito de la forma, para llevaros al conocimiento de lo que sucede en el plano de la consciencia. Utilizamos este recurso comparativo, simplemente para daros a entender con mayor claridad, cuán grande es lo que está siendo creado aquí y ahora, por medio de vosotros; en unidad con Mi sagrado corazón y el Inmaculado corazón de María. Estáis siendo los co-creadores del segundo advenimiento. Del cual está surgiendo el nuevo reino terrenal que he anunciado cuando compartía los misterios del cielo; hablando en plazas, sinagogas, campos y caminos.


En verdad os digo, no podéis siquiera imaginar humanamente el alcance que tiene vuestro sí al amor. El poder transformador y creador que emana de la unión de vuestros corazones con Mi corazón y el de vuestra Madre inmaculada. Es el poder de la unión de los tres corazones. Un poder que está más allá de todo poder. Una fuerza que transmuta las consciencias. Que hace nuevas todas las cosas. Que crea nueva vida a cada instante. Es el poder renovador del espíritu de Dios hecho realidad en vosotros. Os invito a permanecer unidos a la fuente de ese poder. Lo hacéis cada vez que reposáis en la paz. Cuando os disponéis a ser amados. Y al dar amor, en sus incontables maneras. Así es como hacemos visible la humanidad divinizada que ya está aquí, damos forma a la voluntad de Dios en nosotros.


Os bendigo en el amor.


Gracias por escuchar mi voz y seguirla.

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