• Sebastián Blaksley

Capítulo 6 - Vida eterna

Hijos míos,


No os aventuréis en ideas que no tienen sentido. Habéis sido dotados de razón. La verdad mora en vuestras mentes como regalo bendito del Padre. Si. Existe una verdad que es siempre verdad. Vosotros la conocéis. Podéis distinguir acerca de ella en vuestros corazones. Vuestras mentes solo se siente seguras en la verdad, y vuestras almas son felices solo en el amor puro.


No os dejéis seducir por ideas que carecen de sentido, intentando haceros creer que es verdad lo que nunca podrá serlo. Vosotros sois hijos de Dios. No podéis ser otra cosa, puesto que Él es vuestro creador. Habéis sido creados - y aún hoy seguís siendo sostenidos en la vida - por el amor que procede del Padre. El amor es vuestra fuente. Vuestra última realidad. Todo lo demás es pura ilusión.


Abandonad toda intriga. Dejad a un lado los pensamientos complejos que solo hacen que os confundáis más. La verdad es simple. El amor es puro. La santidad es eterna.


Aquellos que dicen que todo es relativo y por ende las ideas acerca del bien y del mal son simplemente constructos mentales que nada tienen que ver con la realidad, se equivocan. El bien existe y procede del Amor. El mal existe y nunca fue creado por Dios. Esta es la simple verdad. Vosotros sabéis bien qué cosa es lo malvado, porque vuestros corazones no cantan de alegría en ello. Asimismo, conocéis muy bien qué cosa os hace dichosos. Todos tenéis la capacidad de reconocer el amor.


Haced de vuestros corazones unidos a la razón, vuestra guía perfecta desde ahora y para siempre. Lo que no tiene sentido a la luz de la verdad, desechadlo como hacéis muy diligentemente con otras cosas que no os gusta. La armonía, la paz, la alegría; en fin, el amor en todas sus formas, es el estado natural del ser. Por esa razón es que la llamad a la felicidad no se puede desterrar de vuestros corazones.

Os estoy invitando a permanecer en la pureza de la santidad. Es en ella donde vuestras mentes son libres y donde podéis sentir la frescura del viento del espíritu.


¿Qué es vivir en la pureza de la santidad? Es pensar pensamientos verdaderos y sentir sentimientos amorosos. Cristo es amor y verdad. Vivir en pureza es vivir en unidad conscientemente con el Cristo interior, y trascender esa unidad yendo hacia vuestra fuente de vida eterna.


Las creaciones de Dios son eternas como eterno es su amor por ellas. Os digo esto una vez más para que reflexionéis acerca de las cosas del llamado “planeta tierra” y su supuesta extinción. Os aseguro que el mundo no será destruido. Nuevamente os recuerdo: el mundo no sucumbirá. Todo existe dentro del abrazo del amor. No habrá tal cosa como una gran conflagración. No os puedo decir cómo es que el final de los tiempos será, pues no estáis listos aún para ello, ni es necesario. Pero os aseguro que nada está fuera del alcance de Dios. En verdad, en verdad os digo que tenéis un Padre y una Madre amorosos cuyo poder sobrepasa toda medida. La vida no se extinguirá. Nada que sea verdad puede dejar de existir.


Lo único que será corregido será la ilusión de separación. Todo lo demás seguirá siendo como lo es desde toda la eternidad. Esto os incluye a vosotros. En el reino de Dios no existe la muerte, por lo tanto esta no existe en absoluto. Solo la vida eterna es real. En otras palabras, Dios es la única realidad, porque solo Él es eterna verdad.


Cuando se os dice que proyectáis vuestros temores sobre el mundo y en ese sentido el mundo es una pizarra en blanco, no se está diciendo que vosotros creáis los cuerpos que veis con los ojos físicos, o las estrellas y el sol. Lo que se quiere decir es que vosotros proyectáis vuestros sentimientos, vuestras creencias e interpretaciones, sobre aquello que percibís con los sentidos corporales. Así es como dotáis de significado a las cosas. Si lo hacéis por vosotros mismos, sin unión con el Cristo interior, lo estaréis haciendo desde el miedo y la proyección será inevitable. Si lo hacéis desde la verdad que Cristo es y vive en vosotros, no existirá tal cosa como un mundo temeroso y digno de ser atacado para defender la integridad mental.


Solo la falta de paz interior es lo que puede constituir una amenaza a la integridad de la mente.

Observa hijito que he utilizado la palabra amenaza porque en verdad, en verdad te digo que nada puede atacar a tu mente verdadera, que es la mente divina en la que la mente piensa. Aún así, el temor a la pérdida de la integridad psíquica es un miedo básico. De ese temor sales cuando permaneces en la verdad de lo que eres y eso lo haces cuando permaneces en Mí. Esto se debe a que, permanecer en Mí es permanecer en la santidad del ser y en la pureza del amor. En otras palabras, es permanecer en la verdad de tu ser, dentro de la cual solo existe la seguridad y plenitud del amor.


En el pasado sentiste miedo ante la violencia porque de alguna manera percibiste que eras vulnerable e indefenso ante ella. Ese miedo buscó protegerte de la ira y en cierto sentido lo ha logrado. No es ese tipo de miedo el que nubla la verdad en tu consciencia. Ese temor es en realidad un mecanismo de supervivencia que tiene la virtud de preservar la vida en el plano físico. Es necesario. No tiene nada de malo. Es un movimiento del corazón que sabe qué cosa es la paz, y rechaza todo lo que sea contrario a la armonía, la belleza y el amor. Procede del impulso de vivir, el cual tiene su origen en la vida eterna.

La ira, especialmente en los niños, puede ser una experiencia muy traumática, y normalmente lo es.


Ningún niño debería ser expuesto a ella. Ellos no se sienten capaces de preservar su integridad mental

ante esa fuerza que se percibe como desintegrante. Ante la violencia, sienten que su interior se desarmoniza y desmorona, y sufren en gran medida. Esto no sucede solamente en los niños, aunque a lo largo del camino de la consciencia, muchos llegan al punto de liberarse del miedo a la violencia al reconocer que nada externo puede hacerles perder la cordura. Son los que han hallado la verdad y viven en paz consigo mismo. Son los que viven dentro del abrazo del amor.


Ahora, cuando sientas que has entrado en contacto con la ira simplemente te pido que reconozcas que es ajena a ti. Recuerda que entrar en contacto con algo no se unirse a ello. Lo que se te pide es que te quedes en silencio interior, sin juzgar nada. Y sostengas bien alto en tu consciencia la siguiente verdad:


El pasado pasó. Cuando eras niño y sufriste actos de violencia de todo tipo, respondiste con miedo para protegerte. Ese miedo era miedo a la pérdida de la integridad mental, es decir miedo a la locura. Ya no es necesario seguir con ese miedo pues eso no puede ocurrir si estás en paz contigo mismo. Ahora responderás de un modo diferente. Responderás con la santa indiferencia del mundo. Reconocerás que todo lo externo a ti es neutro y que no puedes perder la cordura por nada del mundo. Aceptarás que nada puede separarte del amor. Este reconocimiento te permitirá no responder a la ira con miedo, sino a tomar distancia de ella refugiándote en la verdad de tu ser santo. Sustituirás el miedo por la santa indiferencia del mundo.”


Hijo mío. Ya no puedes perder la paz interior porque has alcanzado la verdad. La vida eterna es tu herencia, el amor tu única realidad. Acepta ahora mismo esta verdad y suelta para siempre el miedo a la violencia. Yo permanezco en ti, todos los días de tu vida. Unidos somos la realidad del amor.

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