18. La constelación de almas
- Sebastián Blaksley

- 28 jul
- 7 min de lectura
I. Comunión
Los que se tienen que encontrar se encontrarán. Esta afirmación es tan cierta en relación a tus hermanas y hermanos como para con todos los demás seres del mundo. Existe una constelación de almas. Esto significa que los diversos aspectos de la creación se unen entre sí de diferentes maneras. No todos son lo mismo, aunque estén abrazados por el mismísimo amor, y existan en la mismísima verdad.
Aceptar que aquellas personas que forman parte de tu experiencia humana cumplen un propósito dentro del marco más amplio de la consciencia universal, te ayudará a dejar de verlas como enemigas o a temerles. Lo mismo acontece con los animales, cosas, y circunstancias de tu vida. Todo está ahí para dar testimonio de la consciencia y de ese modo recordar tu ser. Todo es manifestación de la Inteligencia superior, la cual ordena las cosas para el bien mayor.
Existe un orden universal. Uno que no puede ser comprendido ni abarcado por la mente dual, ni el intelecto. Aun así, existe y mueve los hilos de los acontecimientos, sin dejar afuera de sí mismo a nadie ni a nada. Todo está en sus manos.
A veces, cuando la expresión de la Inteligencia universal parece estar en armonía con las ideas que la mente pensante tiene, acerca de cómo supone que deben ser las cosas, o de cuál es el significado de la felicidad, según su manera de pensar, dice: la vida me ha bendecido. El amor me sostiene. Pero cuando lo que acontece en tu caminar por la tierra no se ajusta a ello, proclamas que tu Padre divino te ha abandonado. Que la vida es injusta contigo, o con los demás, lo cual es lo mismo. ¿A qué se debe ese sentir? Es fruto de una falta de entendimiento.
A la expresión "inteligencia universal" puedes sustituirla por "amor perfecto", "mente divina", o "el corazón de Dios". Todas ellas representan lo mismo. Por esa razón es que he dicho repetidas veces que todo está en las manos del amor. Tu vida le pertenece, y la de todos también. Aceptar esta verdad es abrirse a descubrir el regalo que la vida significa. Uno que procede de un amor que no tiene principio ni fin, y cuya realidad crea todas las cosas en santidad y bondad.
Es bastante probable que a estas alturas de tu andar por el mundo hayas experimentado lo siguiente. Te esfuerzas por hacer que todo salga bien, según tu manera de entender este concepto, y sin embargo parece que todo sale mal. O al menos al revés de lo que creías que debía suceder. Algo similar se da en su opuesto. No haces nada muy elaborado ni esforzado o virtuoso para que las cosas "salgan bien" y aun así todo parece fluir y salirte "muy bien".
Lo que se está trayendo al recuerdo en este diálogo es que muchas veces recorres tu vida como si tu mente intelectual fuera la fuente de tu saber y obrar. Cuando haces eso te desconectas de la sabiduría del amor. Ese conocimiento gozoso que habita en tu corazón y el de todo ser viviente y cuyo origen es Dios.
Alma llena de pureza. Hay dos maneras de recorrer la experiencia humana. Una es dejándote llevar por tus propias interpretaciones. La otra es siendo guiada por el espíritu divino que te habita y cuya realidad es amor sin límites y sabiduría perfecta. Es evidente que el camino no va a cambiar sustancialmente hablando, si lo recorres de un modo u otro. Tu divina madre no está esperando consensuar con la mente pensante y negociar con ella la salvación de su hija. Aun así, lo que sí cambiará será tu experiencia.
Tu voluntad profunda y veraz, unida a la de Dios, lo cual son una y lo mismo, saben muy bien qué hacer para que el alma pueda regresar a la vida eterna. Eso se debe a que habitan en tu ser. Son la unidad que eres. No pertenecen al ámbito del alma propiamente dicho. El libre albedrío es lo que eres, por lo tanto no forma parte de la mente dual.
II. Todo es bendición
Por mucho que intentes cambiar tu vida con elecciones aparentemente inteligentes, elaboradas por el saber intelectual, el cual está basado en el aprendizaje del pasado, no cambiarás nada en esencia. Aquí encuentras la explicación a muchas de las frustraciones de la vida.
Intentar modificar algo por ti misma es lo mismo que seguir creyendo que puedes variar la creación. No puedes. Nadie puede hacer algo así. Pero lo que sí que puedes transformar, y en efecto se te invita a que lo hagas, es tu relación con todas las cosas. Es decir, con la vida que tienes y vives en cada momento presente.
No puedes cambiar a los demás. No tienes la capacidad de hacer que otros piensen diferente a cómo quieran pensar, ni que sientan las cosas de otra manera que la que experimentan en su corazón. Nadie ni nada tiene esa habilidad. Tampoco la necesita. Lo único que puedes modificar es tu manera de ver las cosas. En otras palabras, de comprender. Eso sí que puede transmutarse.
Puedes variar de creencias, anhelos y sentimientos en relación a las cosas, a los demás y a ti mismo. En efecto, lo haces todo el tiempo. Esta es la causa por la que no experimentas la vida del mismo modo siendo un niño que un anciano. Las experiencias van moldeando tu manera de entender, y consecuentemente de vivir. ¿Por qué? Porque la vida es la gran maestra de las almas.
Cuando empiezas a aceptar que la vida está ahí para enseñarte lecciones que son necesarias para tu iluminación, empiezas a recordar lo que significa ver a través de los ojos de la verdad. Utilizo exprofeso la palabra "lecciones". Lo hago para que recuerdes la diferencia que existe entre los aprendizajes de la mente intelectual, basados en la supervivencia del ego, y lo que significa la verdadera instrucción del espíritu.
Mientras que el ego argumenta y elabora un saber que no sirve para manifestar el conocimiento divino, el espíritu lo expresa libremente y sin esfuerzo de ninguna especie. Es muy distinto entender algo intelectualmente que conocerlo. Ya hemos hablado de esto. Lo traemos a esta parte del diálogo solo para que no se te olvide.
Digámoslo claramente. No puedes cambiar el mundo. ¿Por qué habría de ser diferente de lo que es? ¿Acaso no es perfecto tal como es, en razón del propósito santo de hacer regresar a la creación a la consciencia de unidad? Puede que te guste o no, pero es lo que es porque así ha de ser, conforme a la eterna perfección del amor. Esto no es algo que se pueda entender con el intelecto, sino que se conoce en la consciencia. Y puedes hacerlo. En efecto, lo haces cada vez que estás conectada con el amor que eres en verdad.
¿Acaso la mente pensante o intelectual sabe más que la inteligencia universal, acerca de cómo hacer que todo retorne a la casa del Padre de las luces? ¿Eres capaz de ordenar tu vida para alcanzar el fin último de tu existencia, el cual es felicidad eterna, basándote en tus interpretaciones? ¿No es tiempo ya de aceptar el hecho de que has recorrido un largo camino, y que nunca resultó nada de lo que planeaste por ti mismo, tanto individual como colectivamente?
III. Vuelve a casa
Las almas no vienen al mundo para cambiarlo sino para recordar quienes son en verdad. En otras palabras, para reunirse con el ser que constituye su identidad; con el amor perfecto. Cuando desgastas tus energías tratando de modificar las cosas porque no te gustan o las has juzgado como inapropiadas, caes en un estado de enajenación. Te desconectas de la energía siempre vital y creativa de tu ser. ¿Cómo iba a ser de otro modo, si luchar contra la vida, es decir contra lo que es, es resistirse a Dios?
Hijas e hijos de todo el mundo. Escuchad con amorosa atención lo que os recuerda esta madre de sabiduría. No sucede lo que la mente separada o pensante piensa que va a suceder. Tampoco aquello que los demás dicen que sucederá. Acontece lo que el Cristo dispone en sabiduría y verdad, es decir lo que atañe al ser. Alegraos de que así sea.
¿Significa esto que vuestro natural impulso de hacer cosas, fabricar o crear, es algo superfluo e inútil? Desde luego que no. No hay nada fútil en el alma. Lo que se está diciendo es que las potencias que forman parte de lo que sois deben ser reintegradas a la consciencia del amor para que puedan dirigirse al propósito del despertar a la verdad y permanecer en ella. De ese modo, ahorráis tiempo y sufrimiento en vuestro camino. Ilumináis vuestra experiencia terrenal. Comenzáis a vivir el cielo en la tierra.
No estás llamada a modificar las cosas, sino a participar de la vida divina. Esto es algo que entraña unidad y pertenece al ámbito de la consciencia. Por tal razón es que todo lo que acontece en tu vida es una invitación a ser consciente de tu verdadero ser de pura luz. No tiene otro significado que ese, puesto que tú tampoco lo tienes. Tú única razón de existir es ser una con la Fuente creadora y gozar eternamente de su amor. Recuerda que solo existe una vida y esa es la que vives en Dios.
No hay ninguna posibilidad de que el propósito de la existencia no se cumpla. Esto incluye el hecho de tu regreso a la morada eterna. Alégrate de que así sea. Quizá no puedas entender la manera en que esto acontece o se expresa. Pero eso no quiere decir que tú sepas más que la Infinita inteligencia universal, es decir la consciencia de Cristo. Significa solamente que aún no puedes conocer, como alma, sus designios. Pero te aseguro que los conocerás a su debido tiempo.
Incluso eso tiene un propósito santo. Comenzar a recordar la incondicionalidad del amor por medio de la expresión de la confianza plena. La vida te dará muchas oportunidades para confiar totalmente en el amor. Créeme cuando te digo que ello es un tesoro de inestimable valor.
Hija mía. Cuando en tu experiencia terrenal sientas que las cosas están saliendo mal, o que no estás yendo por el buen camino, o que la luz se ha ido de ti, cosa que puedes sentir de tanto en tanto, recuérdate a ti misma la verdad, diciendo a viva voz o para tus adentros:
Mi vida le pertenece al amor. Mi padre que está en el cielo vela por mi todo el día, todos los días, incluso aunque yo duerma. No hay un solo cabello que caiga de mi cabeza sin su amoroso consentimiento. Lo que la mente separada me dice no es verdad. Mi vida le pertenece al amor. En sus brazos descanso en paz.
Gracias por recibir mis mensajes y hacerlos vida en vuestro caminar por el mundo.



Comentarios