Preludio

Actualizado: 14 de jul de 2021


Hijitos de mi corazón,


Vengo a morar con vosotros de un modo particular. Revestida de la gloria del cielo. Y en unión con los ángeles de Dios y mi divino hijo Jesús. Por designio del Padre de las luces se os regala esta obra de sabiduría y verdad, como signo de Su amor por vosotros. Os amamos con el amor perfecto que procede de la fuente de la vida, único amor verdadero y origen de todo amor santo. En mi corazón inmaculado podréis encontrar aquello que vuestra alma busca, porque es uno con la Fuente de vuestro ser y de todo ser verdadero, puro y perfecto.


El amor os está llamando como nunca antes. Estas palabras son una muestra, entre muchas otras, de que esto es verdad. Os invito a abrir los ojos de vuestros corazones para contemplar las maravillas que Dios creó para cada uno de sus hijos. Más allá de toda forma existe la verdadera esencia de las cosas, la cual no puede ser anulada.


Vuestra realidad no tiene porque ser una realidad separada de la santidad. Lo que sois no tiene porqué quedar escondido tras el muro de las ilusiones, de una identidad que no tiene sustancia. Sois los hijos de Dios. Creados a su semejanza, en amor y santidad. No os dejéis llevar por las voces que os quieren convencer de que sois otra cosa. En las alturas máximas del cielo de Dios, mora vuestra verdadera identidad. En la morada de Cristo es donde habita vuestra realidad. Buscadla allí. Nunca en las bajezas donde no puede ser hallada. Lo que es semejante se une a su