• Sebastián Blaksley

Preludio

Actualizado: abr 30


Hijitos de mi corazón,


Vengo a morar con vosotros de un modo particular. Revestida de la gloria del cielo. Y en unión con los ángeles de Dios y mi divino hijo Jesús. Por designio del Padre de las luces se os regala esta obra de sabiduría y verdad, como signo de Su amor por vosotros. Os amamos con el amor perfecto que procede de la fuente de la vida, único amor verdadero y origen de todo amor santo. En mi corazón inmaculado podréis encontrar aquello que vuestra alma busca, porque es uno con la Fuente de vuestro ser y de todo ser verdadero, puro y perfecto.


El amor os está llamando como nunca antes. Estas palabras son una muestra, entre muchas otras, de que esto es verdad. Os invito a abrir los ojos de vuestros corazones para contemplar las maravillas que Dios creó para cada uno de sus hijos. Más allá de toda forma existe la verdadera esencia de las cosas, la cual no puede ser anulada.


Vuestra realidad no tiene porque ser una realidad separada de la santidad. Lo que sois no tiene porqué quedar escondido tras el muro de las ilusiones, de una identidad que no tiene sustancia. Sois los hijos de Dios. Creados a su semejanza, en amor y santidad.

No os dejéis llevar por las voces que os quieren convencer de que sois otra cosa. En las alturas máximas del cielo de Dios, mora vuestra verdadera identidad. En la morada de Cristo es donde habita vuestra realidad. Buscadla allí. Nunca en las bajezas donde no puede ser hallada. Lo que es semejante se une a su semejanza. Y lo que es diferente a lo que es distinto.


Soy el viento que sopla en las almas para llevarlas a las alturas máximas de la santidad, allí donde mora la luz que nunca se apaga. Soy el refugio de los corazones que buscan la paz. Soy la reina de la concordia. Quien me llama me recibe. Quien me busca me encuentra. Quien me abre las puertas de su ser, recibe la gracia del abrazo de María. Una gracia sin igual. Un don nunca antes regalado a los hombres y mujeres que habitan la tierra. No porque antes mis hijas e hijos no recibieran mi amor santo, sino porque vosotros sois los elegidos de los tiempos del segundo advenimiento. Los elegidos para vivir en el mundo en estos momentos de la historia de la humanidad - y no en otros - por designio perfecto de la voluntad del Padre eterno y vuestro ser. A cada tiempo su gracia. A estos tiempos; la gracia de María Inmaculada.


Sí, hijos de mi dulcísimo corazón. Estos son los tiempos de María. Tiempos de dulzura y amor. Tiempos de belleza y santidad. Tiempos en que lo divino se une a la tierra en la hermosura de la verdad. Nunca antes lo eterno había estado tan abiertamente unido a lo temporal en la consciencia humana, como lo esta actualmente. Los corazones humanos se están abriendo cada vez más a su Creador, como si se tratara de hermosas flores que se disponen a recibir el calor de los rayos del sol y su luz vivificante.


Vengo a morar contigo, que recibes estas palabras y las compartes al hacerlas tuyas. Es Cristo quien te está hablando por mi intermedio, pues Somos una unidad. Es el amor que ha descendido desde el Cielo para unirse a ti de este modo, con estas palabras, con esta manifestación divina, llegada hasta ti por medios misteriosos. El amor es misterio para los hombres, como misterio le es la vida.


Has de saber - alma mía - que mi corazón Inmaculado arde constantemente en las llamas del amor vivo que es Dios. Una fuerza más grande que cualquier poder que puedas imaginar se mueve dentro de mi ser. Es el poder de Dios, en cuya realidad existimos unidos en la dicha de la verdad gozosa. Con ese mismísimo amor - y con ese único poder verdadero - me hago presente en tu vida aquí y ahora, por designio del Padre celestial y tu voluntad de unirte a la luz.


La súplica de tu corazón ha sido escuchada. Tus plegarias han sido acogidas por Cristo. Aquí está la respuesta del cielo a tu anhelo más profundo, el anhelo de unión. Anhelo de amor. Anhelo de ser el que eres en verdad. Anhelo de vivir en plenitud. Anhelo de dicha sin fin.


Has recorrido un camino arduo y sinuoso para llegar hasta aquí. Muchas veces te has fatigado, has experimentado los extremos de la experiencia humana. Tan llena de matices e intensidades. Has clamado al cielo para hallar tu ser. Y lo has hallado. Ahora que eres consciente de quién eres en verdad, el camino se presenta despejado y sereno. En la paz de nuestra unión continuaremos juntos, recorriendo el camino que aún nos queda por recorrer en el mundo, para luego entrar - tomados de la mano - al reino de los cielos, donde moraremos por toda la eternidad.


Estaré contigo todos los días de tu vida.


Que alegría hijo mío es poder reposar en la certeza de que; una vez que hubieres cumplido tu santo propósito en el mundo, seguiremos tomados de la mano por siempre. Y continuaremos eternamente extendiendo el amor hermoso, unidos en espíritu y verdad en la belleza de la santidad. Haz de saber que en nuestra mutua unión de amor divino, somos uno con Dios y con todo lo que forma parte de Él. Tu rostro está esculpido en mi corazón. Y tu nombre escrito en la palma de mi mano. Te contemplo desde el reino del no tiempo, desde donde todo se ve, todo se sabe, todo se abraza en el amor.


Te aseguro hijito de mi corazón, que no habrá jamás una obra como esta. Estas palabras están revestidas de la gracia divina que es siempre única, siempre nueva, siempre creadora. La humanidad está viviendo en los tiempos de la relación directa con Dios en el mundo. Tiempos nuevos. Tiempos de plenitud. Tiempos de la segunda venida de mi divino Hijo Jesús. Esta obra es única, porque nunca antes de este tiempo me había dirigido a la humanidad de modo tan explícito, directo y lleno de ternura y unidad, como lo hago por medio de estas palabras, a excepción del tiempo en que por la gracia de Dios, habité entre los hombres. En cada palabra de estos escritos existe el poder del amor divino. En cada tiempo que un alma se dedica a recibirlas, hace acto de presencia el poder de los milagros.


El valor de esta manifestación única no reside en la forma sino en su esencia. Dado que su fuente es Cristo, todo su poder y su gloria van con ella. Cada instante que pasas conmigo te unes más al amor. Y tu ser resplandece en toda su magnificencia. En nuestra relación divina reside el refugio de tu corazón, la certeza de quien eres en verdad, y la paz que no tiene contrario.


Esta obra es un regalo del cielo que se entrega a todos, como medio perfecto para permanecer conscientemente en la unión con Cristo. Y desde esa unión, llevaros a un mayor conocimiento del amor que no tiene principio ni fin; el amor perfecto que sois en verdad. Por medio de estas palabras os estoy invitando a vivir - desde ahora y para siempre – como el amor que sois en verdad. Para eso he venido, para que juntos demos testimonio de la verdad. La verdad que dice que eres amor y nada más que amor, porque Dios es amor y nada más que amor.


Os bendigo en la certeza de vuestra santidad.

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