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Mi reino es tu reino - Carta 4

Actualizado: 25 abr 2025

I. Con los ojos de Cristo


Cuando vives el amor que eres en verdad haces la voluntad del Padre de los cielos. ¿Qué significa esto? Significa que reconoces que eres amor y nada más que amor. No porque hayas llegado a este entendimiento a través de algún tipo de aprendizaje, esfuerzo o mérito, sino simplemente porque sabes por revelación que Aquel que es la fuente de tu ser es amor y nada más que amor. Y porque te decides a vivir en la verdad.


¿Qué otra cosa he revelado en mi tiempo en la tierra sino a un Dios que es amor? Esta verdad, a pesar de ser simple y sencilla, sigue siendo algo resistida, por no decir bastante. ¿A qué se debe esto? A que una cosa es entender con la mente pensante y otra muy diferente es ser consciente de ello. Es decir, aceptarlo de todo corazón. Sabiduría no es lo mismo que información. Esto nos lleva nuevamente a considerar qué es lo que sucede en el ámbito de la mente y su unión con el corazón. En otras palabras, en qué sistema de pensamiento vives la vida que tienes aquí y ahora.


Pensar de tal manera que la estructura de ese sistema de pensamiento se vea forzada a estar en contradicción con su piedra angular, es pensar conflictivamente. Todo sistema de pensamiento tiene una base fundamental desde donde se construye y erige. Y esa es el ser.


Sabes que los animales piensan. Y que incluso existe inteligencia en la manera en que se organiza la vida vegetal o la que sueles llamar inanimada. Todo lo que existe está dotado de inteligencia. Y esta a su vez crea un sistema de pensamiento sobre el cual se ordena. Las abejas viven de un modo que sirve a lo que son. Piensan como piensan porque son lo que son. Lo mismo ocurre con las hormigas o las madreselvas. Basta que observes el orden que se halla en un manglar para darte cuenta de cuánta inteligencia existe en todo. Cada ser tiene un modo de ser y lo usa. ¿Lo usa para qué? Para ser y seguir siendo.


El espíritu humano también ha sido dotado de inteligencia. Su modo de pensar no es el mismo que otros tipos de seres, porque es diferente a ellos, a pesar de ser uno con el amor. Lo que es lo mismo es diferente a la vez. Recuerda que todo es Uno en la esencia y diferente en la relación. Y que se requiere de la relación para poder diferenciarse, es decir tener consciencia de la existencia de uno mismo. Tal como a estas alturas ya te habrás percatado, sin la relación no se puede existir porque no habría consciencia de la existencia. Esta es la razón por la que - una y otra vez - te digo que sin amor el alma desfallece. Y también la causa por la que mi amor está garantizado por toda la eternidad.


Extender amor es la base sobre la cual se sostiene la vida. La vida es extensión. Esto es lo mismo que decir que el amor es el fundamento de la creación. Sin él, ni siquiera podrían girar los planetas. Los átomos no sabrían cómo organizarse para crear las diversas formas que existen en el plano físico. Todas las cuales son necesarias para la totalidad. Y los espíritus dejarían de existir al dejar de brillar en la luz de Cristo.


El amor es relación. De lo cual se desprende fácilmente que sin la relación tu consciencia del yo soy quedaría nublada, pues no tendría cómo saber que eres el que eres. Al quedar enceguecida a la verdad de tu ser, no tendría otra opción que considerarse a sí misma la nada. Y dado que es imposible que la consciencia pueda concebirte como nada, entonces lo que haces es verte como algo que no tiene nada que ver con la verdad. Como podemos observar nuevamente, ser o no ser vuelve a ser la cuestión de fondo. Pero ¿qué significa ser?


En el plano del mundo dual solo existen dos piedras angulares para el sistema de pensamiento que organiza la vida en él, y por ende que crea la experiencia consciente. O bien fuiste creado por un Dios que es amor, o bien fuiste creado por ti mismo. En verdad no hay una tercera opción. Creer que has sido creado por cualquier cosa que no sea amor infinito y fuente de toda vida, es creer que fuiste creado por ti mismo. Esto se debe a una sencilla razón. Dado que fuiste creado en el perfecto conocimiento de Dios, tu alma sabe desde siempre que sólo existe una fuente y esa es el amor perfecto. Sin embargo, cuando se alberga el deseo de ser diferente a como se ha sido creado, se tiene que construir un pseudo-dios que te dé nacimiento de tal manera que ese deseo sea satisfecho.


Si se entiende bien lo que aquí se dice, podrás comprender que el deseo nace de la voluntad de ser diferente a como Dios te creó para ser. Lo que eres en verdad no puede desear nada, porque en realidad lo único que “hace” es ser. El deseo, tal como está concebido en el corazón separado, no es algo que pertenezca al ámbito del ser.


Ahora es necesario explicar del modo más sencillo posible por qué he dicho que o bien reconoces que te ha creado un Dios de amor infinito, o bien crees haberte creado a ti mismo. Hacia allí iremos. Y una vez que lo comprendas, te será mucho más fácil aceptar que eres tan santo como te digo que eres, y de tan grande belleza como no se te puede decir. Cuando hagas eso, comenzarás a verte con mis mismos ojos y contemplarte con mi mismo amor. Ahí entonces, juntos podremos traspasar un nuevo umbral que te llevará a un mayor conocimiento del amor de Dios.


II. Compartir lo que eres


Si en tu pleno conocimiento sabías que sólo existe Dios y tú unidos por siempre en una relación de amor infinito ¿qué otra opción podía haber para poder crearte a ti mismo fuera de Él? ¿Quién otro podría haberte creado? La respuesta es obvia: tú.


Concebirse como un ser que no permanece unido al amor, cosa que sucede cuando eliminas de tu consciencia particular el conocimiento de que eres amor y nada más que amor, hace que vivas en el miedo. Pues si fueras la fuente de ti mismo, serías un ser aislado, sin vínculo verdadero con nada. Eso es vivir en un estado de encierro que no hace más que lastimarte.


Puedes luchar contra la relación todo lo que quieras, pero no puedes dejar de ser el que eres en verdad. Y como eres un ser en relación, cuando intentas anular el aspecto relativo de tu ser, entras en conflicto contigo mismo. Todo sistema de pensamiento conflictivo nace de esto.


En verdad, en verdad te digo que cada vez que me eliminas de tu consciencia, tu mente, y con ella tu alma y corazón, es innecesariamente arrastrada a un abismo de oscuridad. No porque sea castigada, sino porque al eliminarme a Mí, eliminas la luz, la verdad y la vida. Y donde no existe ninguna de ellas, solo existe temor, ilusión y muerte. ¿Por qué esto? Por la simple razón de que fuiste creado en la luz, por el Padre de las luces; para vivir en la única realidad creada, la cual no es otra que la luz de la vida. ¿Verdad que esto tiene sentido? Así de claro es el amor. No existe una tercera opción. O vives en el amor o vives una vida de ilusión. Esto quiere decir que mientras el amor se sigue extendiendo a través de la santidad de tu ser, tu permaneces dormido en los brazos de tu Madre, soñando con el olvido.


No existe posibilidad alguna de que no seas eterna extensión del amor de Dios. Todo en tu ser es pureza y beatitud. De tal manera que el hecho de haber creado una consciencia individual que permita negar la verdad, es decir dejar afuera al amor, no puede hacer nada en la realidad de lo que eres. Lo único que puede hacer es que cierres los ojos ante la maravilla que eres. Y te prives de contemplar los infinitos procesos creadores que surgen de la unión del pensamiento divino y tu verdadero pensamiento. Dios crea a través de ti, tanto como crea a través de todos.


Imagínate por un instante al planeta tierra tal y como es, pero en el que solo exista un ser humano. Todas las demás criaturas no existen. ¿Qué clase de vida sería esa? Una vida en la que no existiría la belleza de las flores, ni la magnificencia de las secuoyas gigantes, o de los cipreses. Ni la posibilidad de gozar de la dulzura del canto de un ruiseñor. O del diálogo amoroso con un semejante. Sería un mundo sin sonrisas. Sin las melodías de los grillos. Y sin la alegría de poder contemplar las miradas de aquellos hermanos y hermanas en las que se pueden ver el destello de vida, tan llenos de proyectos, tan llenos de luz. No se podría experimentar el gozo de compartir nada, ni siquiera la dicha de una puesta de sol. O el descubrimiento de una nueva cascada en la que el agua se vierte sobre un lago soberano.

Ese reino sería un suplicio para quien esté en él en soledad. Lo mismo ocurre con el alma que se encierra en sí misma y se aparta del amor. Es como ese único ser humano que vive solo en un universo maravilloso, pero en el que los anhelos de su corazón no podrían colmarse de ningún modo. Y lo que es más, jamás podría expresarse plenamente. ¿Puede un reino así ser algo concebible por un Dios de amor infinito? Si te unes a la verdad en tu corazón sabes a ciencia cierta que no. Nunca desearías vivir en semejante mundo. ¿Sabes por qué? Porque en una realidad como esa no te sería posible compartir tu ser. Y al no compartirlo dejarías de ser. Solo en el dar puedes ser consciente de lo que eres en verdad. De ello se desprende que es dando tu ser, como recibes tu ser. Por ello te digo con todo el amor de mi corazón: da amor y nada más que amor, para que puedas saber que eres amor y nada más que amor.


III. Venga a nosotros tu reino


Vivir el amor que eres en verdad no es otra cosa que amar con el corazón que yo te di. Cada cual tiene un modo de amar, porque ha sido creado con un modo único de ser. Como ya sabes, no puedes amar en lugar de otro. Nadie puede. Tampoco puedes obligar a otro a que te ame, ni se te puede obligar a ti. Ni es necesario que eso ocurra. Aquí, en el ámbito del amor es donde tu libre albedrío siempre es ejercido. Amor y libertad son una unidad. Eres libre para amar o no amar. Pero no eres libre para determinar qué cosa es el amor. Aunque sin dudas puedes intentar ponerle cualquier otro nombre o definirlo de miles de maneras, ninguna de las cuales será verdad, pues su realidad está más allá de toda definición.


Cuando piensas sin amor te lastimas a ti mismo. Eso lo sabes muy bien porque sientes una punzada en tu corazón que te lo indica. Pero cuando piensas con amor y extiendes amor te sientes pleno. Nada puede dar más alegría al corazón que amar y ser amado. Esto se debe a que el amor es su realidad, al ser la tuya. La mente y todos los demás aspectos del alma también se sienten en armonía cuando permanecen en la presencia del amor. Pues ellas son servidoras de lo que eres. Y así como lo es tu ser, ellas también son amor.


Cuando amas estás extendiendo tu ser. Por eso es que te causa alegría. Cuando te sabes bien amado, tu corazón reconoce que está recibiendo el amor de Dios, porque sabe que Él es la fuente de todo amor puro. Y con ello tu ser sigue extendiéndose. Tal como ocurre al respirar. Recibes, te ensanchas, das. Y continúas en este divino ciclo de dar y recibir amor como uno.


En realidad, lo que ocurre cuando decides alejarte del amor, o mejor dicho alejarlo de tu consciencia, es que te desconectas de la vida. Esto se debe a que la vida que brota de Dios - y es siempre eterna - fluye desde Él hacia ti, y de ti hacia el universo. Este flujo de vida sin fin no deja de ocurrir porque decidas cerrar los ojos a la verdad. Pero sí que hace que no puedas gozar de las maravillas del banquete de la vida. Privarte de la alegría que surge como efecto de ser consciente de tu función dentro del coro de la creación, es algo que puedes hacer. Pero no puedes dejar de ser parte de él y de desempeñar tu majestuosa función. Es tu ser el que permanece inmutable en el cielo, porque tu ser es amor y nada más que amor. Eso y solo eso es lo que es real en ti.


Lo que se te pide ahora es simplemente, que tomes todo lo que la verdad te ha revelado amorosamente a lo largo de tu caminar por el mundo, y lo hagas realidad en tu vida aquí y ahora. Se te pide esto para que no demores ni un sólo instante más tu entrada al cielo. En cierto sentido lo que te estoy pidiendo es algo que implica un cambio monumental. Una transposición tal, que si lo aceptas traerá todas las bendiciones que has estado pidiendo desde tiempos inmemoriales. No solo a tu vida, sino a la de todo el mundo.


Así como cuando caminé por la tierra compartí un conocimiento que me fue revelado y eso hizo que el mundo cambiara como nunca antes, ahora te pido que te unas a Mí para que juntos creemos un cambio de igual proporción. Este cambio surgirá de dejar de buscar ir al cielo y pasar a vivir de tal modo que traigas el cielo hacia la tierra. Ir al cielo y traer el cielo no es lo mismo.


Quizá te preguntes cómo es posible hacer algo así. Dar respuesta a esta pregunta es de lo que estos escritos tratan. La manera más simple de hacerlo es reconociendo que eres amor y nada más que amor, y vivir esa verdad. En otras palabras, aceptando que tienes el poder de hacer de todo un cielo. Y poniendo ese poder al servicio del amor. Esto no es algo que requiera esfuerzo de ninguna especie. Solo requiere que permanezcas en el amor, es decir en Mí. Al hacer eso, lo que haces es aceptar que mi reino es tu reino, y que juntos somos el cielo del mundo. Que unidos somos la realidad del amor.


En nuestra unión santa reside todo lo que es eterno. En nuestra relación divina es donde por siempre extendemos el amor, no solo al mundo sino a todo el universo. Nuestros corazones unidos son el cielo. Dar a conocer lo que brota de nuestra unión divina es lo que hará que el reino sea conocido en la tierra. Y con ello, las mentes y corazones de nuestras hermanas y hermanos conocerán que no existe distancia entre lo uno y lo otro. Sabrán que no existe tal cosa como Dios aquí y ellos allá. Serán testigo de la Unidad del amor. Dicho llanamente: extender el reino - llevándolo allí donde tú vas - es tu función ahora y siempre. Así es como das testimonio de la verdad.




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© 2021 Fundación Amor vivo -  Nuestro nombre "Fundación Amor vivo" busca representar nuestra aspiración de vivir siendo el amor que somos en verdad. Es decir, vivir aquí y ahora como el Cristo en nosotros. "Soy amor y nada más que amor" es la verdad que anhelamos hacer real aquí, ahora y siempre. Nuestra misión es extender la Luz de Cristo, viviendo, compartiendo y extendiendo los mensajes recibidos por Sebastián Blaksley al mundo entero, en unión y relación.

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