top of page

AQUÍ

9 sept
2 min de lectura

—Amada mía, alma llena de luz,

déjame recordarte

lo que ya sabes

y a menudo olvidas.


Recibe estas palabras con amor,

con una disposición serena

a la dulzura del Amor.


—¿Qué es aquello que olvido?


—Que hay un momento

en que dejamos de buscar.


No porque hayamos encontrado

todas las respuestas,

sino porque comenzamos a reconocer

que la pregunta más profunda

nunca estuvo lejos de nosotros.


Estaba aquí.


En la vida que ya vivimos.

En el cuerpo que ya tenemos.

En el día que ya ha comenzado.


—¿Y por qué seguimos intentando llegar?


—Porque a veces creemos

que existe una vida verdadera

esperándonos detrás de esta.


Una vida más plena,

más consciente,

más luminosa.


Pero el Amor no te pide

que llegues a otra vida.


Te invita

a estar enteramente

en esta.


—¿Incluso aquí,

con todo lo que la vida trae?


—Precisamente aquí.


Donde alguien te mira.

Donde una palabra puede herir

o devolver la paz.

Donde el cuerpo se cansa.

Donde una puerta se abre.

Donde algo termina

y algo comienza.


Donde no sabes.

Donde amas.

Donde pierdes.

Donde vuelves a empezar.


Aquí es donde el Amor quiere estar.


No por encima de tu humanidad.

No después de tu humanidad.


Dentro de ella.


—Entonces, ¿qué significa habitar?


—No controlar la vida

para que se parezca a lo que imaginas.


Significa dejar de vivir

en otro lugar.


Dejar de estar siempre

un poco más adelante,

un poco más atrás,

un poco más lejos de ti misma.


Y volver.


Volver al cuerpo.

Volver al instante.

Volver al encuentro.

Volver a lo que está sucediendo.


No para hacer de cada momento

algo extraordinario,

sino para descubrir

que nada necesita ser extraordinario

para ser habitado por el Amor.


—¿Y cómo sé que estoy habitando?


—Cuando aquello que un día reconociste

ya no necesita ser explicado.


Cuando la Presencia

ya no necesita ser buscada.


Cuando la verdad

ya no necesita ser defendida.


Cuando el Amor

deja de ser una idea

y comienza a vivir

en tu manera de estar.


En cómo escuchas.

En cómo miras.

En cómo tocas.

En cómo dejas ir.

En cómo permaneces.


En cómo vives

cuando nadie está mirando.


—Entonces habitar no es añadir algo a la vida.


—No.


Es quitar aquello

que te mantiene ausente de ella.


—¿Y qué queda cuando ya no estoy ausente?


—Esto.


Estar aquí.

Enteramente aquí.


No esperando que la vida comience.

No esperando convertirte

en alguien capaz de vivirla.


Aquí.

Ahora.

Tal como eres.


—¿Y el Amor?


—Permite que encuentre en ti

un lugar donde habitar.


Porque el Amor

no vino a sacarte de la vida.


Vino a habitarla.


Y la vida no es solamente

aquello que te ha sido dado.


Es también

el espacio sagrado

en el que el Amor

puede hacerse visible.


Por eso, amada mía:


HABITA LA VIDA.


No huyas de ella.

No la conviertas en un camino

hacia otra parte.


Entra.


Permanece.


Vive.


Y deja que el Amor

la habite plenamente en ti.



 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page